Gabo: Adiós al colombiano universal

El 17 de abril, pasadas las tres de la tarde, falleció Gabriel García Márquez, el escritor que permitió que la literatura colombiana perteneciera al mundo. Falleció el premio Nobel de Literatura de 1982, autor de Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, La mala hora, Los funerales de la mamá grande, Doce cuentos peregrinos y Vivir para contarla, entre otras obras literarias y periodísticas. La noticia de su muerte le dio la vuelta al mundo y dejó enorme tristeza por la partida de uno de los escritores más importantes de todos los tiempos.

Gabriel García Márquez cuando llegaba en tren a Aracataca, la última vez que visitó su pueblo natal, en mayo de 2007. / AFP

Desde tempranas horas , a su casa situada al sur de Ciudad de México, empezaron a llegar decenas de periodistas para indagar sobre su estado de salud. Aunque en la mañana, el médico personal del escritor Jorge Oseguera había manifestado que se encontraba en “estado delicado”, horas después fue anunciado su deceso. El escritor había estado hospitalizado días antes en el Instituto Nacional de Salud Salvador Zurbirán. Desde el pasado 8 de abril permanecía en su casa, al cuidado de su familia, que pidió respetar su intimidad.

La noticia provocó toda clase de reacciones en el mundo intelectual y político. Desde Perú, el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa resaltó que sus obras le sobrevivirán y seguirán ganando lectores por doquier. A su vez el escritor mexicano Jorge Volpi agregó que junto a Borges, ha fallecido el más grande narrador en lengua española del siglo XX. El gobierno de México, país donde residía el escritor desde hace muchos años, expresó a través de su presidente, Enrique Peña Nieto, sus condolencias a Colombia y recalcó que la obra de García Márquez marcó la cultura de estos tiempos.

El escritor colombiano, nacido en Aracataca en 1927, tuvo una intensa vida intelectual, que supo combinar con importantes tareas, muchas de ellas de bajo perfil, en el campo de la política. Se destacó en el periodismo, desde muy joven obtuvo reconocimientos por su creativa obra literaria, incursionó en el cine con éxito, y esta prolífica actividad le permitió conocer y compartir con muchas personalidades del mundo, la economía y el arte, muchas de las cuales se convirtieron en amigos. Fidel Castro, Bill Clinton, Felipe González son algunos ejemplos.

Desde la publicación de su último trabajo, Memorias de mis putas tristes, el escritor se había refugiado en una especie de silencio voluntario. Con el tiempo se supo que padecía de alzheimer, enfermedad a la que se agregó un cáncer que ya había superado a principios de siglo. Los últimos tiempos los pasó entre sus casas de México y Cartagena, al cuidado de su esposa, Mercedes Barcha, y la atención permanente de sus hijos Gonzalo y Rodrigo. Decenas de amigos y admiradores hasta el último día estuvieron preocupados por su estado de salud.

Días atrás, cuando el autor se encontraba de pie frente a la ventana de su habitación en el Instituto de Salud, mirando a los periodistas que esperaban afuera alguna noticia sobre él, dijo: “¿Qué hacen los periodistas allá fuera? Que se vayan a trabajar”. Ahora, esos mismos periodistas, sus lectores —de Colombia, de México, de Rusia, de China, de Turquía, de Suecia, de Finlandia, de Argentina— tienen que divulgarle al mundo que ha muerto, a sus 87 años el verdadero inmortal de los colombianos, el escritor que hizo Cien años de soledad un legado literario para los próximos siglos.