'A guitarra limpia'

A los 51 años murió en La Habana, de un infarto, este cantautor que representó la visión del movimiento de la Novísima Trova Cubana. En Colombia fue apadrinado por Silvio Rodríguez, quien lo incluyó en una gira por el país a comienzos de la década de 1980.

Santiago Feliú acompañado en el piano por Fito Páez durante un concierto ofrecido en La Habana, Cuba. / AFP

Santiago Feliú hacía las veces de espejo cuando su hermano Vicente tomaba la guitarra. Por eso el mástil del instrumento, a veces real y otras veces imaginario, apuntaba hacia el lado izquierdo del horizonte. Esa fue la única razón lógica que encontraron los fundadores del movimiento de la Nueva Trova Cubana para explicar por qué el menor de la dinastía Feliú tocaba como si fuera zurdo.

Durante horas Vicente Feliú y muchos de sus amigos de grandes gestas musicales se dedicaban a guitarrear, a ver qué salía, y esas jornadas extensas arrojaron memorables frutos sonoros en las vidas artísticas de Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Noel Nicola y el hermano mayor del núcleo familiar de los Feliú.

Además de esas canciones, la influencia latente de ese grupo intelectual marcó el rumbo de una generación posterior, que empezó a entender la trova como un género promiscuo capaz de mezclarse con otras propuestas musicales de impacto internacional.

El rock, la salsa de Nueva York y Puerto Rico, el jazz, el blues y el funk entraron con fuerza en la mayor de las Antillas gracias a la apertura mental de Santiago Feliú, Carlos Varela, Gerardo Alfonso y Frank Delgado, entre muchos otros trovadores jóvenes que no vivieron en su propio pellejo los antecedentes de la Revolución cubana de 1959.

Mientras Vicente Feliú, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Noel Nicola creaban canciones en apoyo a la vida revolucionaria cuando la complicidad se los permitía, Santiago Feliú y los otros exponentes de lo que se conoció en las décadas de 1980 y 1990 como la Novísima Trova Cubana entendían las buenas intenciones del sistema, pero al mismo tiempo eran testigos de los problemas sociales y padecían en su diario vivir la imposibilidad de desarrollar sus carreras.

El apoyo no era regular por parte del Estado y todos esos jóvenes, encabezados por Santiago Feliú, veían cómo muchos de sus amigos y contemporáneos sumaban impulsos para cruzar el mar y radicarse en Miami. Otros tantos esperaban la posibilidad de un concierto en el exterior para salir de la isla con permiso y establecerse de forma clandestina en otra nación argumentando incompatibilidades políticas y riesgos para su seguridad personal.

Santiago Feliú siempre tuvo su casa en La Habana. Allí adquirió todos los conocimientos para componer de manera armónica y para mejorar su interpretación en la guitarra. Su hermano Vicente, Noel Nicola y sobre todo Silvio Rodríguez lo rodearon durante su proceso de formación. Recibió los consejos más importantes de parte de estos grandes maestros y comenzó a entender que no podía ser igual a ellos por varias razones. Una, lo vivido, y otras las circunstancias que rodearon a ambas generaciones.

Santiago Feliú marcó diferencias proponiendo espectáculos de altos contenidos visuales y algunas veces se rodeó de bandas completas a la mejor manera de una estrella de rock. Su estilo estaba permeado por instrumentos eléctricos que le daban mayor alcance sonoro al acostumbrado por la guitarra desnuda, que manejaba a la perfección, tal y como lo demostró en varias oportunidades. Componentes acústicos, instrumentos envenenados y letras sugestivas se convirtieron en el énfasis artístico de Santiago Feliú.

A pesar de tener una propuesta mucho más aguerrida que la de sus antecesores, jamás habló mal de ellos. Siempre los respetó y se preocupaba por dejar en claro que existía gracias a ellos, a los trovadores que tanto le habían enseñado. Incluso, fue Silvio Rodríguez quien lo trajo a Colombia a comienzos de la década de los 80, cuando presentó, en formato orquestal, su Causas y azares, el nuevo álbum en aquella época.

Una gira de conciertos por varias ciudades y un concierto gratuito en el teatro al aire libre de la Media Torta, en Bogotá, exigencia que se hacía a los artistas foráneos para que se presentaran en el territorio nacional, marcaron el debut de Santiago Feliú en Colombia. En aquel entonces saltó al escenario acompañado únicamente por su guitarra, cantó tres canciones de su autoría y el resto del tiempo respaldó a Silvio Rodríguez en la interpretación de sus clásicos y en el posicionamiento de su nuevo material.

En su primera gira demostró la habilidad con la guitarra interpretada a la manera zurda y con su voz ronca dejó entusiasmado al público que adquirió trabajos discográficos tan destacados como Entre otros, al lado de Noel Nicola; Ansias del alba, con Vicente Feliú, y álbumes personales como Vida (1986), Trovadores (1987), Náuseas de fin de siglo (1991), A guitarra limpia (1998), Sin Julieta (2002) y Ay, la vida (2010).

Santiago Feliú murió ayer en La Habana a causa de un infarto fulminante. Dejó cojo al movimiento de la Novísima Trova Cubana y, seguro, no alcanzó a mostrar todo su potencial. Su guitarra, cargada hacia el lado izquierdo del horizonte, dejó de sonar.

 

 

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