El beat de los perturbados

Hettie Jones: "no caímos en la cultura de la adquisición"

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En esta nueva edición de El Magazín, hablamos sobre la llamada "Generación Beat" y el valor de romper con una literatura que escondía la realidad marginal y el relato de personajes que vivían al margen de las buenas costumbres.

El 3 de junio de 1957, la Policía de San Francisco arrestó a Lawrence Ferlinghetti, librero de la famosa librería City Light, y a su socio Shigeyosi Murao, por los cargos de obscenidad, luego de que le vendieran a un agente encubierto una copia de Aullido y otros poemas de Allen Ginsberg. En octubre de ese año, luego de un largo juicio, el juez Clayton W. Horn, de California, declaró que el libro de Ginsberg no era obsceno y que a pesar de tener múltiples referencias sexuales y a las drogas, tenía un alto valor de reivindicación social. El poema “Aullido” sigue siendo hoy, más de 60 años después, la referencia de una actitud de inconformismo con el statu quo.

El juicio atrajo la atención hacia este grupo de jóvenes poetas y artistas que luego conoceríamos como Beat, una generación que abrió el paso no solo para el movimiento hippie, la contracultura y varios movimientos sociales, sino a un estilo de escritura que marcó a las siguientes generaciones.

Jack Kerouac recorriendo el país por la carretera, William Burroughs describiendo su experiencia como yonqui, Ginsberg haciéndole frente al American Way of Life, junto a Neal Cassady, Gregory Corso y Carl Salomon fueron algunos de los rostros más reconocidos de la Generación Beat, pero junto a ellos, otros nombres, como Carolyn Cassady, Joyce Johnson, Elise Cowen y Hettie Jones fueron también parte de este grupo, mujeres que no tuvieron los reflectores sobre ellas ni las mismas oportunidades de recorrer el mundo.

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“Hubo mujeres, estaban allí, yo las conocí, sus familias las encerraron en manicomios, se les sometía a tratamiento por electrochoque. En los años 50 si eras hombre podías ser un rebelde, pero si eras mujer tu familia te encerraba”, dijo el escritor Gregory Corso en una charla en 1994. Y así es, ahí estaban, más rebeldes que los hombres rebeldes. Una de ellas, Hettie Jones, poeta neoyorquina que causó revuelo no solo en su familia, sino en la sociedad, al casarse con el también escritor afroamericano Leroi Jones.

En su libro How I Became Hettie Jones, la poeta dice: “Habíamos sido más que medias veladas en nuestras piernas abiertas… Habíamos bailado, pintado, actuado y, sí, había escritoras entre nosotras”. Además de poeta, Jones ha escrito varios libros para niños y jóvenes, y es más conocida por su libro de memorias How I Became Hettie Jones. También fue la fundadora, junto con su exesposo Leroi, de la revista literaria Yugen, en la que publicaron sus poemas las grandes estrellas de esta generación.

¿Había machismo en la Generación Beat?

¡Claro! En esa época (estamos hablando del final de la década de los 50 y principio de los 60) las mujeres no trabajaban fuera de casa, éramos lo que llamamos “ciudadanas de segunda categoría”. Se suponía que nos casáramos jóvenes, tener hijos jóvenes y ciertamente no podíamos vivir solas en Greenwich Village, algo que yo sí hice, por eso me consideraban fuera de lugar. Había otras mujeres como yo, como Joyce Johnson, mujeres independientes, jóvenes que conocí. Y solo vivimos la vida que escogimos, que era muy diferente. Eso era lo que intentábamos evitar, esa idea de los hombres, que todavía existe. Pero éramos un grupo de mujeres independientes. No éramos las mujeres que Jack Kerouac y sus amigos seducían en la carretera, éramos mujeres que querían ser artistas por sí mismas. Tratamos de vivir nuestra propia vida, y eso fue lo que nos hizo diferentes. No se suponía que fueras intelectual, se suponía que te sintieras encantada por estar con un tipo simpático, se suponía que estuvieras casada y tuvieras hijos de inmediato. No se suponía que fuésemos escritoras o artistas, y cuando lo hicimos fuimos sospechosas. Una chica beat, la idea de una mujer que va de viaje por la carretera con Kerouac, no es quien yo era, ni tampoco mis amigas. Nosotras éramos quienes queríamos hacer arte por nosotras mismas.

¿No cree que es irónico que los beat, siendo la generación que se oponía al statu quo, fuesen en su mayoría hombres blancos?

Absolutamente. Eran en su mayoría hombres blancos. Mi esposo en esa época, Leroi Jones, junto con Bob Kaufman, era uno de los pocos hombres negros escritores, intelectuales, y aun así eran hombres, y su actitud hacia las mujeres era igual que la de los hombres blancos. Era un mundo de hombre blancos, sin importar si eras un artista. Mi relación con Leroi me mostró cómo era el mundo en realidad, y cuando tuve a mis hijas, era la madre de niñas negras, así que aprendí un par de lecciones muy pronto. A pesar de ser chicas beat, esas mujeres que conocía, que tenían ambiciones, fueron descartadas por los beat, y tuvieron que hacerse a un nombre ellas solas haciendo arte o escribiendo libros. Hicimos lo que queríamos hacer a pesar de que no se esperaba que lo hiciéramos.

¿En ese momento escribían pensando solo en el aquí y ahora o se proyectaban como una generación que perduraría en el tiempo?

