Historias de tinta en la piel

El programa ‘NY Ink’ desentraña lo que sucede en un estudio de tatuajes y prueba que el milenario arte no es hoy solamente de miembros de pandillas o rockeros.

No es cierto que todos los tatuajes tengan una historia de fondo. Algunas personas lo hacen por el amor al arte, esa  es la única historia  que necesitan.
No es cierto que todos los tatuajes tengan una historia de fondo. Algunas personas lo hacen por el amor al arte, esa es la única historia que necesitan.

Lo que pertenecía a una subcultura pasó a formar parte de la corriente de masas. Los tatuajes, ese arte de pintarse la piel de manera indeleble, fue considerado por varios años un tabú. Hace 20 años era raro encontrar a un ama de casa o a una señora de 70 años con un tatuaje en la piel. Lo que era propio de un puñado de mechudos, lo que se relacionaba con algunas sectas e incluso con el bajo mundo, es ahora una práctica casi tan común como ir a la peluquería. “La televisión le mostró a la gente que tener un tatuaje no define quién eres. Puedes tener tatuajes y ser un millonario, un psiquiatra o un banquero”, sostiene Ami James, el líder de NY Ink.

El primer programa de televisión que se hizo a manera de reality sobre artistas del tatuaje fue Miami Ink, emitido en 2005. Después vendrían las versiones en distintas ciudades como LA Ink, en Los Ángeles, y NY Ink, en Nueva York, de la cual se acaba de estrenar la segunda temporada por el canal TLC.

En pleno Soho de Nueva York funciona la tienda Wooster Social Club, en la que bajo el mando de Ami James trabaja un grupo de personas. Allí, lo laboral y lo personal se mezclan y los dramas personales no faltan. Desde cuando se iniciaron los programas de televisión, su estudio, situado en Wooster Street, ha atraído no sólo a fans del programa con locos pedidos, sino también a turistas que se quieren llevar un recuerdo en la piel o gente de todo el mundo que aprecia el arte de los tatuajes y que los colecciona en diferentes estilos en los rincones del cuerpo.

“Uno de los tatuajes con más demanda es el símbolo de los Yankees, el equipo de béisbol de Nueva York. También está el logo de la manzana como símbolo de la ciudad o el del gallo, que es el de la tienda. Esos son los tatuajes que funcionan como souvenirs. Pero casi todas las personas entran a la tienda con una historia que quieren que quede grabada en la piel, que a su vez queda registrada en uno de los muros del estudio”, asegura Chris Torres, uno de los artistas. Muchos son adictos a los tatuajes. Ya no hay miedo ni al qué dirán ni al tabú, porque se convirtieron en una práctica común. No hay que confundir la adicción al dolor con la adicción a atesorar arte y pinturas que no dejen centímetros de piel libres.

A pesar de que se tiene la idea de que cada tatuaje tiene una historia de fondo, Ami James asegura que eso no es cierto. “Cuando hacemos el programa intentamos entregar historias para que la gente entienda los diferentes significados que tienen. Si no hay historia, la gente tendría que verme tatuar por dos horas, lo que sería aburrido. Así que escogemos a esas personas que han puesto esfuerzo y experiencia, memorias y anécdotas para que salgan en el show. Pero cualquiera puede venir a decir ‘me encantan los dragones y quiero hacerme uno’, esa es toda la historia que hay detrás. Algunas personas lo hacen por el amor al arte, la única historia que necesitan es ‘me encantan las mariposas, las rosas’, lo que sea...”, confiesa.

Sin embargo, también hay historias drásticas, dolorosas, alegres y algunas logran afectarlos. De hecho, hay tatuadores que se han tenido que tomar un respiro porque las historias de los clientes los intoxican. Tommy Montoya es experto en hacer retratos memoriales, es decir, de gente que ha muerto. Y relacionar los tatuajes con la muerte no siempre es fácil para él.

Dentro de los estilos está muy en boga el fotorrealismo, muy utilizado para los retratos de las personas. También está el stippling, hecho a partir de puntos y sombras, como si se remontaran al puntillismo de los impresionistas. También está el estilo japonés o el tribal, que es el más pasado de moda. Aunque algunos tienen su especialidad, todos tienen que dominar todos los estilos.

Megan, una de las mujeres del estudio, suele atender al público femenino, porque se sienten más cómodas con ella. Las mujeres mayores piden flores, mariposas, estrellas, los nombres de sus hijos o de sus nietos. Según James, hay mucha delicadeza en esos pedidos. Megan tiene uno de los tatuajes más llamativos. En su espalda exhibe a la niña afgana de ojos azules que tuvo la icónica portada de National Geographic de 1984.

Los viernes a las 9:00 p.m. por TLC.

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