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Las críticas de Rosemberg Pabón a la película sobre la toma de la Embajada dominicana

La película rememora los hechos ocurridos hace 40 años durante los 61 días en los que el M-19 se tomó la Embajada de República Dominicana. Rosemberg Pabón, el comandante uno que lideró la operación, habló con El Espectador sobre las que para él fueron las inconsistencias que más lo incomodaron de esta película. Confirmó o negó algunos hechos allí relatados y explicó por qué para él fue una idea desperdiciada.

El 27 de febrero de 1980, el M-19 secuestró a varios diplomáticos que estaban en la Embajada de la República Dominicana, en Bogotá. El Espectador rememora ese momento con el trabajo del fotógrafo José María Guzmán y el registro de la Revista Cromos.

“La guerra se soluciona cuando cambiemos por dentro. El día que uno considere que el ser humano está por encima del juego del poder, ese día se acaba la guerra, pero si el poder justifica los medios tal y como está ocurriendo hoy en Colombia, se seguirá llegando a los extremos que estamos viendo”, le dijo Ciro Durán a Oswaldo Ríos en el 2000. Esta respuesta fue publicada en cinéfagos.net, un portal de internet que produce contenidos sobre cine, pero parece que hubiese sido respondida ayer. La razón por la que Durán quiso hacer una película sobre la toma de la embajada de República Dominicana por la guerrilla del M-19, fue por la forma en la que se resolvió: ni a balazos ni a bombazos. Lo que le llamó la atención fue salida humanitaria, la que respetó la vida, la que era y aún es poco común en Colombia.

 

Hace 40 años, el 27 de febrero de 1980, el M-19 entró a la embajada de República Dominicana y comenzó a disparar al aire. Dieciséis guerrilleros anunciaron que los embajadores y las personas que ocupaban la casa quedaban secuestrados hasta que el gobierno se sentara a negociar por sus vidas y su libertad. Ciro Durán, que para esa época tenía 47 años, decidió grabar la película veinte años después, época en la que el expresidente Andrés Pastrana negociaba un canje humanitario con la extinta guerrilla de las Farc. Había llegado a la conclusión a la que todos los colombianos llegamos cuando nos sentamos a fijarnos en nuestra realidad y a hacer balances: la historia de este país es cíclica. Las discusiones solo cambian de actores y de años, pero son las mismas: el gobierno repite que la democracia, que los derechos humanos, que la Constitución. Los grupos guerrilleros reiteran que los abusos, que la corrupción y que en este país no se puede hablar.  

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Según Durán, su película es 98% fiel a la realidad. Se basó en los libros que habían escrito los ex secuestrados, los testimonios de algunos de los guerrilleros y el cubrimiento que realizaron periodistas nacionales e internacionales desde Villa chiva, un campamento que se asentó muy cerca de la embajada y que siguió minuto a minuto lo que ocurrió durante esos 61 días en los que se negoció en 25 oportunidades con el Gobierno de Julio Cesar Turbay.

Para Rosemberg Pabón, el líder de la “Operación libertad y democracia” que se tomó la embajada, la película se quedó corta y se enfocó en asuntos que no eran relevantes para el momento. No le gustó el filme. Lo dijo cuando la vio por primera vez en el 2000 y lo sostiene ahora. En un diálogo para El Espectador, el exguerrillero del M-19 y ex alcalde de su municipio natal, Yumbo, Valle, habló sobre las que para él fueron las inconsistencias que más lo incomodaron de esta película. Confirmó o negó algunos hechos allí relatados y explicó por qué para él “La toma de la embajada”, de Ciro Durán, fue una idea desperdiciada:

Después de 20 años, ¿Se percepción de la película ha cambiado? ¿La ha vuelto a ver?

No. Me parecía que la idea podía resultar en un documental muy importante. Tenía el potencial para mandar unos mensajes al mundo y a Colombia, pero se debía profundizar en algunos temas. Ciro (Durán) había escogido unos artistas de muy alto nivel y al final me dio tristeza que no le supo sacar provecho a la historia. Yo le ofrecí mi ayuda para algunos temas como el mensaje para la gente sobre el momento tan difícil y sensible, pero, sobre todo, el acuerdo por el que habíamos logrado salir vivos. Además de la forma en la que por esa situación logramos que el mundo se diera cuenta de que en Colombia había problemas de derechos humanos, violencia y que había presos políticos. 

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¿Y usted cree que en la película Durán no reflejó ese mensaje?

No, no me parece. Fue una de las operaciones militares más duras que ha habido en el mundo y nadie se murió. No siento que se haya resaltado lo importante. Él se hubiera podido documentar mejor. Le reconozco que hoy la juventud ve la película y se entera de uno de los momentos más críticos para el país. Se dan cuenta de que hubo un grupo de jóvenes intrépidos que quisieron entregar sus vidas por un mundo mejor. 

Una de las escenas que más criticó fue la que narró la relación que supuestamente hubo entre usted y alias "La chiqui", ¿por qué?

Porque no era necesario. Siempre se resalta lo superficial y en esa historia hay hechos mucho más importantes. Es que fuimos 16 muchachos  a morir por un mundo mejor. Queríamos decirle al mundo que en Colombia se violaban los derechos humanos y eso en la película, para mí, no se ve por ningún lado. Claro que no me gustó porque yo estuve ahí junto con otros compañeros jugándonos la vida y el prefirió resaltar lo menos importante. 

Durán dice que lo que más le intereso de la toma de la Embajada dominincana fue, justamente, lo que usted acaba de resaltar: todo concluyó pacíficamente. Que sobre eso quiso que se reflexionara cuando las personas vieran el filme, ¿usted cree que no lo logró?

