La 'femme fatale' de Chandler

En 1946, la actriz compartió escenario con Humphrey Bogart en esta producción basada en la novela homónima de Raymond Chandler y cuyo guión fue escrito por William Faulkner.

Lauren Bacall y Humphrey Bogart durante un coctel en marzo de 1951. La pareja actuó en conjunto por primera vez en 1944, en el filme ‘Tener y no tener’. / AFP

Fueron tiempos de guerra, y quizá uno de los pocos modos de aliviar el peso de la existencia (que en la guerra se convierte en un peso insoportable) era el cine. En 1939, Raymond Chandler, un empresario venido a menos por la depresión diez años atrás, había publicado una novela negra con un título sugestivo: The Big Sleep (traducida al español como El sueño eterno). Como sus primeros cuentos, la novela tuvo éxito en muchas capas de lectores, que apreciaron la infalible masculinidad de su personaje principal, el detective Philip Marlowe, y la audacia de una de sus protagonistas, Vivian Rutledge. El género negro se había convertido por esos años en uno de los más solicitados: después de Sherlock Holmes, un hombre perspicaz y huraño, los lectores encontraban ahora en Marlowe a un detective extraviado en el caos, más psicológico, quizá más cercano a la rudeza que uno esperaría de un hombre con un arma a título personal.

Marlowe era también un hombre que se rendía ante el atractivo femenino. Marlowe no era ya el Holmes recluido en su propia lógica: era un hombre desastrado que buscaba la pasión, incluso como un medio para sus fines. En ese prototipo cabía Lauren Bacall: una mujer de ojos dormilones pero fuertes, de cejas arqueadas pero festivas. Quizá por ello fue elegida para interpretar a Rutledge en The Big Sleep, el filme en que Bacall actuó de nuevo junto a Humphrey Bogart (éste en el papel de Marlowe). El guión fue escrito por William Faulkner (Premio Nobel de Literatura en 1949) en compañía de Leigh Brackett y Jules Furthman.

El filme, lanzado apenas un año después de que el Ejército Rojo derrotara a Hitler en Alemania, en un momento en que Estados Unidos de nuevo se proclamaba como una potencia mundial al aniquilar dos ciudades japonesas, parecía ir hacia el fracaso: ¿cómo era posible filmar una película que nada tuviera que ver con la guerra, sino con un simple detective que resuelve un caso? Los productores temían. Incluyeron algunas referencias sutiles a la guerra en el filme, para darle cierto “presente”.

Sin embargo, los productores no contaban con cierto azar: la pareja Bacall-Bogart (que se hizo aún más reconocida debido a su matrimonio en 1945) iba conquistando a las audiencias. La fama de Bacall, su belleza (Marlene Dietrich, otra de las divas del cine, solía decir que era una copia de ella con veinte años menos), le permitieron incluso trazar una nueva senda en el guión. Escenas en las que Bogart aparecía con la actriz Martha Vickers (en el papel de Carmen) fueron rehechas para que Bacall tuviera protagonismo; otras más fueron filmadas para que la “química” entre ambos actores fuera más evidente.

El filme fue criticado, en ocasiones, por la truculencia de su línea narrativa y por permitir, tal vez, que fueran los actores su esencia central y no la historia. El filme fue alabado, también, por las razones completamente contrarias: dijeron que el guión tenía un humor inteligente y que, sin interesar el final, este era un filme sobre un proceso, sobre una investigación. Dijeron que la actuación de Bacall había sido monumental y que Bogart, quizá, había llegado a la cima de su creación.

Pero el éxito y sus trabajos duran poco, y son excepcionales y breves sus regalos. Bogart murió por un cáncer en 1957; Bacall, viuda de Bogart, ya era una estrella infinita.

 

 

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