Gestor de 'ciudad humanizada'

Con una exposición, un documental y una publicación de lujo se hace un reconocimiento al arquitecto. Además, la Alcaldía lo condecoró.

Hacer un breve recorrido por el paisaje urbano de Colombia es referenciar el talento y la disciplina profesional del arquitecto bogotano Germán Samper Gnecco. Firme en su convicción de que la arquitectura constituye un instrumento de cambio social, su vida y su obra representan una generosa contribución al desarrollo de esta idea, no sólo con obras de impacto visual sino también con aportes a una ciudad humanizada, los cuales han modernizado el concepto de vivienda popular.

En el contexto del mes del arquitecto, por estos días Germán Samper Gnecco es destinatario de múltiples homenajes, refrendados ayer en el Archivo de Bogotá con la inauguración de una exposición retrospectiva de su obra, el resultado de una investigación de la Universidad de los Andes que demuestra de qué manera, sin declinar en la búsqueda de la excelencia arquitectónica, es necesario indagar alternativas en el espacio urbano de la vivienda social y los estratos medios.

El reconocimiento llegó acompañado de la publicación de un texto de lujo de 256 páginas con abundantes fotografías, en el que se recorre, paso a paso, el devenir de este “arquitecto de símbolos y utopías, soñador de ciudades, viajero y cronista del hábitat del hombre”, que lleva más de 60 años dedicado a transformar la urbe sin descuidar su responsabilidad social. Un libro construido con 15 voces de quienes han sido testigos de la evolución de sus proyectos de ciudad.

Los años cuarenta, cuando entró en contacto con el maestro suizo Le Corbusier, para integrar en Europa, junto a su colega Rogelio Salmona, el taller que hasta 1953 le permitió participar en 13 proyectos en distintos países. Su regreso a Colombia para vincularse al Banco Central Hipotecario y sentar las bases de la construcción de vivienda económica. O su vinculación a la firma Esguerra, Sáenz, Urdaneta, Suárez, que fue determinante para su crecimiento personal y colectivo.

Para dimensionar su importancia basta una sucinta relación de obras en las que su pensamiento fue clave. El edificio Avianca, el Museo del Oro, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Centro Administrativo Municipal de Cali, el edificio Coltejer de Medellín, el estadio y el Centro de Convenciones de Cartagena, el barrio de vivienda popular La Fragua y la ciudadela Colsubsidio en Bogotá, son muestra de su herencia a la arquitectura nacional.

Esta es apenas una selección de algunos de sus trabajos más notorios, pero, como si fuera ayer, Samper Gnecco ya piensa en el futuro. Por eso cree que los arquitectos, antes que piezas aisladas tienen que ser prefiguradores del espacio público, y los administradores de la ciudad deben pensar en normas contra la especulación inmobiliaria, en la altura máxima de los edificios de vivienda, en el mejoramiento de los barrios y, en general, en enfatizar el diseño urbano como una disciplina profesional.

Germán Samper Gnecco, el dibujante, el investigador, el constructor de la vivienda organizada, el miembro honorario de múltiples sociedades de arquitectos, el educador permanente, es por estos días el personaje de la ciudad. Él lo asume con su habitual talante reflexivo, sabiendo que lo mejor está por verse. De hecho, desde 1994 constituyó con su hija, Ximena, la firma G.X. Samper Arquitectos Ltda., y ya se advierte el legado social, ecológico y estético de su visión de arquitecto.

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