Historias de Vida

Ana María Ibáñez: “Quiero aportar a dar discusiones políticamente difíciles, pero informadas”

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Ana María Ibáñez, en una nueva entrada de la serie Historias de Vida, creada y producida por Isabel López Giraldo para El Espectador, habla sobre su vínculo con la academia, acerca de los estudios que ha realizado alrededor de la violencia en Colombia y sobre su interés por hacer investigaciones que se traduzcan en el desarrollo y ejecución de políticas públicas. Esto, dado que su interés es trabajar para beneficiar a poblaciones vulnerables.

Me define el ser mujer, independiente, académica. Ser mujer y no limitarme por las estructuras que la sociedad ha marcado en mi vida.

Soy tímida, introvertida, reservada, racional. Me gusta la lectura, la reflexión, compartir con mi familia y mis amigos, que son pocos, pero cercanos. Mis hijos son muy importantes en mi vida.

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Me concentro en proyectos que tengan impacto social. Con mi trabajo busco ayudar a mejorar las condiciones de las personas más vulnerables y que enfrentan condiciones difíciles. Esto lo llevo adelante desde la investigación, porque soy académica.

Orígenes

Provengo de familia de migrantes. Tengo raíces en Barranquilla, Cali y Pereira, ciudades que han marcado mi vida.

Rama materna

La familia materna es muy divertida. Llegó a Pereira cuando se estaba fundando.

Mi abuelo Olmedo, el mayor de los Londoño, proveniente de La Unión – Antioquia. Tuvo dos hermanos, Braulio y Delio, parientes de Santiago Londoño, médico y homosexual declarado en una época en la cual eso era algo inusual. Fue ganadero y finquero. Introvertido como lo soy yo, no le gustó la vida social a diferencia de mi abuela.

Mi abuelo un día decidió que quería ser médico, entonces estudió un tiempo en Chile para luego regresar al país.

Mi abuela Ester pertenece a la familia Vélez Marulanda, muy protagonista en la política activa de la ciudad. Fue una mujer supremamente linda, amante de la moda, entonces siempre estaba bien vestida y arreglada. A mí me regañaba porque yo no era vanidosa y porque subía los pies al sofá de su casa. Era moderna, se iba en su camioneta a la tienda de la señora Yamanaka, en Caloto, para atendernos. Pero también fue muy paisa y giraba alrededor de la familia.

En la familia de mi abuelo fueron muy progresistas, liberales y anticlericales. Hicieron el cementerio libre de Circasia donde se enterraba a los muertos de pie.

La familia se fue de Pereira durante la violencia. Inicialmente llegó a Bogotá, pero ninguno se adaptó entonces se establecieron en Cali.

Su hija mayor, mi mamá, Carmen Leonor – Carmenza, alcanzó a nacer en Pereira y sus hermanos en Cali. Fue muy rebelde, de mucha energía y de mente muy moderna. Cuando se graduó del Sagrado Corazón, colegio de señoritas, la mandaron a Londres para que se volviera aún más señorita. Pero fue todo menos eso, volvió aún más rebelde. Mi abuela lloraba cuando mi mamá se iba a los bares de Cali a bailar twist encima de las mesas.

Mis tías, sus hermanas menores, ya estaban casadas. Y aunque mi mamá tenía un novio en ruta para el matrimonio, le dijo que no quería casarse y que le presentaría a una amiga con quien seguramente sí lo haría, como en efecto ocurrió.

Entonces mi mamá se fue para Pereira en unas vacaciones donde vendió su pulsera de oro que le habían regalado sus padres y con los recursos se fue a vivir a Bogotá. Cuando se dieron cuenta, ya no pudieron hacer nada.

Mis tías Margarita y María Victoria tienen historias muy fuertes. Margarita, es escritora. Precisamente está consignando las memorias de las mujeres Vélez Marulanda. Fueron muy rebeldes, activistas, feministas que marcaron mi vida cuando vivieron en Bogotá por un tiempo importante.

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La familia tuvo tierras en Caloto – Cauca, que disfruté hasta mis quince años, cuando se vendió. Como mis abuelos tuvieron ocho hijos, los nietos éramos tantos que nadie nos prestaba atención. Acompañábamos el ordeño y nos la pasábamos montando a caballo.

