Fotos para la memoria

Rostros de los que se fueron sin querer irse y no han vuelto. Tumbas de pedazos de cadáveres que bajan por el río puestas en alto relieve. Dolor y arte en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

En el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación son protagonistas los “oficios de la memoria”, o piezas artísticas que ayudan a recordar. / Fotos: Ricardo Robayo - Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

Los ríos en Colombia han sido los conductores de más de cinco décadas de guerra. Por el Atrato, el Catatumbo, el Guaviare o el Caquetá bajan los muertos. Pero en Puerto Berrío, los cadáveres o trozos de cadáveres no fluyen simplemente. Los residentes los recogen, los rebautizan, los acogen en su casa y los entierran. Les piden favores y, si los conceden, los convierten en santos. Sus tumbas se adornan y se llenan, en la muerte, de vida.

Juan Manuel Echavarría fotografió esas tumbas y construyó un espacio en el que el horror de la tragedia se vuelve belleza artística. Su trabajo se ha caracterizado por encontrar lo estético en la violencia, lo que parece una paradoja imposible de subsanar. En Réquiem N.N., nombre de esta instalación, las tumbas tienen varias lecturas. Está la del N.N., pero si cambia de posición, también se puede encontrar con el nuevo nombre que le ha puesto la comunidad o con el relato que cuenta el muerto, porque aquí los muertos hacen lo que no pudieron: hablar.

La Fundación Nydia Érika Bautista para los Derechos Humanos, que trabaja por las víctimas de desaparición forzada, junto con Asfaddes (Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos) y la Organización Familiares Colombia, presentaron esta propuesta porque querían ponerle nombre a los números: 122.155 personas, entre víctimas directas y familiares, han sufrido el drama de la desaparición forzada, afirma el Registro Único de Víctimas. Aunque la cifra es escalofriante, las víctimas querían que esta vez fueran los nombres propios, los rostros, los que invitaran a la conciencia.

Nydia Érika Bautista militaba en el Movimiento 19 de abril (M-19) y se dedicó al trabajo político de esa causa en Bogotá y Cali. El 30 de agosto de 1987, hombres vestidos de civil la detuvieron forzadamente y desde ese día desapareció. Sus familiares nunca volvieron a verla. Según la fundación que acogió su nombre, investigaciones de la Procuraduría revelaron que los captores pertenecían a la Brigada XX de Inteligencia Militar del Ejército Nacional.

Yaneth Bautista, su hermana, tomó las banderas del proceso e hizo de su lucha por encontrar respuestas un motivo para trabajar por los derechos de otras víctimas. Para ella, “la cultura es la tabla salvavidas de las víctimas”. Poner la foto de su hermana en la pared, exhibirla, ver las tumbas de otros que entienden su dolor, es reabrir la herida. “Pero uno se siente bien de saber que los nietos van a enterarse de lo que pasó”.

Para Camilo González Posso, director del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, “hay una tendencia de las organizaciones de víctimas: intentar sintonizarse con los sentimientos, no de manera racional. En esta exposición no hay cifras”.

Aquí se apela al sentimiento a través de la imagen. “Si usted invita en este momento a una marcha para recordar a las víctimas de desaparición forzada, seguramente la gente no sabe qué es eso. Ni siquiera entiende la diferencia entre una persona que salió de su casa y se perdió y entre un detenido desaparecido, que es un crimen de lesa humanidad”. Por eso, aquí lo importante es mostrar lo sucedido desde la vida cotidiana: “Estamos hablando de humanidad”, agrega González.

El objetivo del Centro de Memoria es “quitar la cáscara del aislamiento”. En palabras de González, cansadas de tantas malas noticias, las personas de Colombia ya no quieren saber sobre tragedias. Lo que busca la exposición es que la gente se acerque, se conmueva.

Además, es un momento para llamar la atención de los negociadores del proceso de paz, que se encuentran discutiendo la situación de las víctimas en La Habana, y cuando se decide quiénes serán los voceros de éstas en la mesa de negociación. “Esta exposición es una manera de promover una subcomisión que se dedica especialmente a la verdad de los detenidos desaparecidos”, dice González.

“Por algo será que la desaparecieron”, le han dicho a Yaneth Bautista, quien no entiende por qué a su hermana no le hicieron un juicio justo. “Yo esperaría que la hubieran llevado a la cárcel y no que terminara tirada como N.N. Como si no tuviera familia, como si no tuviera a nadie”.

Para ella, las víctimas de desaparición forzada han sido estigmatizadas, juzgadas por una sociedad que no entiende su propio conflicto. Por eso no espera tener un lugar en las sillas de los diálogos. “La gente reacciona frente a otros crímenes como el secuestro, pero no frente a la desaparición forzada”.

En uno de los pasillos del Centro de Memoria y Paz hay una réplica del Guernica de Picasso, una pintura inspirada en la Guerra Civil española. Aunque les duele, las víctimas de desaparición forzada también usaron las imágenes para contar su violencia, porque, como dice Bautista, “el arte es el camino de la memoria histórica”.

 

 

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@mariangelauc

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