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hace 12 horas

Historia de un secuestro olvidado

En 1958, un avión cubano fue retenido por el Movimiento 26 de Julio, afecto a Fidel Castro. El periodista Reyes cuenta por qué se interesó y qué hechos desenterró.

“Todos los días extraño el periodismo escrito”, dice Reyes.

Decir que Gerardo Reyes (Cúcuta, 1958) es el periodista colombiano más galardonado, es verdad de Perogrullo. Pero no sobra repetirlo. Desde 1980 cuando llegó a la Unidad Investigativa de EL TIEMPO hasta hoy, ha cosechado todos los premios que cualquier periodista ambicionaría. De hecho, es el único colombiano en ganar el Premio Pullitzer de Periodismo (1999).

Después de pasar por el Miami Herald, el Nuevo Herald, y de ser asesor de varias publicaciones en el continente, desde abril de 2011 es el director de “Univisión Investiga”, equipo de investigación de esta cadena con 64 estaciones en Estados Unidos.

Como líder de este equipo en menos de tres años ya ha sido merecedor del “Pea Body Award”, uno de los premios más prestigiosos de televisión por Rápido y Furioso, investigación sobre el desvió de armas hacia los carteles mexicanos de una operación encubierta del gobierno de Estados Unidos. Esta también le mereció el primer lugar en la categoría de televisión del IRE (Investigative Reporters and Editors) la asociación más importante de periodistas investigadores de Estados Unidos. Y un Emmy a la mejor investigación por el especial El Chapo Guzmán, el eterno fugitivo.

Los reconocimientos, sin embargo, no lo alejan. Reyes es disponible para conversar –y más si es un colombiano quien lo busca- y tiene los deseos intactos y la curiosidad de un novel reportero, como si aún fuera ese chico que llegaba en motocicleta a planear investigaciones con Daniel Samper y Alberto Donadío, a comienzos de los años ochentas.

Descendiente de la familia que introdujo el cultivo de café en Colombia, Reyes Copelo, le hizo un campito a su agenda para conversar sobre Periodismo, su nuevo libro y sobre proyectos venideros. Hablamos en su oficina de la sede principal de Univisión en Miami. El espacio es sencillo: un escritorio con un ordenador, algunos libros y una pelotita de tenis con la que se desestresa, cuando deja el teclado. Encima de una gaveta empotrada en la pared, hay cuatro fotogramas de las investigaciones que ha liderado y que han sido objeto de importantes premios.

Este admirador de la obra periodística de German Castro Caicedo y de Alberto Donadío, sonrió recordando sus inicios en el periodismo y habló generoso de sus actuales investigaciones y de las venideras, entre otras, una que liderará sobre el futbol y la corrupción en América Latina.

A Gerardo Reyes siempre lo hemos leído ¿Cómo fue ese paso de prensa a televisión?

Terrible, todos los días extraño el periodismo escrito. Cuando tengo que sacrificar información por imagen, cosas que sean más ilustrativas que otras a pesar de que esas otras sean más informativas. Pero cuando veo el efecto que esto tiene me compensa toda esta frustración.

¿Cuál ha sido su mayor satisfacción desde que está en televisión?

Los especiales del “Chapo” Guzmán y el de Rápido y Furioso, que es más crónica que investigación, porque logramos encontrar estas armas de la operación y las que habían incautado en México. Descubrimos que había por lo menos 100 que salieron de U.S.A. y fueron usadas en escenas de crímenes en México.

¿Cómo ve el periodismo investigativo en Colombia y Latinoamérica?

Es espasmódico. Tenemos países que por determinadas condiciones tienen un gran repunte. El impacto que logran dentro de la sociedad civil tiene mucho que ver con que lo que deberían hacer las fiscalías y procuradurías lo hacen los periodistas. En otras, como las investigaciones que hacía Gianina Segnini, en Costa Rica, funcionaban porque la fiscalía al otro día asumía una investigación seria.

Por ejemplo, la investigación que sacaron en México sobre la casa del presidente Peña Nieto es un trabajo típico de periodismo. Algo que nadie sabía, que trataban de ocultar y sin ningún aporte de organismos de investigación.

Como jurado del Premio de Periodismo de Investigación veo cosas muy buenas a nivel regional, ese periodismo abandonado por la arrogancia centralista de nuestras capitales es una de las cosas que entusiasma. Pequeños pueblos de Brasil, Colombia, de Perú; gente que se dedica -y donde la adversidad es mayor porque puedes encontrarte fácilmente en la calle al alcalde que se investiga-. Esa es la tendencia, pero creo que falta mucho más en materia de negocios, de meterse a averiguar en el sector privado.

Periodismo de alto vuelo

Desde hace más de una década Gerardo Reyes le roba espacio a sus descansos y a sus recursos para investigar y escribir el libro Vuelo 495, próximo a salir al mercado, sobre el primer secuestro aéreo en los Estados Unidos, ocurrido en noviembre de 1958.

