Gómez Valderrama ha vuelto a la Nacional

Pedro Gómez Valderrama ha vuelto a la Universidad Nacional que lo convocó  como uno de sus alumnos ilustres. Lo ha dicho su hijo Pedro Alejo que ha sido el primero en verlo de nuevo al escribir las páginas del homenaje.

El escritor colombiano Pedro Gómez Valderrama, autor, entre varias obras, de La otra raya del tigre.Archivo

 

Por eso agregó :"Y ahora, esta noche la presencia de ustedes lo trae de nuevo porque, según sus palabras,  'solo hay un acto -afirmó Malraux- sobre el cual no prevalecen la negligencia de las constelaciones ni el murmullo eterno de los ríos: es el acto mediante el cual el hombre arranca algo a la muerte'". Así reitera que "este homenaje prueba que pudo mi padre vencer el populoso anonimato de la muerte".

El evento lo presidió el rector, doctor Ignacio Mantilla el día 18 de septiembre como uno de los actos para la conmemoración de los ciento cincuenta años del Alma Mater en el Auditorio León de Greiff. Inició el acto J.F. Patiño Restrepo, exrector de la Universidad Nacional y exministro compañero del Gabinete del presidente Guillermo León Valencia, que que compartió con este maestro de las letras colombianas. También estuvo allí Belisario Betancur que con los dos anteriores forma parte de la Comisión de Asuntos Sociales del gobierno. El doctor Patiño anotó que hablar sobre la vida de Pedro Gómez Valderrama es hablar sobre un gran hombre, un gran hombre noble y químicamente bueno. Porque como eximio abogado, ministro, diplomático, escritor, siempre sobresalía su hombría de bien, su generosidad y su brillante inteligencia. Su obra literaria sobresale entre lo mejor que ha producido Colombia.

Su curioso -pero fascinante- interés por la alquimia, la hechicería y lo demoníaco se traduce en sus cuentos y escritos. Su novela, La otra raya del tigre, es reconocida como una obra cumbre de la literatura colombiana. El rector en la invitación a  este homenaje se refiere a Gómez Valderrama como uno de los más brillantes egresados.  Cuando yo era profesor visitante de cirugía de la Universidad de Yale, donde estudié por casi once años, participé en un foro y al final se me preguntó si yo podría hacer la lista de las cinco inteligencias más brillantes que había conocido, y me dieron veinticuatro horas para responder. Esa noche de inmediato coloqué a Pedro Gómez Valderrama en la lista, pero luego tuve que pasar varias horas de meditación para colocar los otros cuatro nombres. Entre 1958 y 1964, la Universidad Nacional tuvo ocho rectores, ocho rectores en seis años. Se consideró que era ingobernable y en 1960 el Congreso de la República creó una comisión para decidir qué se debería hacer con la Universidad; muchos creían que solo había dos opciones: cerrarla o privatizarla. En agosto de 1962 el trío de amigos de la Comisión de Asuntos Sociales, fueron nombrados ministros de educación,  trabajo y salud, respectivamente. Y entonces aquí comienza una labor de repercusión histórica por parte del ministro de Educación, Pedro Gómez Valderrama.

Trabajando en forma incansable con los parlamentarios, saca adelante la Ley 65 de diciembre 19 de 1963, ley que da el estatuto orgánico a la Universidad Nacional. Al sancionarla el presidente Valencia, Pedro Gómez Valderrama dijo: “Con estos estatutos se abre sobre todo una nueva época, una nueva ruta hacia la reforma universitaria. Se entiende que la misma reforma universitaria debe tener sus orígenes desde dentro de la propia universidad… No digo que estos estatutos constituyan una reforma de la Universidad Nacional, pero ellos le dan a la Universidad los medios para que se reforme a sí misma”. Y así fue. Cuando me posesioné como rector en junio 1 de 1964, tenía el instrumento perfecto para realizar una verdadera reforma estructural de la universidad que estaba anquilosada y estancada en su glorioso pasado pero que no ofrecía a los jóvenes la educación y la formación que requerían. Una parte muy importante de la Ley 65 de 1963 fue el establecimiento de la organización estudiantil. El Artículo 24 dice al respecto que “en cada Facultad o escuela existirá el Consejo Estudiantil, que llevará la representación y vocería del respectivo estudiantado; estará integrado por un representante de cada uno de los cursos mediante elección por mayoría de votos.  La Asamblea Estudiantil estará constituida por la reunión de los Consejos Estudiantiles de la Universidad. El Consejo Superior Estudiantil será el representante permanente de la Asamblea Estudiantil y estará integrado por un representante de cada Consejo Estudiantil”.   

