'Hawapi', un despertar para Pondores, Guajira

Artistas visitan el ETCR para ex combatientes de las FARC – EP en Pondores, recogiendo experiencias opiniones y cuestiones que fundamentan la exposición que actualmente se encuentra en el Espacio El Dorado.

Un libro de tierra, de María Buenaventura, una de las obras que se exponen en el Espacio El Dorado hasta el próximo 13 de abril. Cortesía

Sacar provecho del territorio puede reconocerse como una mala acción, una que involucra al abuso desaforado del poder; pero cuando se torna más bien en un interés mutuo, entre la comunidad de ese territorio y foráneos interesados por el mismo, la riqueza es mayor. Confluyen los pensamientos y las ideas se materializan, se aprende de la experiencia y retornan memorias, no para vivir en un pasado sino para a partir de allí, sembrar en el presente. Esta siembra tan glorificante logra reconocerse en un proyecto bastante ambicioso. HAWAPI es un encuentro itinerante de arte peruano que reúne artistas, académicos y personas socialmente comprometidas para que exploren desde territorios latinoamericanos con carencias pronunciadas, unas posibles maneras de hacer en su oficio. Es a partir de allí que los artistas se salen de su zona de confort para crear desde la experiencia ligada a las comunidades que aquí habitan y contribuyendo de manera anecdótica, educativa y práctica.

En 2018 este proyecto lleva sus residencias artísticas a Pondores (Guajira). Esta vereda se convirtió, luego del Acuerdo de Paz en 2016, en un Espacio Territorial de Capacitación y de Reincorporación (ETCR) para ex combatientes de las FARC – EP. Durante dos semanas los artistas convivieron con la comunidad de Pondores en una residencia artística; los relatos y memorias humanizaron su visita y el intercambio cultural se convirtió en un ritual de resiliencia para aquella comunidad que para los artistas concluyó en una muestra artística. 

“Esta exposición se plantea casi como una prueba de cómo funcionaría una sociedad dispuesta a coexistir en el reconocimiento de las diferencias y desacuerdos de sus habitantes. Señalando así, que inclusive al ser parte de un colectivo, cada sujeto representa una individualidad”, expresa Andrea Muñoz, curadora de la exposición ‘HAWAPI 2018, Pondores’ en el Espacio El Dorado de Bogotá. Doce artistas permitieron entonces cruzar la brecha que separa situaciones distintas entre la ciudad y el conflicto armado en el campo, a través de procesos artísticos que se enfocan en una visión humana que, como dice Muñoz en el texto curatorial, comenzó a construir puentes, desde el territorio, el paisaje, tradiciones y cuestiones que despiertan luego de toparse con la situación actual en los ETCR de nuestro país.

En un primer momento el territorio comienza a hablar; fotografías del suelo gris intervenido con una especie de símbolos mientras en la pared blanca del espacio cuestiones filosóficas ahondan en quienes viven entre árboles; posteriormente en unas tablas de madera se descubre un paisaje árido con frases como: “amanece lento en esta tierra, pero soy yo quien decide seguir o no dormida”. Aquella frase que hace parte de la obra de la artista Adriana Ramírez retumba en Virginia Lobo,( ex combatiente de las FARC –EP y que reside en Pondores), mientras manifestaba en una de las actividades educativas de la exposición: “Nosotros estamos en una noche cruda y quienes conocen Pondores lo saben; que estamos en la incertidumbre; pero el sol va a salir, la noche no es eterna”.

Si bien entonces esta sensación de estar en el limbo manifiesta una crisis latente en los espacios de reinserción que parece no ser visible, es entonces el aspecto primordial que conduce a la muestra en una especie de rescate frente a la memoria que mantiene a esta comunidad fortaleciéndose a pesar de las adversidades. La artista María Buenaventura, en colaboración con Jaime Ceiba, decide hacer para la exposición una instalación que representa un aula guerrillera móvil que además contiene libros y cuadernos cosidos de hojas de plátano, cera de abejas, arcilla, papel, tierra y musgo aludiendo a las tierras que los campesinos, luego del Acuerdo de Paz, le exigían al gobierno y que no fueron entregadas. “Siento que HAWAPI ha sido ese difuminado porque este proyecto nos recuerda lo que somos. Nosotros tenemos alma y también teníamos manifestaciones”, expresa Lobo. Desde las actividades que se hicieron en conjunto con los artistas residentes en Pondores se obtuvieron frutos más allá de la materialidad que trajo consigo un despertar que los unía como comunidad.

Bajo este parámetro los objetos se poetizan teniendo una carga emocional y de memoria en la vitrina a las afueras del Espacio El Dorado, una propuesta realizada por Jenny Díaz y Juan Betancurth. Esta vitrina contextual manifiesta las experiencias de los artistas, que si bien parece ser basura puesta en una superficie, se convierten en residuos reciclados que personifican a cada artista según sus vivencias en Pondores. Esta obra se plantea a través de dos diálogos: el primero con términos que definen o explican la exposición y el segundo en una breve contextualización sobre ETCR.

“Una experiencia como HAWAPI hace que la transición brusca que vivimos se suavice, porque nos pone los pies en la tierra, nos calma, nos toca el alma, nos hace vernos a los ojos ¿qué somos realmente? Somos seres humanos y, ¿por qué luchamos? Porque creemos que es posible despertarnos”, explicaba en el conversatorio Lobo sobre aquel efecto que dejan proyectos como este, en donde se involucran ambas partes con la única finalidad de diálogo y acción de resiliencia, de entendimiento y de voceador de situaciones que refleja un país cegado por la violencia y que es tiempo de despertar.

Durante la exposición que estará abierta hasta el 13 de abril en el Espacio El Dorado contará con un programa académico que podrás conocer aquí.