También disfrutamos de la comida paisa. Preparaban los platos en leña y en horno de carbón.

Rama paterna

Mi abuelo se llamó Dionisio, también mi papá, y mi abuelita Beatriz. Eran de las Sabanas de Bolívar y realmente no contaron con mayores recursos.

Mi abuelo tuvo fincas, aunque no gozó de éxito en los negocios. Le gustaba conversar y leía mucho. Fue muy cariñoso con los nietos.

Mi abuela fue una mujer muy fuerte que vendía mercancías y cocinaba, porque fue muy recursiva y con su trabajo apoyó a su esposo. Ella también fue una persona muy importante en mi vida. La admiraba profundamente. Solo hasta su muerte supimos qué edad tenía, pues como era mayor que mi abuelo no dejó que se le preguntara, fue su gran misterio, un poco particular porque no había sido tradicional ni vanidosa. Recuerdo que se hacía vestidos sencillos, nada especiales.

En su casa pasamos vacaciones. Conocimos el desorden costeño donde todos hablan mucho y muy duro. Mi hermano y yo los escuchábamos en silencio.

Mi papá se educó en Tolú y después en Sincelejo. Es un personaje muy importante en mi vida, muy inteligente y rápido mentalmente.

Como él y sus hermanos fueron los únicos monitos del pueblo, les tocó ser pajecitos de todos los matrimonios que se celebraban allí. Estudió en un colegio donde los de cuarto y quinto compartían salón, los unos mirando para el norte y los otro para el sur.

Luego en familia migraron a Barranquilla, pues mis abuelos quisieron brindarles a sus hijos una mejor educación. Así que mis cinco tíos se hicieron profesionales. A los mayores los mandaron a estudiar a Bogotá. Como mi papá es el segundo, entonces a los dieciséis años ya estudiaba en la Universidad de los Andes matemáticas puras e ingeniería eléctrica.

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Mi abuela quería que mi papá se devolviera a Barranquilla, entonces le consiguió un trabajo en Cervecería Águila, pero él se le voló y regresó a Bogotá. Después hizo estudios de doctorado en economía en Harvard, pero no los terminó.

Casa materna

Mis papás fueron un par de locos, cuál de los dos más. Coincidieron en Bogotá, donde se conocieron.

Mi tía Beatriz, muy importante en mi vida, me cuenta que le habían dicho que Dionisio estaba muy enamorado y ennoviado con una mujer muy seria. Cuando llegaron a la fiesta donde la conocieron, la mujer muy seria estaba bailando flamenco sobre una mesa.

Se casaron un lunes en la mañana por la iglesia para complacer a mi abuela Ester, además en esa época no había matrimonio civil. Mi abuela llegó con ponqué y champaña, pero se le desbarató el ponqué, entonces mi papá tuvo que arreglarlo. Nadie daba mucho por ese matrimonio y ya llevan cincuenta y dos años casados.

Mi papá tenía que viajar a Boston para atender unos compromisos de verano con la Universidad de Harvard. Estaba yo recién nacida y fuimos a acompañarlo. Permanecimos tres años. Estando aquí, mi papá recibió a Guillermo Perry para que viviera por unos meses en nuestra casa, como está consignado en Decidí Contarlo. Perry dormía en mi cuarto y yo en la cuna. Guillermo me vio crecer.

Pilares de familia

Un valor fundamental fue el de la unión familiar.

Si bien mis papás fueron caóticos y llevaron una vida bohemia, llena de amigos alrededor, nos inculcaron valores muy fuertes, estuvieron siempre muy presentes y nos llevaron a todo cuanto pudieron.

En la casa de mi abuela Beatriz, quienes tenían que atender las labores de aseo eran los hombres. Esto fue así porque ella consideraba que después a las mujeres las iban a poner a trabajar mucho. Entonces mi papá tuvo una educación menos machista. Siempre me inculcó que debía ser una mujer independiente. La independencia de la mujer fue muy importante para mi papá y para los Londoño, y nos dieron muchas libertades.

Recuerdo que cuando llegaba donde mis tías Londoño, a quienes adoro, me regañaban y hacían énfasis en que debía responder: “Sí, señora. Aunque se demore más”. Decían.

