Foto Sady

El documental sobre uno de los padres del fotoperiodismo en Colombia se presenta en Cine Tonalá.

González registró cuatro décadas de vida nacional, es el autor de algunas las fotos más emblemáticas del Bogotazo y el fundador de la primera empresa independiente de reportería gráfica en el país.

Se aproximaban los cien años del nacimiento de Sady González y uno de sus hijos, Guillermo González, se acercó en 2011 a la Biblioteca Luis Ángel Arango para proponer una exposición fotográfica en honor a su padre, uno de los pioneros del fotoperiodismo en Colombia, autor de algunas de las imágenes del Bogotazo que conformaron los recuerdos no vividos de ese día para las generaciones futuras, y autor, también, de las últimas fotografías de Gaitán, con vida y sin ella. Todos los hijos de Sady González y Esperanza Uribe, siete en total, le vendieron a la biblioteca el archivo de 12.000 negativos que Guillermo había cuidado y organizado por años. Por la época de la exposición Guillermo González se reencontró con la documentalista Margarita Carrillo, una vieja amiga de la universidad que, entre otras cosas, había trabajado con obra gráfica, con pintura, con escultura. Juntos se encargaron de la curaduría de la exposición Foto Sady: recuerdos de la realidad, que estuvo abierta al público en la Luis Ángel Arango desde abril hasta enero de este año. Luego vino la idea del documental.

Juntos, González y Carrillo le presentaron el proyecto al Fondo de Desarrollo Cinematográfico y armaron un equipo con Nicolás Ordóñez, director de fotografía, e Ivette Liang, una productora cubana. Ganaron un premio, consiguieron el resto de la financiación e hicieron el documental. Sady González: una luz en la memoria se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, en cuatro funciones, y tuvo una buena respuesta del público. “Allí lo vimos en pantalla grande y fue maravilloso. Inicialmente pensamos pasarlo por televisión”, dice González. Pero Tonalá se interesó en el documental, lo presentó durante el mes de julio y decidió seguir proyectándolo a lo largo de agosto.

“La intención narrativa y la temática documental son la vida de Sady González. ¿Quién es este personaje? ¿Cómo empieza por allá en los años treinta? ¿Cómo va definiendo su estilo y cómo atraviesa la década de los 40, y las de los 50 y los 60? Para esto nos sumergimos en los 12.000 negativos que están hoy en la Biblioteca Luis Ángel Arango e hicimos un trabajo muy dispendioso de selección de 500 fotografías, aquellas que quedaron en el documental; fotografías familiares y las fotografías que acompañan el paso del tiempo desde los años 30 hasta los años 70 en Colombia. El pasado y el presente se alternan, respetando el blanco y negro. Aunque en el archivo de Sady hay fotos a color, no quisimos entorpecer ese lenguaje del blanco y negro de su fotografía”, dice Carrillo. Documentalmente, el presente se divide en los testimonios de los hijos, que llevan a recrear la vida en familia, y los testimonios de fotógrafos, arquitectos, periodistas, diseñadores.

La primera fotografía de Sady es un retrato de su padre, Teodosio, inmediatamente después de morir. Los siguientes trabajos de Sady que se conocen se remontan a mediados de la década de los treinta, cuando trabajó como fotógrafo cedulador, recorriendo pueblos para hacer un registro de sus habitantes. Esas fotos, inéditas hasta la exposición de 2014 y vueltas a traer en el documental, revelan a un fotógrafo interesado en componer, en hacer puestas en escena, no sólo en fotografiar eventos espontáneos. “En los años 30 Sady era un artista, y fue contratado para hacer cedulaciones en Antioquia, Cundinamarca, Boyacá. Viajó por el país, hizo registros etnográficos bellísimos. Pero antes de mi mamá no existía archivo”. Sady González conoció a Esperanza Uribe en la estación de tren de Barbosa. Se casaron en 1942, se trasladaron a Bogotá y Bogotá se convirtió en la protagonista de las fotos. Desde su unión con Esperanza Uribe las fotos empezaron a marcarse, a catalogarse, a organizarse. “Mi mamá había trabajado en un almacén que tenía mi abuelo en Andes, Antioquia. Allí llevaba las cuentas, los papeles. Tenía ya cierta experiencia en organizar una empresa. Esperanza es la artífice del archivo (…). Tenían un lenguaje muy particular entre ellos. Él le anotaba a mi mamá en un papelito sobre qué había sido el evento: una carrera de caballos, un bautizo, un matrimonio. Le daba los datos de quiénes aparecían en la foto, qué día había sido tomada, cuántos negativos componían el registro. Mi mamá fue pionera en la archivística, como dice Margarita”. Foto Sady, una agencia de fotografía independiente, fue la escuela de otros fotógrafos y alimentó por años los grandes medios nacionales, a El Tiempo, El Siglo, El Espectador con fotos del Bogotazo, y también a otros medios internacionales como las revistas Time y Life. “Yo tenía ese cajón lleno de dólares y no tenía qué darles de comer a los niños porque no había dónde comprar comida”, contaba Esperanza Uribe.

Sady González es importante, dice Margarita Carrillo, porque dejó una obra monumental, porque registró momentos claves de nuestra historia, construyendo una memoria colectiva en imágenes, pero además, y gracias a Esperanza Uribe, por conservar y archivar esos testimonios visuales. “De ahí viene la importancia de lo que es el archivo. Este país ha tenido muchos fotógrafos, y muchos han dejado obras importantes, pero ninguno, como Sady y Esperanza, ha dejado para las nuevas generaciones un archivo tan organizado. Son un ejemplo de rigor. Son un ejemplo de que lo que se hace hoy tiene que ser útil en el mañana”.

González y Carrillo han venido trabajando con un “pequeño archivo” de 12.000 imágenes que contiene fotos especiales que Sady González y Uribe guardaban. Pero el archivo grande de Foto Sady se perdió en los años ochenta. “Lo dábamos por perdido. A raíz de los cien años logramos encontrarlo y en este momento estamos en negociaciones para ver si podemos empezar a trabajar sobre ese archivo también, que contiene más de 200.000 imágenes de cinco décadas de la historia de Colombia. Ese archivo perdido lo acabamos de encontrar. No puedo decir mucho más porque apenas estamos en proceso de recuperarlo y entregarlo a una institución”, dice González, que también está organizando otros proyectos sobre Sady con el apoyo de Hernán Peláez: un libro que se llamará La época dorada del fútbol colombiano y otros deportes en los años 40 y 50; otro libro, Calles y gentes, con lo mejor de la fotografía artística de Sady González, y la preparación de la revisión de la colección Memoria fotográfica de Bogotá. Por ahora se puede ver el documental, a lo largo de este mes, en Cine Tonalá.

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