Falleció el poeta nadaísta Elmo Valencia

"El Monje Loco”, uno de los fundadores del movimiento nadaísta, falleció este mediodía con 91 años en el ancianato San Miguel, al sur de Cali, en donde pasó sus últimos meses de vida. A continuación tres poemas para recordarlo.

Elmo Valencia, uno de los fundadores del nadaísmo. /Archivo familiar

Amémonos

Amémonos al pie de la letra de una canción de Los Beatles.
Al pie de un verso surrealista, de un volcán echando chispas.
O de un reloj despertador porque el polvo del amor tiene un sueño profundo.
 
Amémonos bajo la lluvia para ver en el agua
los gestos que harán nuestros rostros cuando lleguen los besos
y el orgasmo.
Delante del lago de los sueños donde vive tranquilo un cocodrilo de plata
para hablar con él y decirle
que nunca dejaremos de amarnos.
O detrás de una estatua cagada por miles
de pájaros. Nos traerá buena suerte.
 
Amémonos como Digo Rivera amó a Frida Khalo
y Neruda a su canción desesperada.
Desesperados estamos todos porque no sabemos
hacia donde nos lleva este barco ebrio de Rimbaud.
Amémonos lejos del mundanal ruido
o cerca del aeropuerto para oír el rugir
de los motores de los aviones
cuando estemos unidos con los cuerpos ardiendo.
Enfin, amémonos hoy jueves
porque mañana lunes es imposible.
 
 
 
Los senos de la Mona Lisa
 
Se abrió la chaqueta Mona Lisa
para mostrarme sus senos desnudos.
Fue París, en el Louvre, febrero del 65.
Nieve en las calles y en los parques.
 
Venía yo de La Habana de conocer la revolución.
Al verme, frente a ella, solo,
se abrió la chaqueta para que supiera
que sus senos y la revolución cubana
tienen un mismo origen: el derecho a la vida.
 
Yo ya había acariciado los senos de la revolución,
erectos como dos fusiles.
Ahora sólo faltaba, para sentirme poeta
en toda la plenitud de la palabra
acariciar los pechos de la bella Mona Lisa
que con tanto deseo me ofrecía.
 
Así que, aquel febrero del 65,
en el Louvre, sin que nadie nos viera,
me acerqué a ellos, y los tuve en mi boca.
 
 
Poema para aumentar el poder de la libido
 
Hagamos el amor frente al espejo
donde la belleza se mira los senos.
El espejo no dirá nada. La Belleza, menos.
 
O hagámoslo frente a un cuadro de Goya,
me gustaría La Maja Desnuda,
por el brillo de su vello púbico.
Goya no dirá nada. La Maja, menos. 
 
Te imaginas nosotros haciendo el amor
frente a ese lienzo que en el mercado
tiene un valor de millones de dólares
según lo mercaderes del arte?
Se me paran los pelos de punta de solo pensarlo.
 
Si un gato nos mira, hagámoslo.
Me gustaría que fuera elgato
que Cleopatra guardaba entre sus muslos.
Los gatos, tan tiernos, sobre todo el gato de Cleopatra.
 
Hagámoslo frente al Ovni
en que los marcianos vinieron alatierra
para presenciar la resurrección de Cristo.
El Ovni no dirá nada. Los marcianos, menos.
 
Hagámoslo frente a cualquier cosa:
un televisor encendido, un fetiche,
una concha marina, un buque de guerra,
un canario, un escaparate, un fusil,
un coche deportivo, o una araña peluda.
 
Menos frente al volcán Vesubio.
Como en los tiempos de Pompeya,
un río de lava podría nuevamente
 
cubrir nuestros cuerpos desnudos.