Mis papás nos brindaron una educación mucho más moderna. En mi familia hubo un culto a la inteligencia, a la intelectualidad. Nos inculcaron muy fuerte la lectura.

Recibimos una educación muy sibarita, giraba alrededor de la buena mesa. Mi papá cocina espectacular.

Curiosamente, como resultado del caos de mis padres, mi hermano y yo resultamos psicorrígidos.

Hermano

Rodrigo es mi compañero de toda la vida. Es alguien muy sensible, organizado, buen estudiante. Era el que se ganaba todos los premios, a diferencia mía.

Cuando niña me daba rabia que a él le gustara tanto estudiar y a mí no; que se tomara toda la sopa, la misma que yo rechazaba. Pero hemos sido muy amigos, lo protegí siempre, lo llevaba a mis fiestas con mis amigas y novios. Siempre nos hemos acompañado.

Academia

La gran frustración de mi papá fue que a mí no me gustó estudiar. Todavía no entiendo la razón de esto. Asistí a un colegio suizo, el Helvetia, en el que fui muy feliz. Tuve grandes profesores. Pero era muy inmadura y necia, entonces me escapaba. No sé cómo no me echaron. Leí todo cuanto pude, una fortaleza que también me inculcaron los profesores. Me gustaron las matemáticas, pero perdí segundo bachillerato por francés. Algo muy merecido.

En el nuevo curso, cuando repetí, me encontré con mis grandes amigos, mis amigos del alma. Con ellos me gradué. Fueron mis contemporáneos, pues los otros eran mayores un año.

Cuando fui a presentar el ICFES, mi mamá me dijo con su característica paisa: “A usted le va a ir muy mal porque nunca ha abierto un libro”. Pero no fue así, obtuve un buen resultado. Hoy lamento no haber estudiado más en el colegio, porque de alguna forma perdí oportunidades. Pero me divertí muchísimo.

Decisión de carrera

Siempre me han gustado los temas ambientales, también el mar y el buceo. Pero Colombia era muy parroquial en esa época, entonces uno no estaba conectado con el mundo, algo muy importante para mis papás que nos enviaban a campamentos de verano en los Estados Unidos.

Quise estudiar biología marina y la única opción era la Tadeo. Mi papá me respaldó ofreciéndome estudiar por fuera, pero me asusté y no me fui.

Universidad de los Andes

Mi papá había sido profesor de economía en los Andes por muchos años, trabajó en el CEDE, y yo lo acompañaba. Entonces, por amor a mi papá, estudié economía, sin tener muy claro que fuera realmente lo que quería. Yo no tenía idea de qué era lo que estaba haciendo, a diferencia de las personas que tienen su vida muy planeada. Una vez comencé clases, me di cuenta de que había sido un acierto porque me fascinó la carrera. Me volví muy buena estudiante, me dediqué a estudiar con mucha disciplina y comencé a trabajar desde muy joven.

Estuve en el peor momento de la universidad. Había muy malos profesores, en general. No contábamos con mentores que nos ayudaran a entender qué podíamos hacer con la carrera. Ni siquiera pude contar con mi papá para eso, pues en un momento dado consideró que la economía no servía para nada y se concentró en sus negocios. Sin embargo, sí conservó el vínculo con economistas que con el tiempo se volvieron mis amigos. Comparto esta experiencia con mis estudiantes, a la gente joven que cree que uno debe tener la vida definida desde temprano y no necesariamente tiene que ser así.

Práctica profesional

Banco de Bogotá

Al comienzo pensé que quería estar en el sector financiero y trabajé un verano en el Banco de Bogotá. Aprendí mucho, pero me di cuenta de que no quería ser banquera.

Revista Estrategia

Después quise ser macroeconomista, que era el fuerte de los Andes en ese momento. Entonces empecé a trabajar en la revista de economistas que crearon María Mercedes Cuéllar y Rudolf Hommes: Estrategia. Como quedaba al lado de la universidad, terminaba clases y pasaba de inmediato. Trabajé con Martha Lasprilla, a quien quiero mucho, pues se convirtió en una jefe-mamá que me regañaba mucho.

En la revista escribí artículos y me divertí. Hay un número referido a los quince economistas más importantes de Colombia y a las diez promesas, yo escribí sus perfiles. Con esta edición nos ganamos un Premio Simón Bolívar.

