Historias de vida

Soy Neyffe del Valle y mi carácter es solitario

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En este texto de la serie Historias de vida, creada y producida por Isabel López Giraldo, presentamos a Neyffe del Valle, artista bogotana.

Orígenes

Nací en Anolaima – Cundinamarca el 17 de agosto de 1927. Mi familia la componían mi padre, Maximiliano Borraez, y mis seis hermanos mayores: Elvira, Luis, Alberto, Maruja, Lilia y Betty. Mi madre murió al momento de mi nacimiento.

Unos años después nos trasladamos a Bogotá. Mis hermanos hombres fueron llevados a un internado y mis hermanas y yo, excepto Elvira, la mayor de mis hermanas, quien quedó a cargo de la casa y de todos nosotros, recibíamos clases privadas en la casa. Esto funcionó así por años pues a mi papá no le gustaba la idea de que tuviéramos que salir.

En esa época descubrí el arte, al que le dediqué mucho tiempo. Si bien atendía mis responsabilidades académicas, me dedicaba mucho más al dibujo. Mi familia, entonces, me animó a que lo hiciera.

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Cinco años más tarde, mi papá nos envió al colegio Pestalozziano para que presentáramos los exámenes oficiales y así pudiéramos iniciar nuestro bachillerato. Mis resultados fueron muy favorables, mejores que los de mis hermanas, a quienes les gustaba más jugar que estudiar. En este colegio hice muy buenas amigas con quienes sigo socializando.

Experiencia laboral

Una vez me gradué quise trabajar de inmediato, pero mi papá consideraba que eso no era propio para una mujer, le significaba un insulto. Mi amiga Rosemary, que trabajaba en el Royal Bank, me dijo que había una vacante para una persona con un perfil como el mío. Le pedí autorización a mi papá apoyada en mis hermanos. Fue así como inicié mi vida laboral.

Poco tiempo después, Elvira quiso que yo ingresara a estudiar a la Escuela de Artes de la Universidad Nacional. Comencé encantada y me sentí muy feliz, hasta el día en que mi papá fue a visitarme para encontrarse con que la mayoría de mis compañeros eran hombres. Fue así como, en segundo año, tuve que suspender.

Matrimonio

Después de mucha insistencia, volví a trabajar, en esta ocasión en Icollantas. Estando allí conocí a Clemente del Valle Rodríguez, con quien me casé el 23 de diciembre de 1953.

Clemente podría definirse como un hombre de empresa, un visionario y un luchador. De profesión químico e ingeniero (en ese tiempo no existía la Ingeniería química). Emprendió durante toda su vida muchas causas que a la postre alcanzó a concretar, apreciar, y cosechar sus resultados; una ejemplar carrera con B.F. Goodrich – Icollantas, 55 años de servicio, y de manera paralela realizó emprendimientos particulares en la creación de CAFAM, en el Club Rotario de Bogotá, en la Asociación Cristiana de Jóvenes y en el gremio de Gestión Humana, como presidente de la Asociación Colombiana de Relaciones Industriales y Personal ACRIP y posteriormente la de FIDAP, hoy, FIDAGH (Federación Interamericana de Asociaciones de Gestión Humana).

Con Clemente compartíamos mi fascinación por el arte, la música y el baile, igualmente nos gustaban los deportes, montar a caballo, jugar tennis y golf. Estas aficiones se las inculcamos a nuestros hijos.

En julio del 2008, después de 55 años de matrimonio la muerte se lo llevó, fue el momento más difícil de mi vida. Perder el compañero que me acompañó tantos años me sumió en la más profunda tristeza, afectando mi producción artística.

Una vez casados y después del nacimiento de nuestros cuatro hijos: Julia, Lilia Elena, Clemente Luis y Carlos, mi esposo apoyó mi gusto por la pintura, entonces comencé a estudiar en la Universidad Javeriana. En el taller de mi casa, ubicado en el patio de atrás, podía pasar horas inmersa en mi pintura. Esto fue posible gracias a la colaboración de mi hermana Lilia, quien me apoyó siempre con la crianza de mis hijos.

