Las facetas desconocidas de mi hermano

Aída García Márquez publicó con Ediciones B el libro ‘Gabito, el niño que soñó a Macondo’. Este es el capítulo más revelador de la vida de su hermano.

La casa en la que nació el escritor Gabriel García Márquez, en Aracataca (Magdalena), fue convertida en museo. / AFP

La vida de Gabito en la casa de los abuelos fue como un capítulo aparte de todo cuanto sucedió en aquella casa llena de recuerdos.
Las manifestaciones de su personalidad demostraron en hechos concretos el genio que se empezaba a perfilar. Sus juegos y representaciones de todo cuanto sus sentidos fueron captando se pudieron percibir como lo veremos a continuación.

Imaginación o realidad

Las emociones de Gabito se perfilaban en todo momento. Una vez intuyó la presencia del general Uribe Uribe donde el personaje sólo estaba en su “mente”: “El general en mi laberinto”.

“Por la ventana de la oficina del abuelo escuché la voz metálica y bien impostada del personaje, en el momento en que la abuela Mamí me enseñaba a cortar rosas en el jardín. —El hombre más importante del mundo—, me dijo ella sin asombro.

No pude resistir la tentación y corrí a la oficina para verlo como lo vi, arrellenado en el sillón del abuelo, tenía la piel curtida por el sol de sus guerras, con un bigote muy negro de puntas afiladas y unos ojos de gato montuno.

Vestía de lino blanco, intachable, unas botas idénticas a las que seguía usando mi abuelo desde la Guerra de los Mil Días, pero lo que más me impresionó desde el primer instante fue el resplandor metálico de su voz.

Al verme entrar, mi abuelo se preparó para anunciarme en la primera pausa oportuna, pero no fue necesaria. Sin mirarme siquiera, el visitante me puso la mano en el hombro hasta terminar su relato fantástico. Yo sufrí un estremecimiento de pavor, pero pronto me salvó el amparo de su voz, fue una deflagración instantánea que me marcó para siempre y me sirvió para vivir en carne propia los relatos y las guerras perdidas que me contaba mi abuelo y que me permitieron construir “al visitante como mi personaje inolvidable”.

Al final de la escuela tuve que enfrentarme a la verdad de aquella visita histórica de la cual escuché hablar al abuelo por el resto de mi infancia. No podía ser si no un invento de mi imaginación, pues sólo entonces me enteré, por casualidad, de que el general Uribe Uribe no estuvo más de una vez en la casa de mis abuelos al término de la Guerra de los Mil Días y que había sido asesinado a golpes de hacha en las puertas del Congreso de la Nación cuando faltaba más de 14 años para que yo naciera”.

Sus primeras manifestaciones

Todas la influencias que recibió Gabito desde niño se manifestaron en su mente precoz y formaron el Genio de Macondo.
Cuando del Montessori o Infantil pasó a la escuela primaria, fue el líder de su casa y de sus hermanos menores, pero por encima de todo era el director de orquesta que manipuló a sus mejores amigos o compañeros de clase, entre los que se encontraban Guillermo González, Luis Carmelo Correa, Franco Iriarte y, por supuesto, su hermano Luis Enrique.

Los lugares preferidos para manifestar sus aptitudes eran: el patio de la casa de los abuelos, la de Franco Iriarte y el solar de los Correa García, situado en la parte de atrás del jardín de las begonias, en donde Gabito era el jefe o líder de la actividad.

Gabito, director de cine

Estimulado por el abuelo asistía al cine a ver películas propias de su edad. Esas películas las imitaba: primero hacía el texto de la película o guion. Un cuaderno cuadriculado lo dividía en cuadros y en ellos iba dibujando los personajes; los enumeraba siguiendo una secuencia de la historia que quería representar, o sea la película.

Con lo anterior demostraba su ingenio hacia este medio de comunicación: el cine. 

Dibujante de tiras cómicas

Esta disposición fue tal vez inducida por Luisa Santiaga, quien desde pequeños nos leía las tiras cómicas del dominical y luego nos interrogaba para ver qué tanto entendíamos. Entre esas aparecía una titulada: “Sea usted el juez”, luego nos preguntaba quién tiene la razón en tal acción y Gabito siempre descubría la respuesta precisa. Luego hacía sus propias tiras cómicas con dibujos bien elaborados. 

Gabito, caricaturista

A nosotros nos dibujaba y resaltaba la expresión más característica: llanto, rabia, sorpresa y sonrisa.

Cabañuelas en barajas

Dibujante de barajas representando las cabañuelas.

