Grafiti como herramienta de cambio social en comunidades vulnerables

El colectivo de arte Boa Mistura, fundado en España, vendría al país este año.

El proyecto 'Te comería a versos' se realizó en Madrid y Barcelona durante 2014. /Cortesía Boa Mistura
España, Francia, Serbia, Argelia, Noruega, Alemania, Sudáfrica, India, Perú, Panamá son tan solo algunos de los países en los que Boa Mistura ha plasmado su arte.
 
Un colectivo que comenzó a gestarse cuando sus integrantes –Javier Serrano Guerra, Juan Jaume Fernández, Rubén Martín de Lucas, Pablo Ferreiro Mederos y Pablo Purón Carrillo - tenían 13 años. Se conocieron en las calles de su barrio y todos compartían el gusto por el grafiti y el hip hop. Así fue como empezaron a dejar su huella en la Alameda de Osuna, un vecindario cerca de Barajas, la vía que conduce al aeropuerto, en la periferia de Madrid, España. 
 
Huyendo de la policía comenzaron a hacer murales y a dejar plasmadas sus firmas. Cada fin de semana tenían una cita sagrada para inspirarse y crear. Sin embargo, fue hasta 2001, cuando ya estaban a punto de entrar a la Universidad, que decidieron conformar el colectivo con nombre propio. En ese entonces los grupos de grafiti usaban nombres ingleses -por la influencia que venía de Nueva York- pero, según cuenta Javier, su idea era salir de los convencionalismos y marcar una tendencia.  Por eso decidieron llamarse ‘Boa Mistura’, una palabra del portugués (en español buena mezcla) que reflejaba un interés común para ellos:  la situación en Brasil.
 
El nombre refleja también, de alguna manera, la diversidad del grupo. Javier es arquitecto; Juan, licenciado en Bellas Artes; Rubén, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, además de artista plástico; Pablo Ferreiro, licenciado en Bellas Artes y especialista en Diseño Gráfico y Pablo Purón es Ilustrador y Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas. 
Ocho años después de haber conformado oficialmente el colectivo, en 2009, decidieron  viajaron a Berlín (Alemania) con el objetico de conmemorar los 20 años de la caída del muro de Berlín. Así que en el Hotel East Side, ubicado frente a aquella separación que dividió a Alemania durante 28 años, hicieron una pintura de 19 metros de alto por 9 de ancho que simbolizaba a dos figuras tatuadas expresando el encuentro entre Este y Oeste. 
 
Después del viaje surgió también la idea de establecer una oficina para expandir sus proyectos.  Fue así como, a comienzos de 2010, instauraron un lugar propio desde el que consolidaron sus viajes a Noruega y Brasil.
 
Pero fue el viaje a Sudáfrica, en 2011, el que determinó buena parte de su futuro profesional. Un galerista los invitó para que trabajaran en su barrio. “Era una humilde residencia, allá nos recibió y convivimos con la gente. Nos encontramos con una realidad opuesta a la de Europa, había muchas carencias”, recuerda Javier. Estaban ubicados en la periferia de Ciudad del Cabo, en un entorno de prostitución, drogadicción y precariedad. “Eso nos voló la cabeza por completo, veníamos de trabajar en Europa donde hay grandes fachas y no es que acá no tengamos pobreza, sino que no la habíamos visto de esa manera”, agrega.  
 
Trabajar allá fue complejo. Sin embargo su trabajo con los niños de la zona, en la búsqueda de mejores posibilidades un futuro prometedor, los llevó a pensar  sobre su responsabilidad como artistas. Así surgió la idea de hacer murales que pudieran inspirar a los niños.  Fue la primera vez que usaron las palabras y plasmaron mensajes como: “Descubre el diamante que tienes en el interior”, “Pelea por tus sueños” o “Todos compartimos las mismas raíces”. Descubrieron entonces que su trabajo podría tener sentido como una herramienta de cambio en este tipo de comunidades. 
 
Por eso es que en los proyectos que realizan en la actualidad, conciben esa idea como prioridad. Al llegar a una zona destinan los primeros días a aprender del lugar y su gente, luego la obra se va autoconstruyendo. 
 
Humanizando las ciudades 
 
Convencidos de que en la calle no hay una segmentación de público, como puede ocurrir en una galería, y que existe la capacidad de captar la atención de la gente,  Boa Mistura salió a las aceras de Madrid y Barcelona en 2014 que un día cualquiera amanecieron pintadas con 30 pasos de calle (cebras). 
 
Versos de canciones y poemas como: "Estás en mi lista de sueños cumplidos", "Fuimos a hacer el amor, parece que volvimos de la guerra", "Me sentí astronauta perdido entre tus lunares", "Mi más sentido bésame", "Mi alma la tripula el viento de tu respiración", fueron compartidos en redes sociales, en cuestión de horas. “Este proyecto fue fascinante, la gente empezó a enviárselo a su ser amado”, cuenta Javier. Quien considera que aunque su trabajo no es una necesidad básica, sí alimenta el alma y transforma. (Ver: video)
 
El colectivo de grafiti nunca ha venido a Colombia, pero sí lo anhela. “No entendemos porque no hemos ido, sentimos especial fascinación por Medellín. Pensamos que es un ejemplo de intervención del espacio público”, sostienen. Y aunque no han hecho ningún contacto con alguien de la capital antioqueña, ya recibieron una invitación para pintar algunas de las calles de Barranquilla a finales de julio de este año y las de Manizales en 2016. 
 
Temas relacionados

 

últimas noticias

Jorge Luis Borges: entre la poesía y la ceguera

Una arquitectura de interés público

Homenaje al amistoso lector