Mi profesor de Apreciación del Arte, Francisco Gil Tovar, crítico de arte, inició un curso con cuatro señoras, pero que, con el tiempo, se fue diluyendo hasta quedar yo sola. Fue así como Francisco se dedicó a mí, me dio clases en mi casa pues él reconoció en mí, talento y profundo amor por el arte.

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Vida de artista

Mi nombre artístico es Neyffe del Valle. Mi ciclo de exposiciones se inició en la Galería de Arte que los jesuitas de la universidad tenían en Cartagena. Era 1962. Esta experiencia me gustó tanto que a mi regreso busqué hacer una segunda exposición en el Colombo Americano, pinturas a lápiz y flores al óleo con espátula, combinación de negro y derroche de color. Gustó tanto que vendí la obra; dos clientes quisieron el mismo cuadro, pintado a lápiz, era un desnudo de una mujer sentada con un sombrero muy grande de flores.

Mis mujeres calvas y desnudas fueron un descanso, un remanso. Las despojé de la hipocresía y de la apariencia. Mi concepto como quedó plasmado en varios artículos: “el feminismo es hipócrita, sin embargo, si se le orienta bien, puede ser un progreso”.

Para una exposición en 1979 me preguntaron “¿Qué piensa del feminismo una mujer que solo pinta mujeres?” Mi respuesta fue “El feminismo es hipócrita. Si se le orienta bien, puede ser un progreso para que la mujer se realice, no para que compita con el hombre. La independencia económica debe ser una base de liberación”.

¿Que mensaje trata de comunicar con su obra? “Eso depende mucho del receptor. Yo pinto lo que siento, lo que veo en la realidad y lo que sueño. Unas veces mi obra comunica dolor y angustia. Otras tranquilidad y paz.”

Mi primera venta importante la hice a una señora de una embajada que visitó una siguiente exposición también en el Colombo Americano. La obra fue hecha con espátula. A partir de ahí comenzaron mis exposiciones individuales.

La chatarra- protagonista en su obra

Un día cualquiera me encontré en la calle una máquina de escribir despedazada. Me enamoré de las piezas, las lavé y decidí que debían formar parte de una de mis obras. Las trabajé sobre una base de madera que pinté al óleo. Se me ocurrió colgarla de un cuadro de madera. Se la presenté a la directora de la galería que, sin mencionarlo, se la vendió a un arquitecto. Cuando supe de eso le dije: “pero estaba sin terminar”.

Siempre me gustó todo lo manual. En mi taller había yunques, sopletes y martillos. Exploré distintos materiales para hacer mi obra, tales como plástico derretido, arena y papel. Cortaba los metales, los maquillaba y les daba forma apoyada en la madera. Para el momento resultó muy disruptivo.

Para mí, este trabajo en el que el ensamblaje de chatarra se ayuda con la pintura, es en todo caso una obra de sugestiones, brillante y tranquila, con una cierta fascinación mágica y un notable sentido del atavío.

Benhur Sánchez, en el libro Panorama Artístico Colombiano, agregó sobre esta etapa de mi obra “La combinación de la chatarra (vidrios, plásticos, puntillas, alambres, láminas montados sobre madera para formar un todo armónico) con el óleo, permite establecer una sublimación de los medios empleados, una mejor captación de las imágenes, una aceptación en cuanto a la utilización de estos medios que son un aporte para la vida visual e intuitiva del espectador”.

Tú y yo

Una siguiente la llamé Tú y yo, en la que combiné pintura con chatarra. Aquí comenzó un cambio muy especial en mi estilo; entré en un mundo híbrido que no era común. Comencé a darle vida a la chatarra ensamblándola con diferentes metales: plata, cobre y bronce. Aprovechando el color natural con que llegan, logré efectos inesperados. Paralelamente trabajé el collage con papel y el óleo, con los que encontré muchísimos y agradables resultados.

Peces abisales

En un momento dado, comencé a diseñar, en chatarra, peces abisales inspirada en animales acuáticos que habitan las profundidades marinascon formas extrañas y sugerentes. Son misteriosos, ciegos en su mayoría, que tienen luz propia, la cual genera un contraste especial con la oscuridad total de su entorno: las profundidades marinas.

