Judíos, algo más que Auschwitz

El historiador y catedrático británico Simon Schama presenta en el Hay Festival de Cartagena su más reciente libro: “La historia de los judíos”, en el que realiza un recorrido por una de las culturas más antiguas de la humanidad.

Judíos ultraortodoxos protestan en un puente de Jerusalén a causa a la decisión del gobierno de Israel de cortar los fondos para los seminaristas. / EFE

En el primer plano del video hay tres hombres con abrigos negros. Uno tiene un violín sobre su hombro derecho, otro, un violonchelo agarrado con la mano izquierda y el otro está frente a un piano. Luego, cuando la imagen cambia, se ven los labios rojos de una mujer, sus aros dorados, sus ojos verdes. Ella —que no parece tener más de 35— está tocando el violín. La cámara no tarda más de diez segundos en cambiar de imagen. Y, sin embargo, esos diez segundos son suficientes: su frente arqueada, boca apretada y ojos que parecen vidrio. La expresión de su rostro delata en esos diez segundos frente al lente dónde está. Qué puede estar sintiendo. El grupo, que está sobre un escenario negro, toca una pieza sin voces. Detrás de ellos, como el King Kong de Peter Jackson, una estructura café se roba las miradas. (Vea aquí nuestro especial sobre el Hay Festival)

El video, que fue montado a la red por el diario El País de España, muestra en un minuto con cincuenta y cuatro segundos parte de la conmemoración de los setenta años de la liberación de Auschwitz por el ejército soviético. Algunos de los sobrevivientes al campo de concentración nazi estuvieron presentes en el lugar que hoy es uno de los museos más visitados del mundo: el año pasado recibió 1,5 millones de visitantes. “Por cuestiones de edad, este es el último aniversario redondo con un número importante de supervivientes. Por eso ellos serán el centro de atención y no habrá discursos de políticos. Será muy emotivo escuchar a los testigos, pero debemos pensar cómo las generaciones posteriores a la guerra mantendremos la memoria”, dijo Piotr Cywinski, director del Museo Auschwitz-Birkenau. Cywinski habla no muy lejos de las celdas donde los nazis castigaban a morir por inanición y de los cubículos del tamaño de una cabina de teléfono donde se podían hacinar durante varias noches cuatro o cinco prisioneros considerados rebeldes por sus carceleros. (Vea entrevista a Guido Tamayo, escritor y gestor cultural colombiano invitado al Hay Festival).

Aunque se conozca casi todo de Auschwitz, no entendemos nada. El dolor y la tragedia humana sublevados al límite escapan de la imaginación de nosotros que, además de haber nacido casi medio siglo después, poseemos una ignorancia rampante acerca de quienes habitaron esos muros, pisaron ese césped, cayeron sobre ese pantano. Tras la indiferencia e incluso la negación de la realidad en ciertos países, se han necesitado 70 años para legitimar la enormidad de lo que ocurrió en pleno corazón de Europa: una máquina de muerte programada, sistemática e industrial que tenía el objetivo de borrar de la faz de la Tierra a todo un pueblo.

Simon Schama —hijo de un inmigrante judío— ha pasado su vida recogiendo los testimonios de ese pueblo. No sólo de quienes estuvieron en los campos o en la Alemania del 33, sino de esos personajes invisibles que rara vez entran en el relato. El historiador británico narra la historia de los judíos a lo largo de tres milenios, desde sus orígenes como una tribu en la Antigüedad hasta el presente. Recorre siglos y continentes: desde la India a Andalucía, de los bazares de El Cairo a las calles de Oxford. Visita lugares remotos: un reino judío en las montañas del sur de Arabia; una sinagoga siria recubierta por brillantes murales; las palmeras de los enterramientos judíos en las catacumbas romanas. Y logra que las voces se oigan nítidas: la severidad y el gozo de los autores de la Biblia, o la poesía amorosa de los aficionados al vino en un jardín de la España musulmana.

Uno de sus libros, La historia de los judíos (2015), muestra el Talmud (obra que recoge las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas) ardiendo en las calles de París, los patíbulos presidiendo las plazas del Londres medieval, un artesano mallorquí dibujando el mundo de nuevo. Schama enciende velas, canta salmos, carga mulas y muestra el naufragio de barcos llenos de especias y joyas. Ha hecho todo por hacerlo ver: dirigió una serie de televisión de cinco capítulos para la BBC de Londres con el mismo título que su obra e hizo otro tomo del libro que supera las 1.500 páginas.

El intento por redescubrir una cultura milenaria ha llevado a Schama a mostrar el judaísmo no como una cultura lejana, como a menudo se supone, sino un mundo judío inmerso y marcado por los pueblos entre los que ha habitado: de los egipcios a los griegos, de los árabes a los cristianos.

La historia ha reducido cruelmente el pasar de los judíos. Adjudicamos como único y primordial hecho el exterminio al que se vieron sometidos, pero hay más momentos, más hitos. En una entrevista a Simon Schama le preguntaron: “Ni el color, ni la cultura, ni el lenguaje… ¿Qué tienen en común los judíos?”. “La destrucción no es única de los judíos, lo que sí es único es sobrevivir a la catástrofe una y otra vez”, respondió.

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