Homenaje

Falleció la museógrafa Emma Araújo de Vallejo

Esta bogotana, quien ha impulsado la ciencia de la museología en el país, donó su archivo personal a la U. Nacional, con lo que los investigadores tuvieron acceso a una mirada más incisiva del campo artístico en el siglo XX. En los 60 renovó el Museo Nacional, y trabajó casi toda su vida promoviendo el arte. Presentamos una entrevista que le realizó Steven Navarrete años atrás.

Emma Araújo de Vallejo, en una de sus charlas universitarias.Cortesía

Usted es la nieta de Simón Araújo, el maestro que le dio una beca a Jorge Eliécer Gaitán para estudiar su bachillerato. ¿Qué recuerda de aquellos años?

Mi abuelo se vino a vivir a Bogotá desde el siglo XIX y cuando llegó vivió el exilio, entre otras tragedias. Luego fundó un colegio con su nombre, donde becó a niños que necesitaban ayuda. Así fue que un día Gaitán llegó a la casa de mi abuelo. Él era muy amigo de mi papá, Alfonso Araújo Gaviria, quien ocupó numerosos cargos importantes durante el siglo XX. Murió siendo embajador ante las Naciones Unidas.

¿Cómo empezó su relación con el arte?

Fue en 1959. Mi padre estaba muriendo en una clínica en Nueva York. No quería que mi mamá y mi papá me vieran llorar, así que salí y me metí al primer lugar que encontré, y resultó ser el bellísimo edificio de la colección Frick. Cuando estaba llorando llegó el doctor Luis de Zuleta, un español republicano que había sido profesor de la Universidad Nacional, quien me reconoció porque era muy amigo de mi papá. Me saludó y me dijo: “Emma, hermoso lugar el que usted ha escogido para llorar”, y le dije: “No tengo idea dónde estoy, sólo estaba buscando un lugar para llorar”.

¿Pero usted ya conocía de arte?

No. Me habían retratado, pero nunca había estudiado nada. El doctor Zuleta, al ver mi desconocimiento, me tomó del brazo y fue muy gentil, recorrió conmigo el lugar y me dijo: “Nos vemos mañana en el Metropolitan”, y así fue. Lo recorrimos durante varios días. Cuando nos despedimos, él me mandó a estudiar con Marta Traba, en la Universidad de los Andes. “Usted deja la enfermería y va a estudiar arte”, y eso hice.

Háblenos de su faceta de enfermera.

Estudié enfermería y ejercí en el Hospital de la Hortúa. Madrugaba para llegar y salía muy tarde. Aunque luego estudié arte, nunca he dejado de ser enfermera y de cuidar y aplicar mi conocimiento de enfermera en cualquiera que lo solicite.

Se dice que usted fue una de las mejores amigas de Marta Traba. ¿Cómo la conoció?

Ella era amiga de mi hermana, Helena, quien murió hace poco. Pero entablamos una relación entrañable al compartir oficina en la Universidad Nacional, durante la rectoría del doctor José Félix Patiño. Ella se encargaba de la extensión cultura y yo de las relaciones públicas. Me dio muy duro cuando la señalaron de promover el comunismo y ella tuvo que salir del país.

De la mano de Marta Traba usted pudo profundizar en el campo artístico…

Sí, años después viajé a París a estudiar con Pierre Francastel, precursor de la sociología del arte. Llegué a su salón de clases y le di un sobre sellado que me dio Marta. Se lo entregué, me presenté y le pregunté qué tenía que hacer para asistir a su seminario. Luego de leer la carta él me dijo: “Nada, Marta Traba fue la mejor estudiante que tuve en mis clases, y ella te recomienda para mi clase, para mí es suficiente”.

¿Qué guarda de esa experiencia?

No sólo los conocimientos que aprendí y que profundicé, sino también los apuntes de la clase de Francastel, los que estoy traduciendo del francés al español. Cuando termine voy a buscar publicarlos. Sin duda sus aportes fueron cruciales para lo que es hoy la crítica y la sociología del arte. Un gran hombre.

Usted es recordada por la renovación del Museo Nacional en la década de los setenta. ¿Cuál fue su estrategia?

Cuando llegué había casi una especie de baúl de los recuerdos, donde las personas donaban abanicos y camas. Todo estaba colgado y había muchas cosas, no se podía caminar tranquilamente. Traje a un museólogo, Ulrich Löber, que me ayudó con la reestructuración. Luego conformé tres juntas: una de plástica, una de arquitectura y otra de historia, integrada con lo mejor de lo mejor.

Acaba de donar su archivo a la Universidad Nacional. ¿Qué pueden encontrar los investigadores en esta entrega?

Todos los archivos referentes al tiempo que trabajé durante la dirección de José Félix Patiño hasta hoy. Siempre he estado muy pendiente de lo que sucede y he acompañado cursos y experiencias artísticas durante años. Sólo me desligué cuando viajé por Europa dando cursos de arte, pero a mi regreso retomé mi conexión con la Universidad Nacional. Hasta el día de hoy acompaño a la maestría en museología, pionera en el país en esta ciencia. Desde hace cinco años he recibido a las diversas cortes de estudiantes que se han sentado en mi sala para hablar de arte, museos y pedagogía. El archivo que acabo de donar reúne todas estas experiencias.

 

 

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Steven Navarrete Cardona..

Cultura

Falleció la museógrafa Emma Araújo de Vallejo

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