Las horizontalidades, tal vez lo único alusivo a estos habitantes marinos, son aleaciones de plata, estaño, bronce, níquel, alambres y tornillos sobre madera con oleo de un solo color matizado. El ensamblaje en chatarra es muy rico en posibilidades plásticas.

En opinión de Benhur Sánchez "ha tomado los peces como medios o explicación de una angustia contemporánea que fácilmente es aprehensible en la sobriedad de los colores, en la profundidad de los fondos, en la soledad de las imágenes. Peces devorando un espacio vital, un aire que falta, un apoyo que se espera.

Ahí están frente a uno el cobre desvencijándose en escamas, los alambres abriéndose como venas, puntillas como aletas y espinas y dientes formas de una monstruosidad que nos abisma y nos conduce no a la forma real de un pez solitario entre, sus aguas sino a un ser cuya soledad nos sobrecoge y nos embarga".

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Niños en la calle y apuntes de guerra

Hubo dos exposiciones que me dejaron especialmente contenta, muy satisfecha. La primera, Niños de la calle y Apuntes de guerra. Estas fueron exposiciones itinerantes; se mostró la obra en Cali y otras ciudades.

Niños de la calle es el reflejo de un mundo que en mí se ha ensimismado, un inquietante mundo silencioso de adolescentes yertos y aparentemente aplastados. “El arte no puede ser más de lo que cada artista es”, afirma el existencialismo. Si mi obra se debe a algo es a lo existencial, y esta colección es una genuina expresión de este. Me gusta hablar con la gente, me inquietan sus problemas y siempre los expreso con el arte que testimonia el mundo en el que vivo.

Apuntes de guerra es un trabajo consecuente con mis premisas y técnicas: resignificación de los objetos con propósitos simbólicos, la del drama humano y la de la obtención de efectos mediante el procedimiento del collage integrado con la pintura. Tiene una recóndita intencionalidad humanística: el hombre es en mi obra la víctima de la sociedad y sus mecanismos, y de ahí el sentimiento un tanto kafkiano que suele presidirme.

Mis cuadros tratan de aunar el drama con serenidad y cierto sentido mágico del color.

El mundo feliz

Me inspiró la obra literaria de Aldous Huxley, El mundo feliz, que me llevó a hacer una colección de dibujos a lápiz de personas deformes.

Siempre me ha movido la angustia de la gente, la tristeza de los niños, la tragedia de las sociedades, la miseria, la guerra. Todo ello siempre motiva un tema en el arte, como es mi caso. Mi idea es sobreponerse a la angustia, continuar, no detenerse en el dolor sino superarlo.

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Desnudos

También dibujé desnudos a lápiz; la obra era negra, oscura. Detrás de mi obra se podría decir que hay un trasfondo psicológico potente.

Para una exposición a la que fui invitada a Caracas, tuve que dedicar trescientos sesenta y cinco días con sus noches, en estas últimas acompañada por un bombillo, el mismo que me permitió producir hasta llegar de nuevo la luz del día.

Reflexiones

En mayo de 2017, para celebrar mis noventa años, quise hacer mi última exposición de arte enfocada, únicamente, en mi obra de Ensamblajes Metálicos, la cual fue todo un éxito y el escenario perfecto para recibir el cariño y reconocimiento de familiares, amigos, colegas y personas claves que me acompañaron y apoyaron durante mi trayectoria por el mundo del arte.

Ahora tengo noventa y tres años, una fractura de cadera y fémur, y uno que otro dolor que me han tenido aislada de mi producción artística.

¿Cuáles pintores fueron sus contemporáneos?

Obregón, Botero, Grau, Manzur, Manuel Estrada y Armando Villegas, entre otros.

¿Cuál es su elemento?

La chatarra, por maleable.

¿Si fuera un elemento de la naturaleza?

Sería el aire fresco.

¿Con qué animal se identifica?

Con el caballo, por su belleza y elegancia, que, además, está vinculado a mi infancia.

¿Con qué color?

Los siete colores que están en mi paleta. Pero me identifico, muy especialmente, con el rojo porque va con todo, le da vida a todo. También con el café, el chocolate y el negro, de la misma familia.

¿Qué hay en sus silencios?