Hoy, como en muchas otras ocasiones, mirando al pasado, veo cómo gracias a la creación del Consejo Superior Estudiantil, el vocero legítimo de los estudiantes, pudimos transformar la Universidad y financiarla en buena parte con fondos provenientes del gobierno y de las fundaciones privadas norteamericanos y del BID. Ello se debe a la visión liberal y moderna del Ministro de Educación, Pedro Gómez Valderrama, presionando en forma permanente en el Congreso de la República, porque por la época había un fuerte movimiento para acabar con lo que se denominaba el cogobierno estudiantil.

Y teníamos verdadera identificación intelectual en todos los asuntos, pero menos en uno: en el antiguo Egipto existió un personaje que ha sido motivo de estudio y de muchas publicaciones. La reina Nefertiti, segunda esposa de Akenaton, quien vivió circa 1370-1330 a.C., de belleza legendaria, como se puede ver en el busto que se encuentra en el Museo de Berlín. Pues bien, en el busto se produjo un daño sobre el colorido del ojo izquierdo, que lo hizo desaparecer. Pedro Gómez me insistía en que ¡Nefertiti era tuerta! Fueron muchas las discusiones que tuvimos al respecto. Con la generosidad que lo caracterizaba, cuando era embajador en España, recibió de parte del gobierno de Egipto unas estampillas en oro puro con la efigie de Neferiti, que hoy cuelgan enmarcadas en la sala de mi casa; ella aparece de perfil y solo se ve el lado derecho. Yo las recibí encantado y en la carta de agradecimiento que le envié escribí: “Tu siempre recuerdas mi fervor por Nefertiti, y solo me apesadumbra tu creencia de que era tuerta.”(Esta referencia, porque la obra de Gómez Valderrama tiene una importante base en el tema histórico no solo de Colombia sino también en el origen y desarrollo de la cultura occidental) Hoy ya restaurado el busto, aparece con su ojo izquierdo intacto, y creo que desde algún lugar, seguramente muy alto, fue Pedro Gómez Valderrama quien dirigió la restauración.

Luego Pedro Alejo recordó que las páginas de Muestras del Diablo, cuya primera edición apareció en Mito, son – afirmó en alguna ocasión- “el testimonio de la misma preocupación por la libertad. En el rastro del demonio que he perseguido en la historia, en esos signos de los sacudimientos de locura colectiva, no he visto cosa distinta de la lucha del hombre con su libertad y por su libertad. En el destino sombrío de las brujas acorraladas y ardidas en la pira de la superstición, veía también un poco nuestro propio destino, la negación de la libertad para el pensamiento, la violación de la vida íntima, la vergüenza y el ultraje. Todos, en un momento angustioso de la historia colombiana, estuvimos manchados de brujería, fuimos señalados con el dedo malévolo del delator. Por eso cuando escribía aquellos capítulos alucinado con la huella de la zarpa del Muy Maligno, pensaba y vivía nuestra propia persecución. Así la imaginación es el gran acto de libertad: por ello, llena de imaginación su obra toda, sus cuentos recientemente publicados en una coedición de varias universidades entre ellas la Nacional, su nóvela La otra raya del tigre, son libertarios. En fin termina Pedro Alejo: He vuelto a verlo a lo largo de la minuciosa preparación de la edición crítica de su obra que bajo la dirección de Pablo Montoya  publicará la colección Archivos de la Unesco, en asocio con las Universidades de Poitier y de Medellín.

 

 

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