El hecho tiene lugar un par de meses antes de la Revolución Cubana, cuando un grupo del “Movimiento 26 de Julio”, secuestra un vuelo de Cubana de Aviación en Miami con destino Varadero. Los chicos son inexpertos por lo que la operación termina en una tragedia en la que perdieron la vida más de la mitad de los pasajeros.

Es de suponer que como ocurre muchas veces en el periodismo, la historia encontró a Gerardo Reyes y no al contrario…

Sí, mi interés en la historia comienza desde el día en conocí en Miami a Omara González, una cubana que desde que sobrevivió al siniestro hace 57 años se pregunta todos los días por qué la justicia nunca llegó y la tragedia quedó sepulta en el olvido y la impunidad. Uno de sus primeros comentarios cuando la conocí es que se sorprendía que fuese un periodista colombiano y no un cubano que se interesara por el tema.

¿ y por qué ese interés?

Porque ofrecía todas las provocaciones periodísticas de una buena historia: pocos la sabían, a uno que otro no le convenía que se contara y el drama de los sobrevivientes era inédito. Si a eso se le suma la época en que ocurre, vísperas de la revolución cubana y los personajes, no podía decirle que no. El drama del secuestro contado por sus víctimas es un pretexto insuperable para atravesar una época tan fascinante como difusa de la historia de Cuba y Estados Unidos, la relación pasional entre ambos países y la vocación conspirativa de Miami que entonces era una ciudad procastrista y financiaba la revolución.

¿Cómo fue el proceso de investigación?

Al principio tenía un material testimonial, las versiones de Omara y de Osiris Martínez, otro sobreviviente que perdió a su esposa y tres hijos en la tragedia. También conseguí la entrevista con la viuda del piloto y sus familiares. Luego ocurrió algo que revivió el tema: una disputa en Miami por una herencia entre uno de los sospechosos del secuestro y su hermana. Eso me puso en la pista del sospechoso para establecer cómo y cuándo había llegado a Miami. Entonces viajé a Washington y me metí tres días en los Archivos Nacionales donde encontré numerosos confidenciales de la embajada de Estados Unidos con los informes que prepararon dos vicecónsules enviados al lugar del accidente. Eso me permitió ubicar testigos de la caída del avión en la Bahía de Nipe, cercana a un central azucarero norteamericano en donde nunca pasaba nada extraordinario. También me sirvió para empezar a darle vueltas a la hipótesis de que el gobierno de Estados Unidos no parecía muy interesado en que se hiciera escándalo con el secuestro porque podría descarrilar una revolución con la que simpatizaba.

A Gerardo Reyes siempre le hemos leído unas historias fascinantes y reveladoras. ¿Por qué le gusta tanto esta investigación?

Es una crónica que tiene de todo, historias de tragedias personales, la aventura de la supervivencia de los pasajeros, los detalles de un tornado social en formación (la revolución cubana) e intrigas políticas. Siempre estuve pendiente de que el lector se sintiera paseando por los escenarios de la vida de Miami, de La Habana, de sus centrales azucareros y por supuesto del pasillo del avión de Cubana de Aviación, un Viscount Vicker de cuatro motores, en las horas terribles que vivieron los pasajeros desde que un comando de inexpertos y locos anunció con tono trascendental que ellos serían los protagonistas de una operación nunca vista en la historia de Estados Unidos. Quizás era lo único en que tenían razón.

La publicación se dará justamente en una época de ablandamiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos...

Sí, pero cuando la editorial me ofreció publicarlo no se habían dado estos cambios de Washington. Lo curioso es que en la época en que transcurre el drama del Vuelo 495, el gobierno de Estados Unidos, había caído bajo el encanto de la figura del guerrillero barbudo de la sierra cubana, Fidel Castro, que luchaba contra la dictadura de Batista.

Bueno, a punto de cerrar este nuevo capítulo, ¿qué sigue? ¿Qué tema hay que no ha investigado que se muere de las ganas de hacer?

Siempre he tenido pendiente un tema que ya hizo el New York Times: meterse en la ciudad averiguando quiénes eran los dueños de los grandes condominios de la ciudad y encontró gente con antecedentes oscuros, con dinero que nunca le preguntaron de dónde lo sacaron para comprar esas propiedades. Eso quisiera hacerlo en Miami, donde viven muchos latinoamericanos muy pudientes y hacer un documental o un libro sobre eso.

Centrándonos en Colombia, ¿Cuál cree que es el aporte que le puede hacer el periodismo al posconflicto en Colombia?

No creo que el periodismo tenga que estar supeditado a unas condiciones, ya sean excepcionales o no. Si uno cumple con contar las cosas buenas y malas, no pensar en las consecuencias que puede tener para el país. Preconflicto o posconflicto, el periodismo tiene que jugar su papel fundamental que es informar equilibradamente. Y no más.

¿Hasta cuándo va a estar Gerardo Reyes en el periodismo?

Hasta que tenga que escribir mi obituario. Yo no puede dejar esto para dedicarme a otra cosa.

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