Decía la abuela Tranquilina que los primeros 12 días del año representaban estas cabañuelas, que consistían en que cada día del mes de enero hasta llegar al día 12 se manifestaba el tiempo como iba a ser cada mes del año.

Esto consistía en que si el 1° de enero había mucha brisa, el primer mes iba a ser de brisas. Si el 5 de enero llovía, era porque mayo iba a ser lluvioso. Si el 4 de enero era un día oscuro, era porque el mes de abril iba a ser nublado.

Gabito, en las barajas de las cabañuelas, representaba con dibujos el tiempo que se manifestaba en el mes correspondiente. Por ejemplo, si el 3 de enero había brisa, entonces Gabito representaba el mes de marzo con niños volando cometa.

Gabito, fotógrafo

A sus compañeros les decía: Lucho, Guillo, quédate quieto que te voy a tomar una foto. Se colocaba en una mesa, con un paño negro se tapaba la cabeza y hacía el gesto del fotógrafo de prender y apagar, en seguida dibujaba al amigo y le entregaba su foto.

Esta actividad de fotógrafo le gustaba tanto, que el primer año que estudió en Barranquilla en el colegio San José ya la familia vivía en Sucre, Sucre, y en diciembre cuando regresó llevó todos los elementos para montar un sencillo laboratorio para desarrollar películas y en el baño del segundo piso de la casa organizó su cuarto oscuro y allí revelaba sus rollos de fotografías. Este hobby también lo tuvo Luis Enrique y luego cuando creció y vivía en Cartagena fue el primero que revelaba las fotos a color. 

Gabito, dibujante de comerciales

El Tokyo era el nombre de una tienda situada en una esquina en la Calle de Santana, entre Topacio y Alondra, donde vivió la Familia García Márquez en el año 1938. Gabito todavía era un niño que tenía 11 años.

El dueño del negocio el Tokyo era un señor de apellido Castellano y le pidió a Gabito que le dibujara un comercial para la venta de los helados y él sin pensarlo dibujó al dueño del negocio y al frente a un niño con la mano extendida diciéndole al papá: “Dame un centavo para comprar helado” y al papá lo representó con la mano dentro de su bolsillo.

Gabito, pintor

Una faceta poco conocida de mi hermano mayor: dibujante de un cuaderno con flores y figuras para niños de preescolar.

La hija de mi tío Eliécer, Valentina García, conservó toda su vida este cuaderno de dibujos realizados por Gabito. Al fallecer ella quedó en poder del doctor Patricio García, nieto de mi tío Eliécer y éste, hermano de mi abuela Argemira García. Estos dibujos fueron hechos con plumilla y tinta china.

En la misma forma, demostró su bella caligrafía en un cuaderno de poesías copiadas de diferentes poetas reconocidos.

Se dice que quien tiene buena caligrafía, tiene buena disposición para el dibujo.

Tanto le ha gustado el dibujo a Gabito, que cuando le piden un autógrafo, a algunas personas le coloca esta dedicatoria: Para María, y pinta una flor. Así le firmará a su esposa: A Mercedes una rosa, para que me la coloque en el florero de mi escritorio, y le dibujará una rosa con mucho amor.

Gabito, amante y director de teatro

En las fiestas religiosas y profanas en Aracataca llegaban al pueblo: teatreros, magos y circos.

El abuelo buscaba la ocasión más propicia para llevarnos a estos actos. Terminada la presentación, Gabito, su combo de amigos y sus tres hermanos menores instalaban su teatro en el patio de sus abuelos, en la casa de sus amigos o en el solar de los Correa García.

Hacía sus carteles para hacerle propaganda a la función. Fabricaba una bocina con cartón enrollado y desfilaba con todos los artistas al compás de la música de la vitrola, o simplemente con tapas de aluminio haciéndolas sonar como platillos. Presentaba todo su personal con atuendos alusivos a la representación: Luego aparecía el elenco de artistas y las iba presentando una por una y lo mismo hacía con los niños.

Las trapecistas hacían cualquier voltereta en los trapecios improvisados y en la parte de abajo, para que no se golpearan, colocaba almohadas y sacos de lana de balso que mi mamá siempre utilizaba para el uso de las almohadas de la casa. Las artistas eran: Alicia y Amira González, Nelly Correa, Margot y Aída García. Nos colocaban penachos de tiras de papel y corríamos por el lugar para que todo el público, que eran los compañeros de la escuela primaria, nos pudiera observar. 

Gabito, mago

Richardine era un famoso mago que ejercía su actividad en distintos pueblos en tiempos de fiesta.