Me sumerjo totalmente en la lectura y especialmente en mi arte.

¿Cómo define la felicidad?

Como sinónimo de tranquilidad.

¿Cuándo ha experimentado la plenitud?

Cuando pinto un cuadro y me sale bien.

¿Cuál ha sido su mayor frustración?

No haber podido estudiar medicina, ya que en las facultades del país no aceptaban mujeres, y a pesar de tener también la posibilidad de una beca para estudiar en el exterior, mi papá no me lo permitió. Otra frustración fue haber tenido que retirarme de las clases de dibujo.

¿Cuál es su mayor logro?

Conseguir consolidarme como artista en una época en que la mujer era discriminada y el arte era considerado bastante liberal y un asunto para hombres.

Reseña de su mentor y crítico de arte, Francisco Gil Tovar

Neyffe del Valle pertenece a la joven generación colombiana, más no a una promoción y menos a un grupo. Es la suya una personalidad plástica insular que expresa un mundo visionario que se realiza en ciclos dentro de un proceso de concentración inquietante en sí misma, ajeno a lo que pasa por ahí y a las tendencias en que puede clasificarse a sus coetáneos.

Al margen de compromiso ideológico, de la búsqueda de signos y de la producción artística de consumo, Neyffe del Valle insiste en lo que ha hecho suyo un universo poblado por muertos en vida, extraños seres helados y como salidos de un panteón de artificios pseudo-humanos que, si se pusieran en movimiento, nos llenarían de terror.

Pero, cosa curiosa, hay una segunda personalidad en ella. La de artificie metalúrgica de máquinas orgánicas y seres fantásticos –peces-, sobre todo materializados en relieves de chatarra, sin relación alguna con la frialdad gris y academizante de sus dibujos.

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Parece que la autora descansa de una obra, en otra, liberándose de los psicologismos manifiestos a lápiz con el expresionismo más extrovertido manifiesto en sus trabajos de metalurgia. Y así, entre dos polos que se extrañan, va discurriendo la personal tarea plástica de Neyffe del Valle.

F. Gil Tovar

Exposiciones Individuales:

1962 – Sala de Orientación Artística de Extensión Cultural – Cartagena

1963 – Sociedad Económica de Amigos del País – Bogotá

1964 – Museo de Zea – Medellín

1965 – Universidad Santa María La Antigua – Panamá City

1966 – Galería Picasso – Medellín

1967 – Jewish Welfare – Balboa, Panamá

1969 – Centro Colombo Americano – Bogotá

1970 – Galería Contemporánea – Bogotá

1974 – Centro Colombo Americano – Bogotá

1975 – Galería Estudio Fecha – Caracas, Venezuela

1975 – Teatro Nacional – Santo Domingo, República Dominicana

1976 – Galería El Callejón – Bogotá

1978 – Galería de los Navas – Bogotá

1980 – Galería de los Navas – Cali

1982 – Galería de los Navas – Bogotá

1986 – Galería Cámara de Comercio – Bogotá

1989 – Galería Acosta – Valencia, España

2017 – Hotel 101 Park House – Bogotá

Exposiciones Colectivas:

1962 – Universidad Javeriana – Bogotá

1964 – Universidad Javeriana – Bogotá

1966 – Salón Cano, Universidad Nacional – Bogotá

1970 – 4to. Salón de Artistas “El Minuto de Dios” – Bogotá

1972 – 6to. Salón de Artistas “El Minuto de Dios” – Bogotá

1973 – Galería Nacional. 1ra Bienal de Arte latinoamericano – Sogamoso

1975 – Galería Contémpora – Guayaquil, Ecuador

1975 – Galería El Callejón – Gran Colectiva – Bogotá

1976 – Galería de los Navas – Mucho Arte – Bogotá

1976 – Galería Escala – Bogotá

1977 – Galería El Callejón – Panorama Artístico – Bogotá

1981 – Concurso Internacional ACCA – 2da. Mención – Miami

1983 – Concurso Internacional ACCA – 2da. Mención – Miami

1984 – Galería Skandia – Cuatro Mujeres en el Arte – Bogotá

2017 – Sala de exposición, Hotel 101 Park House – Ensamblajes Metálicos – Bogotá

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