Ficción y realidad de un pueblo

Hoy comienza la Feria del Libro de Bucaramanga y el escritor Daniel Ferreira presentará su libro “Rebelión de los oficios inútiles”.

Daniel Ferreira fue el primer escritor colombiano en ganar el premio Clarín de Novela. Lo obtuvo en 2014 con su libro “Rebelión de los oficios inútiles”. / Archivo
Daniel Ferreira fue el primer escritor colombiano en ganar el premio Clarín de Novela. Lo obtuvo en 2014 con su libro “Rebelión de los oficios inútiles”. / Archivo

Al principio era necesario traer el crucifijo del pueblo más cercano, porque el oratorio del antiguo y solitario caserío era tan sencillo que no tenía altar. Sin un Cristo no se podía oficiar la misa en forma apropiada. Tiempo después se construyó la parroquia, luego la casa cural, se delimitó la plaza central, el cementerio, la cárcel, la primera vivienda de teja, el mercado, la calle real, la escuela, el hospital; se fundó un pueblo. Todo comenzó alrededor de 1700, lo cuenta el historiador José Joaquín García en Crónicas de Bucaramanga (1896). Más o menos 270 años después, al final del Frente Nacional, Ana Dolores Larrota, personaje principal de Rebelión de los oficios inútiles (Alfaguara, 2014), de Daniel Ferreira, pretendía hacer lo mismo. Ella, junto a dos mil personas más, se tomaban un terreno baldío que pertenecía a Simón Alemán, un millonario arruinado, con el fin de tener dónde vivir.

Aproximadamente a noventa kilómetros de Bucaramanga está ubicado San Vicente de Chucurí, Santander, el lugar de nacimiento de Daniel Ferreira (1981), escritor, bloguero en El Espectador (La contra), y autor de La balada de los pistoleros baladíes (2010), Viaje al interior de una gota de sangre (2011) y Rebelión de los oficios inútiles, por la que recibió el Premio Clarín de Novela 2014. En la historia de Ferreira el orden de las cosas ya estaba inventado y el problema no era decidir en dónde ubicar el mercado o la escuela, sino cómo defenderse de las desapariciones, los políticos, las balas, los incendios, de los que querían impedir la toma del terreno. Ya existían los héroes, las víctimas, los buenos y los malos.

Por supuesto, también se habían inventado los periódicos, pero Joaquín Borja, un periodista y narrador en partes de la novela, decide fundar un nuevo semanario, independiente, casi suicida. Borja crea La Gallina Política-Prensa Libre, y a pesar de todo lo que le sucede por defender la verdad, no puede dejar de pensar en cómo va a organizar su siguiente primera página. Él y Geovanni Orozco, fotógrafo y amigo, documentan los abusos del poder y toman partido. También discuten sobre literatura en jornadas imperdibles atravesadas por la realidad.

“La palabra es peligrosa porque analiza, ordena y demuestra, y en eso consiste el poder”, escribe Ferreira en alguna parte del libro. Y la palabra, sabia y convincente, es la herramienta de Ana Dolores Larrota, quien sabe que esos oficios aparentemente invisibles son los que sostienen a los pueblos. Por su parte, Joaquín Borja se compromete cada vez más con su trabajo: “Soy periodista, mi oficio es escribir todo lo que vea y como lo vea, todo lo que investigue como lo indiquen las fuentes, y usted no va a cambiar el pasado simplemente porque no le gusta o no le conviene”. A quienes no les conviene es a los poderosos, la Sociedad de Hierro para la defensa de la Propiedad, Familia y Tradición, que están detrás de Simón Alemán, el hijo del latifundista que cincuenta años antes había expropiado a sus verdaderos dueños. A él, la vida y la muerte parece que le dan lo mismo, y va por ahí con su utopía hecha pedazos, el condominio perfecto en el terreno ahora ocupado.

Desde junio de 2015, un Cristo vigilante de 37 metros de altura y 40 toneladas de peso, ubicado en el municipio cercano de Floridablanca, Santander, armado por partes, cabeza, brazos, traídas en helicóptero, que costó casi $3.000 millones ($45 mil millones si se incluye todo el parque a su alrededor), vigila a Bucaramanga. El antes llamado Pueblo de Indios y Real de Minas es visto hoy por un Cristo muy diferente al que cargaban los curas desde el pueblo más cercano hasta el humilde oratorio del siglo XVIII. ¿Qué pensaría don José Joaquín García si hubiera terminado sus crónicas ahora y no en 1895? Gran parte de los impuestos de sus descendientes se convirtieron no en educación, salud o vivienda, sino en un vigilante más grande que el de Río de Janeiro.

La historia de la construcción de este monumento parecería ficción, y la de Ana Larrota y su lucha por las tierras, una realidad. En Colombia han existido muchos personajes como Larrota o Joaquín Borja; ella como la voz unificadora del Sindicato de Oficios Varios y él como alguien comprometido con el poder de la denuncia. Por fortuna hay mucha gente que trabaja para que otros puedan regresar al lugar del que fueron desplazados. Según las estadísticas de la Unidad de Restitución de Tierras, existen 93.686 solicitudes presentadas hasta el 12 de agosto de este año, algunas en trámites administrativos, otras en etapa judicial. Detrás de éstas, miles de familias que esperan poder volver a sus casas. Muchas veces la ficción con todas sus letras sirve para mostrar mejor la realidad.

Hoy Daniel Ferreira presentará “Rebelión de los oficios inútiles”, durante la Feria del libro de Bucaramanga, ULibro 2016.

 

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