Cuando estás en tus veintes no piensas en el futuro, solo vives de la manera en que sientes, quieres sentar un precedente, y eso es lo que creo que hicimos, pero no teníamos ni idea de qué iba a pasar cincuenta años después. En tus veintes solo quieres vivir tu vida, salir, tomarte un trago, hacer el amor, en eso es en lo que piensas.

¿Ayudaron a cambiar la historia?

Claro que ayudamos. Ayudamos porque no caímos en la cultura de la adquisición, la cultura de “tendré un trabajo y voy a ser millonario”. En esa época, la de Allen Ginsberg, Jack Kerouac, cuando estaba cansada con Leroi, era como vivir en una gran fiesta, porque vivíamos en un lugar muy grande (Nueva York), y los jóvenes de otras partes venían a la ciudad para convertirse en artistas, buscando libertad en una época muy difícil, después de la guerra. Ellos querían un cambio, y nosotros fuimos un modelo para que ellos fueran libres. Eso eventualmente tomó su propio rumbo en la cultura, abrió la puerta a los 60, que fue una década de mente mucho más abierta, cuando la gente estaba buscando una nueva forma de vivir. No digo que eso haya durado, pero sí marcó un camino para los movimientos de mujeres de los 70 y abrió la cultura americana a ver más allá del Estados Unidos blanco que aparecía en todos los libros. Teníamos muy pocos autores negros, o latinos, que fueran publicados, pero eso ha cambiado. Sí ayudamos a que cambiara, creo eso firmemente y con mucha pasión.

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¿Qué tan determinantes fueron las drogas en la Generación Beat?

No tanto. Es un gran mito. Si tomaron drogas, fue como un experimento. Quizás Burroughs era un yonqui, pero esa era su vida. Tal vez Allen experimentó con drogas una o dos veces, quizás mi exesposo (Leroi) experimentó un par de veces. Ocasionalmente nos fumábamos un porro. En realidad no consumíamos mucho. Kerouac bebía, pero ¿quién no lo hace? Los gerentes de las grandes compañías beben, y ellos son mucho más borrachos que él, ¿crees que estaba borracho cuando escribió todos sus libros? No. Era un hombre tímido, se tomaba uno o dos tragos para sentirse menos constreñido. Era un escritor, tenía que ser lógico a la hora de sentarse a escribir.

¿Cree que la Generación Beat sigue viva?

No, en realidad no. Todo pasó hace mucho tiempo ya. A los jóvenes les siguen gustando esos libros por la libertad que inspiran. Pero la vida ahora es muy diferente, con menos ataduras. En clase les cuento a mis estudiantes que para poder acceder a anticonceptivos teníamos que pretender que estábamos casadas y usar un anillo de compromiso falso. Nuestros libros se siguen leyendo porque éramos buenos escritores, y a la gente le gusta ver a los rebeldes pararse y defender sus principios, luchar contra la presión que la sociedad les impone. Como cuento en mis memorias, caminar por la calle con mi exesposo era una afrenta porque éramos una pareja interracial, esto puede que no sorprendiera en Colombia, pero en Nueva York era un gran impacto. Nuestros libros se mantienen actuales porque trabajamos muy duro por escribir bien. La gente sigue leyendo On the Road porque fuimos modelos para lo que venía después.

Usted trabaja en una prisión dando talleres de escritura, ¿cómo cree que eso los ayuda?

Estas mujeres tienen muy poco para hacer en la cárcel. Tienen ciertos trabajos pero luego son encerradas en sus celdas. Yo logré obtener un permiso para reunirme con ellas en un salón y enseñarles escritura. Es darles una voz para explorar sus vidas, y algunas de ellas sí que escriben sus vidas, les da cierta confianza que necesitan cuando salen de prisión y tienen que reconstruir su vida en el mundo, donde van a tener que trabajar y yo me alegro de ayudarlas en ese proceso.

Escribió un libro sobre Rosa Parks que nunca fue publicado, ¿por qué?

La editorial me pagó un avance por el libro y nunca lo publicó. Yo estaba muy molesta. Ahora se han escrito muchos libros infantiles sobre Rosa Parks, pero yo fui la primera. En varios aspectos yo siempre he sido la primera en hacer muchas cosas de las que la gente sospecha. Nunca me dijeron por qué no lo publicaron, pero yo sabía: no lo publicaron porque lo consideraban un libro peligroso. Porque era una postura política.

La mayoría de sus poemas y libros son muy políticos, ¿cree que hay una manera no política de escribir?

Uno nunca es más o menos una persona política, especialmente en épocas en las que debes ejercitar tu voz política; sin embargo, aun cuando escribo sobre el clima, historias sobre tener hijos, o cuando escribo sobre ser mujer, mi voz política se abre paso. Siempre pienso que sin importar quién soy, siempre soy la misma persona, no importa si mi voz política sale en un poema, bien, o si quiero hablar sobre la belleza de la luz del sol o de la luna. Nunca trato se separar mi punto de vista político de lo que escribo.

Varios de sus libros para niños tienen como protagonista a niños afroamericanos…

Cuando estaba escribiendo esos libros, más o menos en 1970, no había libros para niños o jóvenes que mostraran a niños afro, ¿dónde estaban esos niños en la literatura? Fueron excluidos, no había fotos de ellos. Eso ha cambiado en este siglo, y me alegra. Ellos necesitan ver su imagen, que les dé la confianza para crecer. ¿Por qué mis hijas han escrito libros también? Porque ellas siempre supieron que pertenecían a algo.

 

* Por: Jhonny R. Quintero

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