Gabito, como era tan observador, aprendió algunos trucos de este mago: desaparecía pañoletas, las multiplicaba. El mago hacía aparecer palomas dentro de un sombrero, pero Gabito nunca pudo realizar este número.

Para realizar uno de los actos hizo lo siguiente: del patio del comisariato cogió unos cocos que estaban con las hojas que sobresalían de su extremo superior. Gabito, a los cocos, les ponía unas máscaras y una peluca, acostaba en una mesa la figura de una persona y simulaba el cuerpo con un vestido. Colocaba un frasco con anilina roja. Tomaba por el pelo la peluca y cortaba con un cuchillo de juguete la cabeza y al tiempo derramaba la anilina. Luego exhibía la cabeza derramando la anilina. Todos aplaudían el ingenio del mago derramando sangre.

Para obtener este coco se subían donde Abigail por el palo de Guayaba agria de esta familia que eran los Correa, agarraban a Nelly por la mano y en una ocasión no la podían bajar y empezó la muchachita a llorar allá arriba. 

Gabito mago desaparece a una niña

Imitando al mago Richardine, Amira, Alicia y Aída Rosa nos prestábamos para esta prueba de magia.

En las bancas largas del teatro Olimpia colocaban dos cajas de cartón completamente iguales, una contigua a la otra.

Presentaban primero a Alicia González, bien presentada, saludando al público. Luego entraba a las cajas y rápidamente se pasaba a la última, el mago del acto que era Gabito tomaba su serrucho y cortaba exactamente por donde se unían las cajas que se comunicaban con un hueco o una cortina por donde salía la supuesta desaparecida.

Todos aplaudían y gritaban llenos de emoción por el prodigio del mago Gabriel José, que presentaba las dos cajas completamente vacías.

Gabito, monaguillo

Aprovechando el conocimiento que tenía Gabito de su oficio de monaguillo, las funciones eran a veces de carácter religioso.
En esta ocasión era el juicioso niño que con su atuendo de ayudante de sacerdote bautizaba a Ligia, a Gustavo García y a Nora González que eran pequeños. En otras ocasiones era el sacramento del matrimonio. 

Gabito en cabalgatas

Con sus compañeros de escuela organizaba sus cabalgatas que salían cerca del cementerio y corrían, en la calle que hoy se llama Monseñor Espejo, hasta el comisariato en caballos que eran palos de escoba agarrados con cuerdas. Corrían como locos hasta llegar a la meta, donde Gabito premiaba al que llegara primero y luego descansaban de la fuerte jornada realizada.

Gabito cantante

Muy pequeño le mostraba a mi madre los discos que prefería, aun sin saber leer. Mostraba con el dedo y decía mona = Ra mona.

Antes de morir el abuelo fue a Sincé con Luis Enrique. Gabriel Eligio, mi padre, los llevó al matrimonio de la tía Narcisa, allí quiso hacer ver cómo cantaban de bien sus dos hijos los tangos de Carlos Gardel. Los subió en una mesa y allí con voz clara y sonora cantó Gabito Cuesta abajo. Cuando quisieron subir a Luis Enrique, éste salió corriendo y dijo: —Yo mejor me voy cuesta arriba—, no quiso cantar y corrió hasta la plaza del pueblo.

También organizaba fiestas con motivos de cumpleaños de los vecinos. En Barranquilla, en la calle de Santana, festejó el cumpleaños de una familia Durán y a todos los vecinos los hizo actuar. Hubo coplas, poesía y Gabito, el organizador, declamó y cantó canciones de la época.

También en Barranquilla, recién llegado, Gabito asistía a la emisora Camacho y Cano, y desempeñó su liderazgo como hermano mayor.
Como buen dibujante, colocó el nombre a una buseta a los lados del vehículo. Para hacer su oficio tuvieron que subirlo a una silla porque era aún muy pequeño.

Gabito canta el ‘Ave María’

Fue en el Colegio de Zipaquirá cuando llegó a hacer su segundo año de bachillerato. Allí cantó el ‘Ave María’, de Schubert.

Y cuando viajó por primera vez a Bogotá por el río Magdalena se varó el barco, distrajo al personal cantando boleros de la época muy bien interpretados y luego, cuando llegó a Bogotá, el director de becas lo reconoció en la fila donde iba a presentarse al examen para ganar la beca, lo sacó de la fila y le dijo que ya no necesitaba presentar el examen porque él ya le conocía la letra, la ortografía y lo correcto que era, ya que Gabito le había copiado unos boleros mientras viajaban en el barco. Le dio la beca para el Liceo Nacional de Zipaquirá, iba a cursar segundo año de bachillerato.

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