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Federación Nacional de Cafeteros

Luego trabajé en la Federación de Cafeteros con José Darío Uribe, quien acababa de llegar de su doctorado. También con Alejandro Gaviria, que aún no lo había iniciado. Fui la menor de los tres.

Aquí ya tuve un trabajo mucho más formal que me dio independencia. Porque, para pedirle plata a mi papá, me tocaba hacerle un presupuesto.

A Jota se lo llevaron muy pronto al Banco de la República, que era el cielo de los economistas. Y me invitó a trabajar con él. Surtí el proceso en un momento en el que adelantaba la maestría.

Banco de la República

Finalmente fui aceptada para trabajar en el Banco de la República. En ese momento adelantaba mi tesis, que dirigía Alberto Carrasquilla, pero nunca terminé. Y no lo hice porque el tema no me gustó. A mí me gustan los temas más conectados con la gente. Pero en el Banco el trabajo, como es natural porque es el banco central, gira en torno a la tasa de cambio, a la tasa de interés, a la inflación. Temas importantes, pero que no me interesan mucho.

Ministerio del Medio Ambiente

Acababan de crear el Ministerio del Medio Ambiente, que absorbió al INDERENA. Esto fue en 1994, hacia el final del Gobierno de César Gaviria. Su primer ministro fue Manuel Rodríguez. Me pareció muy atractivo este ministerio porque en mi vida la naturaleza ha sido muy importante. Disfruto mucho del buceo y recuerdo que una parte importante de lo que me ganaba, lo gastaba en los viajes, trajes y equipos.

Al ministerio llegó Cecilia López, amiga del alma de mi papá, que se comportaba como una mentora, pero también como una mamá. Entonces también me regañaban por las decisiones que tomaba. Así pues, me fui para el DAMA, que es la secretaría del Medio Ambiente, con Eduardo Uribe y Mockus. A Cecilia no le gustó mi decisión, pero igual somos muy amigas y nos queremos mucho.

Doctorado – Universidad de Maryland

Me di cuenta de que quería aplicar al estudio ambiental el rigor que exige la economía. Entonces decidí estudiar una maestría en economía ambiental en la Universidad de Maryland. Tomé la decisión sin contar con la asesoría de mentores.

Me generó un choque muy fuerte cuando inicié en el primer año de doctorado. Lloré inconsolable, llegaba a mi casa pensando que era poco inteligente, que no entendía nada y no sabía qué era lo que estaba haciendo ahí. Tuve que estudiar con mucha disciplina y con las semanas fui obteniendo logros que me llevaron a continuar con el doctorado hasta graduarme.

Trabajé en temas ambientales, me interesaba ver los efectos de la contaminación sobre el bienestar de las personas. Este doctorado me permitió imprimir más rigor académico a los temas ambientales, lo que precisamente estaba buscando con mi formación profesional.

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Regreso a Colombia

En ese momento estaba casada con otra persona que se tenía que devolver a Colombia. Entonces viajamos y llegué a un país que estaba en el pico de la guerra (1998).

Comencé a trabajar en función de mi tesis. Estudié el impacto de la contaminación marina sobre la salud y el bienestar de las personas, en especial de la Bahía de Cartagena.

Esto exigía aplicar modelos epidemiológicos para vincular la contaminación a la incidencia de enfermedades gastrointestinales y después lo que esto implica para el bienestar de las personas. Algo similar a los análisis actuales de la pandemia.

Modelos econométricos sobre el desplazamiento forzoso

Me pareció muy difícil hablar de medio ambiente en un país que se estaba desangrando. Estaba muriendo gente y no me sentía cómoda hablando de preservar la naturaleza, sin que con esto le restara importancia. Así que dejé lo ambiental para aplicar mi conocimiento al tema de la violencia, específicamente al desplazamiento forzoso.

Utilicé los mismos modelos y técnicas con los que estudié los costos económicos del deterioro ambiental para para examinar los costos de la violencia.

Compartí mi idea con Mauricio Rubio y me invitó a unirme a un proyecto que adelantaban en COLCIENCIAS sobre desplazamiento forzoso, en un momento en el que poca gente sabía que existía. El presidente Ernesto Samper Pizano acababa de promulgar una ley sobre esto. Aplicamos a un concurso de COLCIENCIAS, pero no nos lo ganamos.

