Insensatez y sentimientos

El guión del director estadounidense, cuyo verdadero nombre es Allan Stewart Königsberg, y su intermitencia entre el pasado, el presente y la locura creciente de Jasmine, hacen que esta propuesta audiovisual sea teatro hecho cine.

Blue Jasmine: una película del siglo XXI filmada con el estilo de los años 50, cuando la pantalla hizo brillar la neurosis de Marlon Brando enfrentando los delirios de grandeza que enloquecieron a Vivien Leigh en Un tranvía llamado deseo (Kazan, 1951); una evocación con la que Woody Allen logró enseñar como Cate Blanchet es una actriz talentosa como el fenómeno Leigh; regresando Mr. Allen a los viejos dramaturgos que definieron el caos de las relaciones en el teatro de Estados Unidos, traducidos luego al cine.

Un retorno afortunado del director que envejece de manera juvenil, observando el corazón y el drama de sus personajes con el vigor que tuvieron Tennessee Williams, Edward Albee o Arthur Miller; situándose entre Nueva York y San Francisco tras sus desvíos turísticos por Londres, París, Barcelona y Roma, como un viajero que sabe en dónde queda el hogar y renueva la tradición impuesta por la ira y la frustración en el escenario teatral que luego vampirizó la industria del cine; compartiendo su destino con el de otra película, distinta en su trama y en su tratamiento, pero igualmente teatral cuando el dramaturgo Tracy Letts enseñó en August: Osage county (Wells, 2013) el caos de una familia a través de las mujeres que revelan sus conflictos entre sí —una madre borracha y sus tres hijas sufridas—, soportando a los hombres que les tocó en suerte y a los que tuvieron que aguantar, de buena o mala manera, antes de encontrarse en el funeral donde explota el alma de todas.

Meryl Streep brilló en esta película con el papel que justifica una vida dedicada a la actuación, como Katharine Hepburn triunfó protagonizando a la desquiciada Violet Venable de Suddenly, last summer —Tennessee Williams según el director Joseph Mankiewicz en 1959—, y como Cate Blanchet lo consigue ahora exhibiendo la energía vulnerable de su personaje en Blue Jasmine, acompañada por la madurez emocional y sonriente de Sally Hawkins en el papel de Ginger, su hermana, que disfruta de una vida tranquila al margen de la arrogancia insensata que padece Blanchet/Jasmine.

¿Cómo filmar el teatro? ¿Cómo hacer cine teatral? El guión de Allen y su intermitencia entre el pasado, el presente y la locura creciente de Jasmine es teatro hecho cine; aprovecha los recursos del montaje y desborda los límites temporales a través de las escenas que desarrollan la trama y explican paulatinamente los hechos que enrarecieron la vida de las dos hermanas; de qué forma se arrastran a un callejón sin salida cuando Jasmine, que no sabe y a la que no le interesa cómo vive el otro lado del mundo, cae en desgracia, y cuando Ginger, ansiosa por olvidar la discordia, trata de curar con saludable paciencia las heridas que Jasmine les infligió a ella y a su esposo.

La hipocresía como arte del engaño alcanza el límite en esta nueva recreación de la feria de las vanidades, capaz de causar locura, desvirtuando el artificio de la arrogancia cuando se asume la vida con el talante práctico de Ginger, sonriente a pesar de la adversidad, tanto como Sally Hawkins insistió en mostrar que también era posible, carcajeándose sin pausa, en Happy-Go-Lucky (Leigh, 2008), despreocupada según lo que trajera la suerte.

¿Woody Allen ve ahora la vida de forma implacable y cínica? No es más cínico que su personaje de Isaac en Manhattan (1979), que las criaturas conflictivas de Husbands and wives (1992) o que el trepador social de Match point (2005). Siempre ha tenido una postura moral que acepta a los demonios. En Blue Jasmine atraviesa por caminos tan oscuros que el humor apenas consigue salvarlos. En el futuro, la filmografía de Allen tal vez pueda repasarse como la de un artista que desnudó ocasionalmente la intimidad de su época —y de sí mismo— a través del drama con una sonrisa irónica.

 

últimas noticias

Howard Phillips Lovecraft: el terror como mito

La mirada de Hebe Uhart

La galaxia de “Universo Centro”

Vasili Grossman: Vida y destino