Gustav Mahler a viva voz

La cantante búlgara es una de las solistas en el montaje de la Octava Sinfonía, que la Orquesta Filarmónica de Bogotá presentará el 15 y 16 de octubre en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán.

Petya Dimitrova es mitad búlgara y mitad colombiana. De Bulgaria tiene el nombre, varios años de estudio académico del canto y un ancestro que aún no ha explorado por estar ocupada prestándoles su voz a los compositores clásicos. Su parte criolla está tan desarrollada que no sólo sabe pronunciar a la perfección la palabra ‘soroche’, sino que describe sin dificultad el malestar y entiende lo que significa.

“La última vez que estuve en Bogotá me dio soroche. Tuve un dolor de cabeza tenaz y se me fue la respiración. En esta oportunidad, por fortuna, no me ha dado nada extraño”, comenta la soprano, quien estudió violín en Bogotá cuando tenía 6 años. En ese entonces, sus padres trabajaban en el país y ella debió trasladarse con ellos. La cátedra de solfeo, la especialización en el instrumento y la participación en un coro de la Universidad Javeriana, fueron fundamentales en su formación artística.

Luego decidió que no quería tocar más violín y que su futuro estaba en el bel canto. “Y me retiré, a pesar de que había escuchado que el violín es el sonido que más se acerca a Dios y el que más le gusta oír. El registro del instrumento es agudo y uno también debe cantar de esa manera. La voz es el instrumento más perfecto, porque se lleva por dentro y es tan sensible que se puede afectar”, opina Dimitrova, quien considera que el instrumento la ayudó mucho en el proceso de aprender a cantar porque adquirió una visión totalmente diferente de la música. Algunos de sus maestros le decían que los mejores cantantes pasaron por las cuerdas y los trastes.

Comenzó su adiestramiento vocal en 2003, con la guía de las maestras Velizara Karayankova y Darina Takova, quienes la ayudaron a superar las pocas complicaciones que se le presentaron durante los primeros años de actividad en el canto lírico.

“En esta profesión hay que ser sincero. Desafortunadamente en el arte hay muchas cosas feas y lo mejor es quedarse uno como un buen ser humano. Pocos cantantes entienden que hoy se puede estar arriba y mañana se puede estar abajo. Uno debe intentar ser el mismo siempre”, asegura Petya Dimitrova, para quien el compositor que más le ha hablado al oído es Vincenzo Bellini (1801-1835), aunque uno de los instantes más emotivos de su carrera se lo proporcionó Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), cuando se enfrentó al personaje de Fiordiligi en la ópera Così fan tutte.

Con su interpretación salió ovacionada y entendió que ya tenía la madurez vocal, emocional y psicológica para ofrecerles su voz y su figura a los autores más complejos de la escena musical. Tuvo valor y decisión, por ejemplo, para asumir el reto de interpretar los roles propuestos por el compositor contemporáneo Giacomo Puccini (1858-1924).

Con varios años de conciertos y presentaciones, Dimitrova prefiere los escenarios reducidos a los imponentes ambientes abiertos en los que requiere de aditamentos tecnológicos, como micrófonos, para comunicarse con el público y entregar la música.

“Creo que la ópera sigue siendo un arte para élites. Lo que está pasando en los últimos años es que los teatros en el mundo están haciendo todo lo necesario para atraer a la gente joven. En los conciertos se veía más que todo gente de edad. Ahora la puesta en escena es un poco más vulgar, por el simple hecho de mover la taquilla. Creo que esto no es para cualquiera y así debe seguir siendo”, comenta la cantante a la que le gusta hacer interpretaciones en italiano, pero si tuviera que optar por un idioma para el canto, no lo pensaría dos veces y se quedaría con el francés.

A pesar de eso, no dudó ni un instante cuando la invitaron a participar en el montaje de la Octava Sinfonía de Mahler, con la Orquesta Filarmónica de Bogotá, y desde enero se dedicó a preparar su presentación. El proceso comenzó con una pianista con la que se reunía a ensayar todos los días en su casa de Bulgaria. En ese ritmo duró cuatro meses y luego de un corto receso retomó la apropiación de la pieza en junio.

“Mahler es totalmente distinto a los compositores que había interpretado. Él se dedicó más que todo a las sinfonías, a la música para orquesta. Esta es la primera vez que estoy cara a cara con este compositor y he estado leyendo lo que él quería transmitir con esta sinfonía. Era algo muy grande, algo cósmico”, dice Petya Dimitrova, una soprano búlgara que en Colombia descubrió más de Gustav Mahler y confirmó en qué consistía el soroche.

Mahler en Bogotá. Octubre 15 y 16, 8 p.m.Teatro Jorge Eliécer Gaitán, cra. 7 #22-47.

 

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