Más adelante, con una amiga alemana, Stefanie Engel, quien también trabajaba en estos temas, aplicamos por separado para que nos financiaran unas encuestas a la población desplazada. Contamos con el respaldo de la Universidad de los Andes cuando el director de investigación era Sergio Fajardo. En esta ocasión tuvimos éxito y pudimos sacar adelante nuestro proyecto.

La primera institución que hizo encuestas a población desplazada fue la Iglesia Católica en 1995 y luego nosotros. Fue una experiencia muy dolorosa. Vimos de primera mano la realidad de lo que estaba pasando.

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Regreso a Washington

Mi esposo tuvo que regresar a Washington y yo viajé a acompañarlo cuando estaba embarazada de mi primer hijo. Estando allí terminé mi tesis doctoral y nació mi bebé.

Yo quería ser una ejecutiva, pero la maternidad hizo que prefiriera dedicarme a mi familia, así que busqué un trabajo que me permitiera atender los dos temas. Decidí continuar con la vida académica. Trabajé en el Banco Mundial, desde donde continué con la investigación sobre desplazamiento forzoso. Esta investigación mostraba las razones del desplazamiento. Encontramos que, si bien existe poco margen de decisión, las personas tenían algo de agencia y tomaban decisiones para salvar sus vidas. La gente es víctima de la violencia y vive dentro de unas condiciones muy difíciles, entonces la población reacciona para minimizar su victimización. Encontramos que los más atacados eras los líderes, los propietarios de la tierra y los que tenían propiedad informal.

Era el año 2000. Por primera vez en Colombia se le puso estadística al estudio. Ya muchos sociólogos, antropólogos y gente muy importante habían aportado al tema con estudios importantes. Nuestra contribución fue hacer un análisis estadístico que permitía poner en cifras esta tragedia.

Fedesarrollo- Universidad de los Andes

Después de dos años en los Estados Unidos, regresé al país y me vinculé a Fedesarrollo por un tiempo breve. Luego volví a la Universidad de los Andes, donde por dieciséis años fui profesora, formé estudiantes y adelanté proyectos de investigación.

Para este momento se decía que los desplazados no existían, sino que eran migrantes económicos. Entonces escribí un libro con esos datos, incluí mi primer artículo traducido (año 2000) y expuse sus condiciones. Trabajé de manera intensiva en mi tema. Adelantamos un trabajo que nos financió USAID con el Banco Mundial. En el 2005, de nuevo, hicimos una encuesta para mostrar las condiciones del desplazamiento, que contó con el apoyo de la Iglesia Católica a través de la Conferencia Episcopal. Fue muy difícil, pero representativa de la población y tuvo muchísimo impacto.

Mi objetivo era demostrar que no se trataba de migrantes económicos, sino de personas que salieron huyendo, dejando sus tierras, pasando trabajos enormes, porque, además, los activos que perdieron fueron muy importantes. Calculamos la cantidad de tierra que habían perdido y mostramos con estadísticas el proceso que habían vivido.

Este estudio ayudó a la discusión del país. Fue un trabajo importante académicamente, pero también en cuanto a la experiencia personal, pues no es fácil separar lo académico de lo emocional y este es un tema que golpea por la estela de dolor que ha dejado. En una de las primeras encuestas que hicimos en Ciudad Bolívar con un par de economistas más jóvenes, Andrés Moya y Pablo Querubín, nos encontramos con un caso muy doloroso de una mujer. Ella vivía en una casa que tenía todas las paredes, pero con piso de pasto. Estaba tan deprimida, que no se levantaba de la cama. Desde allí nos contestó todas las preguntas.

Luego nos encontramos con un señor a quien nunca voy a olvidar. Se trataba de un líder agrícola, muy digno, que nos dijo que no le daba encuestas a nadie. Pero nos invitó a hablar al interior de su casa construida en un terreno lunar, muy escarpado, sin absolutamente nada alrededor, sin árboles, con un río totalmente contaminado del que salían burbujas y que se veían desde lo alto de la colina. Nos encontramos con que, en ese, su ambiente, tenía un pedazo de tierra cultivado con verduras y flores con las que adornaba su casa. También había domesticado palomas. Este fue todo un contraste. El de una mujer sometida por el dolor de su realidad y el de un señor que generó un océano azul en su nuevo micro mundo, cuando debería estar en su tierra, cultivándola.

