Entrevista con el director del Festival de Música Indígena La Tulpa Raymi

El origen del Festival de Música Indígena, un cuestionamiento a la tradición

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El próximo 12 de febrero se transmitirá vía Facebook la cuarta edición del Festival de Música Indígena La Tulpa Raymi. Olimpo Herrera Jacanamijoy, el director del evento, habla de las nuevas formas en la que los indígenas expresan sus realidades. “No todo lo que se hace por tradición es bueno”, dice.

Una vieja y antigua tradición es el motor de este festival: sentarse alrededor del fuego para aprender y enseñar. Eso también es la tulpa, un espacio de encuentro, de dialogo e intercambio de saberes. A principios de los 90, en Valle del Sibundoy, la familia Herrera Jacanamijoy encontró en ese espacio una excusa para fortalecer los saberes de las comunidades indígenas del sur de Colombia.

Tres décadas después, un descendiente de esa misma estirpe, Olimpo Herrera Jacanamijoy, licenciado en música de la Universidad de Nariño, encontró en la tulpa motivos para desaprender. “Somos indígenas de este tiempo conscientes de los retos que ha traído la globalización. Aún hay quienes piensan en los indígenas como seres nativos semidesnudos, que andan con taparrabos y que viven en chozas”.

Y lo es porque cada vez es más frecuente encontrar indígenas metaleros, raperos o rockeros, hechos que no borran, de ningún modo, la indeleble estela de su ancestralidad. “El indígena de este tiempo encuentra en el bombardeo de la globalización herramientas para expresar su mensaje y decir su realidad. Entre esas herramientas está la música”, dice Herrera Jacanamijoy, director del Festival De Música Indígena La Tulpa Raymi que este año celebra su cuarta edición.

La convocatoria se cierra este viernes, 15 de enero, y el próximo 17 se conocerán los nombres de las 14 agrupaciones que se presentarán en el el Festival, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y grabará profesionalmente dos canciones de los grupos seleccionados. El evento será virtual.

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¿Cuál es la esencia de este festival?

Visibilizar y servir de plataforma para la música indígena. Existen otros festivales que promocionan la música andina o latinoamericana, que no es lo mismo. Esa música obviamente tiene una raíz indígena, pero en este caso el Festival lo que hace es rescatar el hecho sonoro indígena y, además, que la música indígena empiece a entrar en esa industria musical colombiana.

¿Cómo se rescata esa “sonoridad”?

De dos maneras. Por un lado, dentro del formato instrumental pedimos que exista al menos un instrumento musical indígena tradicional, por otro lado, dentro de la lírica de la agrupación que se presenta, pedimos que el canto se haga en un porcentaje importante en lengua indígena.

¿Cuál es la importancia de ese requisito?

Sirve, entre otras cosas, como vehículo para transmitir toda la cosmovisión del pensamiento indígena de estos y otros tiempos, y eso se ve ampliamente reflejado en la lengua, en su sonoridad, en su musicalidad. Cabe resaltar que somos el único Festival que se dedica a la promoción de los artistas musicales indígenas.

¿Cuáles son las lenguas indígenas más frecuentes en el Festival?

El quechua, por ejemplo, del cual se deriva la lengua Inga, tiene bastante relevancia. Nosotros nacimos como una plataforma de promoción de la música regional, entonces nos encontramos en el Alto Putumayo en donde son muy importantes las comunidades Inga y Camsá.

Ahora también, comunidades como los Pastos y Quillacingas, han adaptado muchísimo del quechuismo en sus dialectos.

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¿Qué tipo de música hacen las agrupaciones indígenas?

El año pasado se planteó el Festival desde la música alternativa indígena, es decir, se configuró como un espacio para esos indígenas que recrean la música propia de las comunidades nativas, pero fusionada con otros instrumentos que no hacen parte del repertorio de la comunidad indígena, por ejemplo, encontramos paisanos haciendo música indígena con guitarras eléctricas, baterías, pedales, también encontramos raperos con lengua indígena.

Para este 2021 lo pensamos más íntimo. Más acústico. Para rescatar el trabajo de cantautor. Un formato pequeño con dos o tres instrumentos, esto también para adaptarnos a lo que nos está obligando la pandemia. En ese camino nos hemos encontrado con lo que por acá llaman “Música Medicina”, que es la música que se recrea dentro de los rituales indígenas. Dentro de las tomas de Yagé o Ayahuasca, siempre hay un personaje que se encarga de hacer la música, ese el cantautor, que va improvisando su letra y está acompañado generalmente de una percusión y una guitarra.

Le pregunto por esas fusiones indígenas con rock o rap. ¿También ha sido problemático para los miembros más viejos de las comunidades indígenas?

También ha habido quejas en ese sentido, aunque cada vez son menos. Se lo explico con un ejemplo: en los carnavales indígenas la flauta traversa es interpretada por los hombres, es una cultura machista en la interpretación de los instrumentos, pero resulta que hoy en día hay mujeres que han tomado la decisión de tocar la flauta traversa, y esto ha sido muy celebrado por las mujeres jóvenes, pero los más viejos no están tan de acuerdo y las señalan.

Eso nos muestra que no todo lo que se hace por tradición es bueno. Las realidades del mundo de hoy nos hacen pensar que es absurdo que una mujer no pueda interpretar una flauta y eso también nos hace conscientes de las debilidades o fallas que como comunidad podamos tener. Ese es un ejercicio que hace el festival, poner elementos sobre la mesa que nos pensemos como comunidad.

Hablemos sobre la convocatoria...

Empezó desde el primero de enero hasta el 15 de enero se recibirán las propuestas musicales.

¿Se han presentado grupos de que zonas del país?

Pasto, Bogotá, Medellín. Ecuador y Perú.

¿Cuál es la finalidad del festival?

Es un espacio de promoción. Un espacio para que los artistas muestren su propuesta musical.

Tenemos invitados especiales: intercambios con Festivales similares, como el Dule de Panamá, que es más alternativo, y pensando en personajes con peso en Colombia para que también puedan ser conocidos en otras regiones del país. Que lo indígena empiece a entrar en esa industria musical colombiana.

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