Hace 200 años empezó la campaña libertadora

Fueron 76 días de travesía desde los llanos de Venezuela hasta los campos de Boyacá, atravesando la cordillera oriental por el páramo de Pisba. Memoria del Ejército de Bolívar y Santander en el año del bicentenario.

Paso del ejército libertador por el páramo de Pisba”, óleo del maestro Francisco Antonio Cano, 1922. Casa Museo Quinta de Bolívar, Bogotá.

Hace 200 años, entre el 23 y 24 de mayo de 1819, comenzó la campaña libertadora que permitió a la nación su independencia de España. A orillas del río Apure, en territorio venezolano, en una choza arruinada y sin más asientos que calaveras de reses, Simón Bolívar se reunió con sus oficiales para notificarles su cambio de planes. En vez de persistir en la lucha armada desde los llanos de Venezuela, el objetivo era invadir la Nueva Granada, tomarse Bogotá, y desde ahí seguir la brega por la libertad.

Como lo narra el periodista Héctor Muñoz Bustamante en su obra “Diario de la independencia”, Bolívar explicó a sus oficiales que era difícil permanecer en los llanos en invierno, y que los despachos que llegaban del Casanare, donde el ejército patriota se movilizaba a las ordenes de Francisco de Paula Santander, eran muy favorables a la aventura bélica. En ese momento lo acompañaban Soublette, Anzoátegui, Briceño, Méndez, Carrillo, Iribarren, Reynel, Rook y Manrique. Todos quedaron sorprendidos.

Acto seguido, Bolívar les explicó que la idea era hacer creer al enemigo español que la invasión a la Nueva Granada se iba a hacer por Cúcuta, con maniobras de distracción desde el Casanare. Sin embargo, también les dejó claro que el verdadero plan era cruzar la cordillera por otro paraje, que revelaría después para impedir que la información perdiera su sigilo. Como era de esperarse, más de uno de sus oficiales estuvo en desacuerdo. Pero el apoyo de Anzoátegui, Plaza y Soublette resultó definitivo.

Ese mismo día, el ejército se puso en marcha hacia Mantecal, y después a Guasdualito, donde las tropas del coronel Nonato Pérez aguardaban órdenes del general José Antonio Páez. En ese momento, emprendieron la travesía unos 1200 infantes y jinetes, pero poco a poco se fue sumando gente a la marcha. Aunque mal vestidos y muchos sin camisa, lo primordial fue consolidar lo que todos empezaron a llamar “el camino de la libertad”. Desde el Casanare, Santander respaldó con beneplácito la buena noticia.

Desde esa última semana de mayo de 1819 hasta la primera semana de agosto, fueron casi tres meses de heroísmo puro. El cruce de la cordillera se realizó por el sitio más inhóspito, el terrible páramo de Pisba. La mayoría de las bestias rodaron por los abismos. Muchos soldados desertaron y otros murieron. A 4.200 metros de altura, el cruce fue interminable. Pero después de lograrlo, y de recibir el aliento de los habitantes de Socha (Boyacá), lo demás fue el paso triunfante hasta las batallas decisivas.

La del Pantano de Vargas, el 25 de julio de 1819 donde el coronel realista José María Barreiro, creyéndose vencedor alcanzó a gritar “Viva España, ni Dios me quita la victoria”, pero no contaba con los lanceros de Juan José Rondón, quien ante las dudas de Bolívar viendo como se le venía encima la caballería realista, le pidió entrar en batalla y oyó a Bolívar decirle: “Haga lo que pueda, salve usted la patria”.  Y lo hizo para ganar la batalla. Lo mismo que aconteció días después, el 7 de agosto, en el Puente de Boyacá.

Lo demás fue el ingreso de los vencedores. “Bajo un sol espléndido, en medio de una muchedumbre delirante que daba interminables vítores al ejército patriota”, hizo su entrada triunfal a Santa Fe la campaña libertadora de Bolívar. Nobles, hombres del común, mujeres, ancianos, mucha gente salió a recibirlos. Bolívar entró a Santa Fe cubierto de flores. La epopeya había terminado, pero empezaba la difícil tarea de dejar atrás el pasado colonial, asumir las diferencias políticas y armar una república.

 

 

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