Recuerdo que en el taxi que nos llevó y que nos esperó para devolvernos desde Ciudad Bolívar hasta el norte, ninguno de nosotros pudimos hablar de la tristeza. Esta experiencia me mostró la importancia del tema que estábamos estudiando. Entendí que había que visibilizar esa realidad con la mayor rigurosidad y seriedad para sustentar con cifras el dolor de millones de personas.

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Para Andrés Moya, uno de los economistas jóvenes del equipo, fue tan importante la entrevista de la mujer acostada, que viajó a hacer su doctorado en UC – Davis sobre los impactos de la violencia en la salud mental y sus implicaciones económicas. Actualmente hace proyectos específicos para mejorar las condiciones de las víctimas en función de que logren superar esta adversidad.

La sentencia de Manuel José Cepeda, magistrado de la Corte Constitucional de la época, se basó en estos estudios, y muchos de otros investigadores, para declarar el estado de cosas inconstitucional para la población desplazada. Con ella los desplazados se volvieron objeto de protección del Estado y obligó al gobierno de Álvaro Uribe a modificar su política, que sólo se concentraba en promover el retorno a su tierra de origen.

En el libro del 2008 se publicaron muchos aspectos que coinciden con la Ley de Víctimas, sin que con esto afirme que fue inspirada en nuestro trabajo, pero sirvió para las discusiones.

Cuando se es académico se hacen los estudios, se publican, se comparten con la academia internacional, se acompañan de seminarios y se continúa dedicado a los estudiantes. Pero también es posible ir más allá participando de la construcción de política pública del país. Esto último para mí ha sido muy importante y ha definido mi carrera como académica.

Con la encuesta del 2005 nos ganamos un premio internacional que consistía en una beca para financiarla , así como a otros proyectos más. Una parte la donamos a la Iglesia Católica para que continuara su trabajo.

Sé que mi investigación aborda temas polémicos, pero continúo trabajando en estos. Quiero aportar a dar discusiones políticamente difíciles, pero informadas. También lo hice con el Acuerdo de Paz presentando la investigación en foros de discusión con empresarios, hacedores de política, con gente que no estaba de acuerdo conmigo. Todo porque creo que debemos ayudar a dar debates informados y no desde la burbuja del académico.

Dirección del CEDE

El CEDE es el centro que maneja la parte de investigación y el que apoyó mis proyectos. Fue una experiencia magnífica en lo administrativo, pues siempre me ha gustado ser mentora de gente joven, apoyarla, verla crecer, dirigir sus tesis, animarla para que estudie doctorados. Muchos de mis estudiantes, después de los años, han trabajado conmigo y seguimos escribiendo juntos.

Seguí con mis trabajos, ahora estudiando la perspectiva de la población que se quedó en las áreas rurales y no ya a los desplazados. Siempre pensábamos que no podía haber una situación más dolorosa que la de los desplazados, pero cuando visitamos las áreas rurales, quienes se quedaron por diferentes razones, tienen vidas supremamente difíciles y dolorosas.

Una vez visité San Carlos – Antioquia, y me impresionó el que había sido una población de veinticinco mil personas de las que se desplazaron veinte mil. El éxodo fue masivo. En nuestra visita su gente ya había regresado y estaba como alcaldesa una mujer desplazada. Quienes se habían quedado se hacían llamar los resistentes. Ellos decían: “Gracias a que nosotros nos quedamos, este municipio todavía existe”.

Estudiamos casos similares: cómo vivían, cómo sobrevivían, qué pasó con su producción agrícola, con sus vidas. Encontramos personas en modo subsistencia. Primero buscaron proteger sus alimentos para el consumo y así no morir de hambre. Pero, además, se sustrajeron de la vida pública para no ser visibles y evitar que les hicieran daño. Su bienestar se vio muy comprometido. Estos trabajos los hicimos con Manuel Fernández, Margarita Gáfaro, Patricia Justino, Ximena Peña y Andrés Zambrano.

