Folclor por bulería

La más reciente producción discográfica del español Diego el Cigala se basa en composiciones tradicionales argentinas.

Diego el Cigala grabó su nuevo disco, ‘Romance de la luna tucumana’, en su propio estudio.  / Cortesía Universal Music
Diego el Cigala grabó su nuevo disco, ‘Romance de la luna tucumana’, en su propio estudio. / Cortesía Universal Music

En el estudio de grabación, Diego el Cigala hizo lo que quiso. La gran ventaja de tener los equipos en la casa es que realizó un registro minucioso, como está acostumbrado a hacer, pero también relajado porque a través del vidrio grueso de la cabina alcanzaba a ser juez de las carreras entre sus nietas, podía servir de confidente a sus hijos y tenía la libertad de abandonar la jornada para distensionarse en el piso de abajo jugando PlayStation y ejercitándose en los juegos de la Fifa, para los que se define, con modestia incluida, como un fenómeno, un monstruo.

Además de la posibilidad de seguir su instinto, lo que más le atrae de su estudio es que está recubierto de una madera especial, característica que le otorga al sonido un condimento que no ha encontrado ni en los estudios más grandes y más modernos del mundo. La intimidad, la madera, la familia, y hasta el PlayStation, han hecho que Diego el Cigala se sienta orgulloso de Romance de la luna tucumana, su más reciente producción discográfica, que presentó a los oídos del mundo en el transcurso de esta semana.

“Empleamos cuatro semanas en la elaboración del disco y lo que más me gusta es que he podido emplearle tiempo a la grabación. Me inspiré en el sonido de Django Reinhardt, George Benson, algo así como seguir la influencia de Nueva Orleans en los años 50, un sonido un poco anterior al rock y al jazz. Logramos ese estilo americano entre el flamenco y el tango en parte gracias a la guitarra de Diego García, uno de los músicos de la banda de Andrés Calamaro”, comenta Diego el Cigala, cuyo verdadero nombre es Diego Ramón Jiménez Salazar y quien figura en este registro como el productor general, salvo en los temas Siempre París y Por una cabeza, ambos escogidos, determinados y producidos por Diego García.

La historia del Romance de la luna tucumana comenzó hace un par de años, cuando le regalaron a Diego el Cigala una antología de Roberto Goyeneche y otra de Carlos Gardel. Luego se presentó en Buenos Aires varias veces con su espectáculo Lágrimas negras, al lado del recientemente desaparecido pianista cubano Bebo Valdés, y a partir de ahí se gestó una bonita relación con Argentina. Otro factor que colaboró en la consolidación del vínculo entre el artista y ese país fue Chavela Vargas, quien le daba consejos para la interpretación de tangos. Según ella, todas las músicas de América Latina lograban acoplarse bien con las rítmicas del flamenco. Para Diego el Cigala, la “Dama del Poncho Rojo” tenía razón y por eso ha pisado el terreno del bolero ranchero, ha indagado las posibilidades sonoras de Cuba y, por supuesto, ha entablado un diálogo íntimo con el tango.

“Con mi álbum anterior, Cigala & Tango, pude conocer a los grandes compositores de la música argentina, como Atahualpa Yupanqui y tantos otros. Cuando lo hice, se me quedaron en el tintero Naranjo y flor, Los mareados, pero también quise hacerle a la chacarera un homenaje a través de Mercedes Sosa con Déjame que me vaya, Canción de las simples cosas y Canción para un niño en la calle. Sin embargo, no podía pasar por alto Por una cabeza, de Gardel y Le Pera”, dice Diego el Cigala, quien confiesa que con esta producción quiso ir un poquito más allá. No se atrevería a definirlo como un registro dedicado al tango, pero sí es una aproximación al folclor argentino.

Gracias al hijo de Mercedes Sosa, Fabián Matus, el artista español tuvo acceso a esa voz tan relevante para América Latina. Él le envió su propuesta de grabación, con su estilo flamenco, y la familia de Sosa se emocionó mucho al conocer el proyecto. Para Diego el Cigala el hecho de mezclar las dos voces era un sueño y por eso asegura que Canción para un niño en la calle, un tema hecho con guitarras y voces, se puede considerar la cereza del pastel. Puede sonar extraño, pero escuchó casi por primera vez a Mercedes Sosa en una participación que hizo con Calle 13, y fue su hijo de ocho años quien se la mostró. Después la buscó en Youtube y terminó completamente enamorado del tema.

“Yo me inspiro en ella para las interpretaciones que aparecen en el disco. Mi función es llevar la ejecución más cerca al flamenco, pero yo quería mantener el recitado particular e inconfundible de Mercedes Sosa. Mi intención era que sonara como si estuviéramos juntos en el estudio y mantener ese calor del vivo”, afirma Diego el Cigala.

Otra invitada especial en Romance de la luna tucumana es la cantante Adriana Varela, con quien interpreta Por una cabeza, una creación exitosa de la dupla conformada por Carlos Gardel y Alfredo Le Pera. “En el Teatro Gran Rex, de Buenos Aires, diez minutos antes de salir a cantar, le propuse en el camerino a Adriana Varela que grabáramos ese tema inédito en las carreras discográficas de ambos. Ella me decía que no la grababa porque había una parte que no le iba bien, y esa era mi razón para no realizarla tampoco, así que complementamos nuestras voces y la sacamos adelante”, comenta el artista español.

Los espíritus del pianista Bebo Valdés y de la cantante Mercedes Sosa, y el empuje de la sangre viva del tango representada en Adriana Varela, se convirtieron en los mejores argumentos para que Diego el Cigala enfilara sus interpretaciones hacia los terrenos del folklore argentino sin perder el duende, la inspiración, tradicional del flamenco. Ahora, escuchando con calma su trabajo, piensa que se le quedó por fuera Gracias a la vida, de la chilena Violeta Parra. Seguramente la incluirá en un próximo álbum, que también realizará sin presiones, con la asesoría de la familia y el PlayStation esperándolo abajo del estudio de grabación.

Temas relacionados