La Tigresa del Oriente, la reina de youtube

La felina cantante peruana es una de las invitada al Carnaval de las Artes de Barranquilla.

Judith Bustos tenía 10 años cuando se subió por primera vez a cantar en un escenario. Tal acontecimiento sucedió en su natal Iquitos, Perú, para darle la bienvenida a un grupo de estudiantes que habían llegado de excursión a la selva desde la capital. No recuerda ni qué cantó, pero recuerda ese día como el momento en que decidió ser una estrella. Muchos años después, nadie sabe cuántos, porque como toda diva su edad es reserva de la Registraduría, esa Judith se convirtió en La Tigresa del Oriente, una mujer aleopardada y de facciones gatunas que empezó a tener más visitas que Shakira, Madonna y Luis Miguel en el famoso canal digital de videos YouTube.

La Tigresa se bautizó a sí misma Tigresa. “Yo nací en la selva amazónica, mis padres trabajaban el caucho, y ellos vivían allá cuando mi mamá me tenía en su vientre”, cuenta la polémica artista peruana, que viene como una de las invitadas al Carnaval de las Artes de Barranquilla. Su nombre artístico homenajeaba así a sus padres, pero de paso le hacía justicia a ese espíritu voraz, rabioso, que durante toda su juventud vivió callado en su interior mientras en los canales de televisión maquillaba a Jaime Bayly y a otras estrellas peruanas antes de que salieran al set de grabación.

Viviendo en un pueblo tan pequeño, tan distante de la capital, nadie le dio crédito al deseo de Judith de cantar y ser famosa. Sus padres se opusieron. “Me decían que todos los artistas y los de la televisión se malograban”, recuerda La Tigresa, “pero pienso que el que quiere seguir por el camino correcto, no se corrompe”. Luego fue su esposo quien se interpuso, no concebía que su mujer no se dedicara a cuidar a las niñas, así que su destino más cercano fue convertirse en estilista.

Fue ya en algún momento de su madurez, cuando la vida anodina de maquilladora le había dado la “berraquera” suficiente, que esa esposa abnegada decidió sentarse a escribir una canción. En las escapaditas del trabajo tarareaba su letra: “Tienes que rectificar tus errores / y tendrás un nuevo amanecer / te lo dice/ La Tigresa del Oriente /eso a gozar/ rico papi”. Cantaba descompasada, inventando los ritmos de esas canciones de la selva que de niña había oído, pero con la convicción de que el virtuosismo y el talento no eran la única manera de ser una artista, Judith, ya convertida en La Tigresa del Oriente, consiguió quien le hiciera unos arreglitos y luego un video. “Alguien me dijo que había que hacer un videoclip, yo le dije no, que yo estaba haciendo eso sólo para mí, pero él me dijo que eso que yo hacía le podía gustar a más personas y me hizo el video de Nuevo amanecer. No creo que uno tenga que tener 15 ó 20 años para hacer lo que a uno le gusta, yo lo hice cuando pude hacerlo y creo que le sirvo de ejemplo a esas personas de 30 y 40 años que creen que ya son unos viejitos”, asevera la cantante con su cantadito cholo.

Para el video, La Tigresa fue en busca de su piel. Recorrió los centros comerciales populares de Perú y compró un corsé atigrado y unos pantalones de manchitas felinas que ajustaban su redonda humanidad. Le hacían falta unas botas, así que fue adonde el zapatero para que camuflara sus pies como garras y le diseñara unas botas con el desproporcionado tacón que ella se había imaginado. Y claro, como no hay tigresa sin melena y sin garras, se diseñó las uñas y se abultó el pelo colorado para parecer la reina de la manada.

Ni ella ni los que hicieron el video saben quién lo subió a internet, y aunque por estos días ese anónimo es el responsable de haber convertido a La Tigresa en una estrella que va de gira por todo el mundo, en un principio fue el responsable de una avalancha de críticas que amenazaron con apaciguar sus instintos felinos. Entre el morbo de ver a una mujer madura, de piel flácida y carnes blandas convertida en una mala cantante que gritaba “papi rico” y rasguñaba con sus garras, y la sorpresa de descubrir en la internet eso genuino y peculiar que habita en las representaciones artísticas populares, la crítica se dividió entre la repugnancia y la idolatría.

“Claro, al inicio fue una crítica tremenda y eso me llenó más de coraje. Tengo dos hijas, no soy ninguna jovencita, soy una señora. La gente decía que yo por qué andaba haciendo eso y no estaba cuidando a mis nietecitos, y yo dije: ‘¡Ah, caramba! si le doy gusto a éstos, quiere decir que no tengo personalidad y yo tengo la personalidad bien puesta’. Yo le iba a mostrar a Perú y al mundo que no tienes que ser una jovencita para  hacer lo que te gusta. Al que no le gustara, que no me viera”, dijo corajuda esta mujer que destila singularidad, que no copia, que a diferencia de muchos virtuosos es auténtica.

“La Tigresa es provocadora, transgresora, rompe con todos los cánones del gusto, pero disfruta haciéndolo. Es un personaje que aunque naturalmente estaría ajeno a los medios masivos, encontró en la internet su nicho, para hacer de eso muy local algo que sorprende al mundo”, asegura el escritor John Better, quien se ha encargado de aportar la cuota de artistas marginales y alternativos en el Carnaval de las Artes.

Del oriente viene esta Tigresa que es única. La misma reina felina que no tuvo pelos en la lengua ni en las garras para asegurar en su Twitter que Lady Gaga, la cantante de pop que sacude al mundo, la copia en su estilo. La misma que antes de una gira no sólo pide café y bocadillos, sino que además le contraten bailarines exóticos. Esa que se atrevería a poner como título de su nuevo álbum (que espera superar los éxitos de Rica cervecita y Trabaja flojo, trabaja)  La reina del YouTube.

En un mundo de copias y artistas fruto de recetas para el éxito, cómo no celebrar a alguien que canta: “Soy una felina que vine a bailar, soy una felina de tierra muy caliente, te pido papi rico contigo quiero bailar. Soy una felina de tierra montañosa, contigo papi rico, contigo quiero bailar”.

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