Con Juan Carlos Muñoz medimos la estructura de la propiedad de la tierra en Colombia, diseñamos el Atlas de la Propiedad Rural para mostrar los indicadores de concentración. Con este estudio ayudamos al proceso de paz, cuando lo lideraba Sergio Jaramillo, quien se apoyó en académicos para los distintos temas. Calculamos, con Julián Arteaga, Carolina Castro, Rocio Londoño, Manuel Murcia y Fabio Sánchez, el fondo de tierras del Acuerdo.

Publicamos con María Alejandra Arias, Adriana Camacho, Daniel Mejía y Catherine Rodríguez el libro Los costos económicos y sociales del conflicto en Colombia, en el que mostramos los efectos del conflicto armado sobre diferentes dimensiones económicas y sociales. La conclusión del libro fue que la guerra y el conflicto tienen impactos económicos muy fuertes que pueden perdurar por décadas.

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Decanatura de economía – Universidad de los Andes

Fui la primera mujer decana de la facultad de economía, desde donde trabajé con mujeres maravillosas. Nos molestan mucho nuestros colegas Latinoamericanos porque dicen que la facultad es un matriarcado, cuando realmente no lo es, pues apenas el 16% de la planta docente somos profesoras. Pero la facultad tiene mujeres académicas brillantes que han hecho aportes importantes a la profesión.

Entonces cuando asumí, después de haber sido directora del CEDE, nombré a Raquel Bernal, investigadora de muchos quilates, para que me sucediera. A Marcela Eslava, una gran investigadora, directora del doctorado. Las directoras de pregrado y posgrado, y la secretaria general, fueron mujeres. Daniel Mejía fue el único hombre del grupo directivo, director del CESED. Actualmente Raquel es vicerrectora académica y Marcela decana.

Modificamos el currículo del pregrado buscando fortalecer la formación en estadística y en matemáticas para que los estudiantes las vieran con curiosidad y sin miedo. Este fue un curso que desarrolló Paula Jaramillo en el que los estudiantes hacían una cantidad de proyectos divertidos sin darse cuenta de que estaban aplicando unas matemáticas sofisticadas.

Jimena Hurtado diseñó otros cursos en los que se buscaba que los estudiantes aplicaran la economía y entendieran que lo aparentemente muy extracto podía tener aplicaciones concretas y fascinantes. Quisimos que comenzaran a aplicar la carrera desde más jóvenes y experimentaran que la economía es chévere. Los llamamos Pensando en problemas y Haciendo economía I y II.

Para mostrar que la economía tenía un pie fuerte en la realidad, mis estudiantes de microeconomía, a sus 19 años, tenían que escoger un producto al cual debían hacerle seguimiento durante todo el semestre. Iban a Paloquemao cada mes a revisar precios, a preguntar cómo se produce, quién es el proveedor, como lo entregan y demás información relevante. También debían tomarse fotos en la plaza. Luego iban a Carulla para comparar y explicar las diferencias.

Hice un collage con sus fotos que aún no imprimo.

Después de cuatro años decidí retirarme para continuar con mi investigación y cuando consideré que ya estaban implementados los cambios que me había propuesto.

Universidad de Yale

En el 2016 fui profesora visitante, por seis meses, en la Universidad de Yale y continué dedicada a mis investigaciones. Se vivía un país muy polarizado por la discusión del proceso de paz, en el que yo creí siempre, entonces el cambio para mí fue muy provechoso.

Viajé con mis hijos buscando que no fueran tan parroquiales y que vivieran la experiencia. Salvador tenía 16 años y Antonia 14. Disfrutaron la libertad, se transportaron en bicicleta a donde quisieron y estudiaron en un colegio público que les encantó. Por mi parte, anduve de morral y tenis, cociné para mis hijos y los disfruté inmensamente.

Universidad de Princeton

Regresé a los Andes y pronto mi hija quiso volver a los Estados Unidos. Entonces apliqué a Princeton y viajé con mis hijos por otros seis meses, recibiendo la visita frecuente de Fidel. Como sus hijos viven en Washington, la casa se llenaba de alegría.

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Banco Interamericano de Desarrollo– BID

Hice investigación y fui profesora en Princeton hasta que me buscó el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para que aplicara a un trabajo. Pasé de la horizontalidad de la academia a la verticalidad de un organismo multilateral en el que hay muchas jerarquías.