Es posible que él haya pensado eso, pero yo no lo vi reflejado. Ahora, yo la vi una vez y para mí había unos hechos relevantes que no vi. Es posible que los tenga, pero yo no los recuerdo. Yo recomiendo que si las personas quieren saber a profundidad qué pasó en esos 61 días, lean los libros, pero quiero resaltar una cosa: Bateman, cuando ya habían salido algunos de esos textos, me dijo "La única persona que tenía la globalidad, que orientó todo y que conoció todo fue usted, no el embajador de Estados Unidos o el de Guatemala. Retírese de la guerra un periodo y váyase a escribir un libro". Esa fue la última tarea que él me encomendó. Después de esa conversación yo me fui para México y él se perdió en una avioneta. 

¿Cree que su libro es el más objetivo o más fiel a lo que ocurrió?

El mismo presidente Turbay me dijo: "El libro lo leí en una noche, Rosemberg. Usted ha sido muy generoso y estando al mando de esa operación nunca me insultó. Nunca me trató mal". Yo sabía que estaba hablando con un jefe de Estado y que tenía que tratarlo a ese nivel. Eso se los he recalcado a muchos compañeros de la política. Les he repetido que tengan cuidado con las discusiones porque no se deben resaltar los defectos de los otros. La discusión debe ser sobre la política económica, social. Eso fue lo que yo le aprendí a Bateman. 

Uno de los argumentos de Durán es que en la película hay una reunión de verdades o versiones: la suya, la de los embajadores y la del gobierno. ¿No cree que esa reunión podría dar una perspectiva un poco más amplia o variada de lo que pasó?

Yo nunca he dicho que mi verdad sea la única importante. No hubo un embajador que hubiese dicho que yo exageré o que dije mentiras. Lo que quiero decir es que en mi libro se resaltó que hubo un acuerdo y que sí se puede. Ese es el llamado que yo les hago a los protagonistas de la política en este país: ustedes están en la civil y se tratan como si estuvieran armados. ¿Por qué no pensamos en nuestro país? A mí me gustaría ver a todos los sectores de la política diciendo ¡Basta ya! no más muertos. 

Le quiero preguntar por dos momentos de la película: hay una escena en la que se liberan a los niños y las mujeres, pero la embajadora de Costa Rica le pide al comandante uno, es decir, a usted, que no la libere, que ella, aunque es mujer, no es embajadora por su género, y que su rango debería permitir que se quedara junto a los demás diplomáticos hasta que hubiese acuerdo. En ese momento, su personaje discute con el de “La chiqui”: ella dice que no es justo que salgan las mujeres y los niños. Que por eso se sigue diciendo que las mujeres son el sexo débil y que eso no es revolucionario. Usted, según la película, se reivindica con “La chiqui” eligiéndola como representante del  M-19 en las negociaciones con el Gobierno, ¿eso ocurrió así?

No, nunca hubo discusión porque esa era una operación militar y en esos casos no hay discusiones, hay decisiones. La chiqui era un cuadro serio y responsable. Nosotros tomamos la decisión de que se fueran los niños y las personas que hacían el aseo de la casa. Ellos no tenían nada que ver en ese problema y por eso se fueron. Después les dijimos a todas las mujeres que salieran. Yo entendí el punto de la embajadora, pero le manifesté que nos podía servir más afuera que adentro, además tenía que respetar el acuerdo con el Gobierno Turbay. 

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¿Pero no fue por eso que se decidió que “La chiqui” fuese la negociadora? 

No. Nosotros teníamos ahí a seis mujeres y yo la elegí a ella porque ya la conocía. Ella ya había participado en operativos en Cali y yo soy de allá. Me parecía que ella era muy seria y capaz. Ella después demostró que había tomado una buena decisión. 

El otro momento fue cuando el embajador de Estados Unidos aconseja al M-19 sobre la forma en la que estaban negociando. Sobre la estrategia que debían tomar para hablar con los representantes de Turbay: menos emoción y más análisis. ¿Eso fue verdad?

Ellos dialogaban con nosotros permanentemente, pero siempre en grupo. Ellos identificaban claves políticas y estratégicas en los mensajes que enviaba el Gobierno. Nos enseñaban. Eso lo aprovechamos y ellos contribuyeron. 

***

Los actores que interpretaron los personajes principales de la película "La toma de la embajada", estrenada en el 2000, fueron Demian Bichir, Fabiana Medina, Robeto Colmenares, Humberto Dorado, Bruno Bichir y Carlos Mariño.

Aunque los pedidos del M-19 (la liberación de 300 presos políticos y la suma de 50 millones de dólares para la organización) no fueron cumplidos por el Gobierno de Julio Cesar Turbay, se logró llegar a un acuerdo en el que secuestradores y rehenes viajaron a Cuba para su liberación. Aunque ninguna de las partes lo reconocen, se dice que sí hubo una suma entregada por el Gobierno nacional a los guerrilleros, pero nunca se confirmó.

Aunque es evidente que entre Durán y Pabón nunca hubo ni habrá un acuerdo sobre lo que vivió el exguerrillero o lo que narró en su película el director colombiano, el registro de lo que pasó hace 40 años está disponible para el análisis y la memoria del país, que, por el tiempo y las nuevas generaciones, han ido olvidando que el M-19 fue protagonista de muchos hechos violentos pero también cruciales para la historia colombiana.

Además de la toma de la embajada de República dominicana, el M-19 fue protagonista de varios hechos críticos como el robo de la espada de Simón Bolívar, el robo de armas militares en el Cantón norte y  la Toma del palacio de justicia, entre muchos otros. Una época en la que Colombia no siempre logró llegar a acuerdos pacíficos que priorizaran la vida de su gente.  

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Laura Camila Arévalo Domínguez - Twitter: @lauracamilaad

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