Interrogantes en blanco y negro

Las puertas de la Galería Fábula vuelven a abrirse con la obra de un artista colombiano que ha trabajado para encontrar su identidad entre sus diferentes facetas artísticas y humanas.

La exposición estará abierta hasta el 30 de mayo en la Galería Fábula. /Luis Ángel

Las primeras peleas que recuerda Alfredo Araújo Santoyo lo trasportan al campo de fútbol de su colegio en donde hacía lo posible para que le tocara ser el árbitro del partido y evitar, como fuera posible, correr detrás del balón. Prefería sentarse con un pedazo de plastilina a esculpir figuritas, o gastar los lápices en su cuaderno de dibujo, mientras sus compañeros ganaban torneos, hacían amigos y crecían juntos. Araújo, con ese mundo artístico que empezó a desarrollar desde pequeño, creció y fue un niño diferente.

Le gustaba escuchar a Bach o Beethoven mientras alternaba sus clases de arte que desde los cinco años le obligaron a tomar sus papás, también artistas. “Yo de niño era diferente. Mi familia me vio una predisposición hacia el dibujo y la pintura y ese direccionamiento influyó mucho en mi vida porque así empecé”, explica el artista quien recibió clases de los maestros Enrique Grau y Alicia Tafur antes de viajar hacia Bélgica en donde su papá, Alfredo Araújo Vélez, debía responder por la misión diplomática que el ex presidente Belisario Betancur le había delegado.

Influenciado por la tradición clásica europea, Araújo ingresó a la Academia Real de Artes de Bruselas, en donde recibió toda su formación como artista. Pero, dice, “ mi sueño siempre fue estar en Colombia. A mí me hacían falta mis raíces, sentir pertenencia por el país y conocer su realidad. Quería una identidad a partir de eso”, explica el maestro que ha construido su trabajo artístico a partir de la búsqueda de su verdadera esencia como persona. “Mi insistencia con el tema de la identidad probablemente es porque de niño era diferente y no tenía nada en común con los demás”, añade Araújo.

Después de 25 años de vida artística, la búsqueda no ha terminado. Y conforme avanza el tiempo, más preguntas aparecen en su trabajo. Porque eso es, en palabras de Araújo, el propósito mismo del arte: exponer preguntas para ser resueltas en privado con la mayor carga de honestidad posible. Construcciones de memoria e identidad, representa esta faceta de la vida del maestro Araújo en la que su testimonio y sus diferentes momentos como artista no hacen otra cosa que preguntar una y otra vez: “¿Quién soy yo?”.

La respuesta no es fácil. Como tampoco lo son las explicaciones de Araújo en el momento de abordar quién es él como hombre o como artista. “Es algo personal que no tiene respuesta porque uno nunca termina de construirse. Solamente con la muerte ese proceso acaba”, explica el artista que seleccionó apartes de su trabajo artístico desde 1987. “Yo siempre me he enfocado en el cuerpo humano y en tratar de desnudarlo de todas sus máscaras. Cuando llego a ese punto encuentro el estado más honesto al que se puede llegar”.

En esa búsqueda por la honestidad, el maestro basa también la elección de la técnica más utilizada en la exposición: el carboncillo. “Con este estilo solo existe el blanco y el negro; no hay manera de ocultar nada”, explica Araújo y agrega que en el tejido de sus obras también encontró la mejor manera de contar que la construcción de su memoria e identidad no es más que el testimonio de su vida, de diferentes momentos, recuerdos y vivencias que se han entrelazado entre sí.