He aprendido muchísimo y estoy haciendo investigación sobre migración nuevamente. De nuevo con un grupo maravilloso de investigadores: Dany Bahar, Andrés Moya, Marisol Rodríguez, Sandra Rozo y Andrea Velásquez. Ahora estoy estudiando el éxodo venezolano y las implicaciones que tienen los países que los reciben, así como la migración por causas climáticas.

El BID tiene un capital humano con unas capacidades impresionantes, así que me siento todo el tiempo retada. Pero también estoy disfrutando de Washington, una ciudad de mis amores, como Bogotá, Cali y Barranquilla.

Sigo siendo de la Universidad de los Andes, regresaré después de la licencia. Pero necesitaba un espacio, pues conocía tan bien la universidad que era importante hacer algo diferente por un tiempo.

Proyección

Soy una académica. Quiero seguir haciendo investigaciones enfocadas en temas sociales, en los problemas que se están viviendo. Con la realidad actual causada por la COVID-19, con el grupo de conocimiento del BID, escribimos dos documentos aplicados de política pública. Creo que no me voy a retirar nunca porque me parece delicioso estudiar y meterles cifras a las cosas, hacer trabajo de campo, encuestas, ver cómo está la gente y ayudarla.

Pero me he movido como gitana desde que salí de la decanatura, pues he estado viajando por el mundo. Ahora quiero asentarme.

Familia

Mi familia es mi vida, es mi prioridad; tanto Fidel como mis dos hijos. Me fascina mi trabajo, me divierte. Soy muy apasionada por lo que hago, pero mi familia está por encima. Cualquier decisión profesional está supeditada a la situación de los míos, sin duda alguna.

Mis hijos y yo somos muy apegados. Los he llevado conmigo a todas partes, incluso a hacer trabajo de campo. Salvador es un personaje maravilloso. Le gusta leer, escribe muy bien, tiene una memoria prodigiosa, es apasionado por la historia. Estudia en Williams College. Es activista político, entonces desarrolla conversaciones profundas de cómo cambiar el mundo. Es muy filosófico y profundo. Antonia es una mujer maravillosa. Estudia economía en Boston University. Ha jugado fútbol desde muy pequeña. Es muy inteligente. Tiene una personalidad fuerte, como la de las mujeres de la familia. Ha pasado por momentos muy difíciles y los ha superado con valentía. La admiro profundamente.

Fidel es mi ancla. Sin él no habría podido ser la mujer que soy. Su tranquilidad me permite desarrollar mi vida profesional. Con él me siento libre. Si estoy contenta con lo que hago, a él le parece perfecto. Me ha enseñado mucho. Es un hombre muy liberal, el menos machista que conozco. Con su carácter ha ayudado a moderar el mío, que tiende a ser rígido, entonces a través de él mis hijos se han beneficiado porque concede mayor libertad. Es amigo de mis hijos y se quieren.

Mi equilibrio en la vida personal y profesional, lo debo al contar con Fidel a mi lado.

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Reflexiones

Cuando revisa su historia, ¿qué reflexiones hace?

Observo que he sido muy apasionada con lo que hago. Incluso cuando era necia en el colegio, lo hacía con total pasión.

Me gusta sentir que mi trabajo ayuda, así sea en algo mínimo, a mejorar la vida de la gente. Por eso mi investigación se centra en la gente vulnerable.

¿Cuál es su sentido de la existencia?

La capacidad de sentirme tranquila y feliz con lo que hago, de ser leal a mi esencia. Y esto incluye el que mi familia y yo estemos bien.

¿Qué le gusta dejar en las personas que se acercan a usted?

Soy muy formadora de gente. He tenido muchos asistentes de investigación y estudiantes, y me fascina que en ellos queden dos enseñanzas: el rigor y la seriedad. Esto es independiente de la posición política que se tenga y de los estudios que se hagan. Toda discusión debe estar asentada en el rigor y la transparencia.

Les hago ver a mis estudiantes que la familia es muy importante y que se debe defender y priorizar. Porque considero que el trabajo no está por encima de todo.

¿Cuál debería ser su epitafio?

Fidel le puso el título a mi libro del desplazamiento porque a mí sólo se me ocurrían unos muy aburridos. Entonces que mi epitafio se lo inventen él y mis hijos.

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