Hay Festival: una radiografía a pequeña escala de nuestra sociedad

El festival reúne públicos interesados en distintas áreas: economía, cine, geopolítica, periodismo, literatura.

El actor cubano Jorge Perugorría conversó sobre su carrera con Sandro Romero Rey. / EFE

Sé pocas cosas. Mejor: no sé nada. Soy inexperta en todo: el trabajo, el amor, las lecturas, la escritura. De pocas cuestiones estoy convencida y la mayoría de veces dudo de hacer cualquier movimiento, de tomar cualquier decisión. Debo leer más ficción; dejar de leer literatura. Conocer más periodistas; estar alejada de todos. No salir del trabajo; abandonar el escritorio. Así, todo el tiempo. (Vea aquí nuestro especial sobre el Hay Festival)

Estoy frente al Teatro Adolfo Mejía, en Cartagena. En la puerta hay una fila de más de treinta personas esperando para ver a Emma Suárez. La española que ahora es la nueva “chica Almodóvar” hablará de Julieta, la película dirigida por el español que se estrenará en abril de este año.

El calor revienta en mi frente en pequeñas gotas de sudor. Entro al lugar y el aire acondicionado me sacude el cerebro. Me siento en la tercera fila y escucho cómo las sillas que están detrás de mí comienzan a llenarse. “Oye, ¿te diste cuenta de que la hija de Olivia compró una cartera que supuestamente es de diseñador? Se nota por encima que no. Eso fue que la compró en alguna chaza del centro”. Risas. “Claro. A esa no la mantiene el marido”. Risas. No resisto y volteo la cabeza para ver los rostros de esas voces: arrugas en frente, ojos y mandíbula; aretes de oro, cabellos blancos peinados como bombas de jabón. Me sonríen, yo les devuelvo la sonrisa. (Vea entrevista a Guido Tamayo, escritor y gestor cultural colombiano invitado al Hay Festival).

Un turbión de aplausos asalta el espacio cuando sale la rubia española. Silencio. Habla de su trayectoria, de las películas que le gustó hacer, de la película que hizo junto a Sergio Cabrera en los Llanos Orientales, en la que trabajó como guerrillera y de la que se despidió con una juerga que casi le impide regresar a España. Habla de cómo ha sido siempre una actriz de cine independiente. Del orgullo que le daría a su padre verla sentada ahí. En los palcos hay varios jóvenes. Al principio, antes de que Suárez empezara hablar, llenaban —supongo— las redes sociales con las selfis que se hacían con diferentes poses: risa carcajada, sonrisa mesurada, labios apretados. Cuando habla la invitada la pantalla del celular les alumbra el rostro.

Salir, almorzar, sudar. Ver cabezas coloradas encima de los coches de 1546, manejados por hombres corpulentos y negros ébano. Caminar, quemarse los pies, los ojos, la frente. Seguir sudando. Volver al teatro. Escuchar al actor Jorge Perugorría decir: “No voy a reemplazar el cine cubano. Puede que no hagamos nada, pero puede también que lo estemos haciendo todo. No quiero hacer cine en Miami porque se pierde esta cosita —se toca el corazón—, esa chispita que tiene la isla”. Después de que comienza la charla, cinco o seis minutos después, entran al teatro dos mujeres vestidas de colores fuertes. Una lleva falda a rayas rojas y blancas, camisa roja, sombrero rojo, tacos negros. La otra, blusa azul celeste, pantalón verde, gafas azules. Delante de mí hay dos puestos libres, ellas hacen el intento de sentarse: la mujer que estaba al lado de las sillas vacías les hace un gesto con la mano. No les dice nada. Se supone que están ocupadas. Las dos mujeres, que cuando hablan arrastran el acento mexicano, se sientan a mi lado. La de adelante codea al hombre a su izquierda. Ambos ríen.

Dice Perugorría: “Qué bueno que Colombia está cambiando. Qué bueno que está cambiando para siempre”. Entonces recuerdo la pregunta que hizo una señora en la charla pasada: “Señora Emma, ¿usted qué piensa del momento político e histórico que está viviendo nuestro país?”. Recuerdo cómo la abuchearon, como las de atrás de mí —las que hablaban del bolso de Olivia y las que criticaban a una por no ser una mantenida— susurraban: “¿Quién es esa? Este espacio no es para hablar de esos temas”. Perugorría repite: “Este país está cambiando”. Yo lo dudo.