Letras mexicanas

FIL Guadalajara: José Miguel Tomasena y la literatura como una búsqueda a tientas

Presentamos una entrevista con el escritor mexicano, autor de la novela “La caída de cobra”, el compendio de cuentos “¿Quién se acuerda del polvo de la casa de Hemingway?”, entre otros escritos.

La caída de Cobra es la primera novela del autor mexicano.Cortesía

José Miguel Tomasena lleva ropa oscura y tenis. Es alto. Dibuja al lado de las palabras que pone sobre sus libros, los dibujos hacen parte de las dedicatorias. Habla mirando un punto fijo en medio de la muchedumbre ruidosa que pasa de un lado a otro en el stand de la editorial independiente de Guadalajara Paraíso Perdido. Trabajó en el diario Público de esa misma ciudad y ha colaborado con varias revistas. Es profesor de escritura creativa en Barcelona y no le interesa que sus alumnos aprendan a escribir ni que desarrollen ahí su obra maestra, sino que salgan leyendo mejor para que así puedan descubrir su propio camino.

Usted está haciendo una investigación sobre booktubers, ¿a qué reflexiones le ha llevado esto?

Me parece interesante que usen las tecnologías nuevas, que los medios que están a su alcance les permiten comentar libros. Históricamente siempre ha sido así, los monjes transcribían manualmente los libros con lo que tenían a su alcance y eran principalmente lectores que solo copiaban lo que creían que valía la pena; luego la imprenta fue el medio emergente que tuvieron para dar continuidad a la labor de los monjes. Esto puede verse como un largo proceso histórico del que hemos participado, escaparse es difícil.

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También he estudiado cómo estas prácticas se relacionan con instituciones del campo literario (editoriales, por ejemplo) y las dinámicas de poder que implican, y con YouTube mismo y sus lógicas.

¿Cuáles son los recuerdos más viejos que tiene con relación a los libros?

En mi casa siempre hubo libros, mis papás leían mucho. Lo primero que recuerdo son cómics. Luego las lecturas juveniles de aquella época, como Julio Verne. Parafraseando a Borges, leer para mí es como una de las formas de la felicidad. En la medida en que crecí este impulso de lector se convirtió en el deseo de hacer lo mismo, de tratar de producir el mismo placer, las mismas emociones en otros lectores.

¿Cuándo se decidió a escribir de lleno?

Yo siempre llevaba diarios y en la preparatoria escribí los típicos versos malísimos, pero sin ninguna consciencia. Tengo un cuento que se llama Manuscrito, basado un poco en una experiencia que tuve en un taller literario. Resulta que en ese taller me aplaudieron: fue la primera constatación de otros de que esto que yo había hecho estaba bien, y eso me animó. Después fui encontrando distintos estímulos y empecé a escribir y corregir, escribir y corregir.

También ha escrito periodismo, ¿qué le ha dado este oficio?

El periodismo me ayudó a tener disciplina. Yo tenía equivocada de que entrar a trabajar a un periódico me ayudaría a escribir una novela, y la verdad no fue así. La dinámica de las redacciones es fascinante; yo tuve que seguir mi vocación literaria en mis tiempos extras y eso no ha cambiado nunca, hasta la fecha sigo trabajado en otras cosas para comer, siempre estoy dobleteando cosas.

Otra cosa que me dio el periodismo es el ejercicio de la concisión: ser lo más concreto y lo más potente posible porque no hay mucho espacio. Eso en mi trabajo como redactor y después como editor me ayudó mucho.

¿Cree que haya algo que persiga con la escritura?

Cada proyecto narrativo que yo tengo tiene una búsqueda específica. Pero es una búsqueda un poco extraña porque no sé exactamente qué es lo que estoy buscando. Es una búsqueda a tientas. Y puedo decir eso: la literatura como una búsqueda, como aquello que no sabes bien qué es, pero que es un camino de conocimiento, de descubrir algo.

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¿Qué referentes tiene en la literatura?

Me interesa la literatura que tiene raíces bíblicas, me interesa el Antiguo Testamento. Me interesa toda la tradición de los rusos, tienen una impronta muy potente. Los estadounidenses, Faulkner…, son escritores que su modo de tratar el lenguaje y de expresar tiene un aire bíblico, es casi inconsciente: todos crecieron leyendo la Biblia, un poco como yo. Me interesa la narrativa breve, estas historias donde aparentemente no pasa nada y debajo hay todo un subtexto.

...El iceberg de Hemingway, ¿no?

Exacto. Y hay un ensayo de Piglia que me interesa mucho y es la tesis sobre el cuento: esto de que siempre se cuentan dos historias. En la novela es mucho más difícil sostener este tono.

¿Cuánto lleva escribiendo?

Quince años.

¿Qué transformaciones ha notado?

Creo que todavía no tengo perspectivas para notarlo. Solo he escrito cuatro libros, casi cinco con uno que estoy terminando. Creo que estoy en la fase en la que debo comenzar esta reflexión. 

 

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