Ir al museo en la era digital

Desde octubre de 2012, el público puede acceder a 125 mil imágenes en alta resolución de objetos de la colección y usarlas libremente.

‘La lechera’, de Johannes Vermeer, una de las obras maestras que guarda el Rijksmuseum.
‘La lechera’, de Johannes Vermeer, una de las obras maestras que guarda el Rijksmuseum.

La apertura al público de los museos es hoy en día un concepto que abarca un terreno ligeramente más amplio, una acción que incluye algo más que abrir la puerta y esperar a los visitantes.

En la era digital, un tiempo definido en parte por el uso omnipresente de la imagen, la interacción entre público e instituciones culturales se establece en buena parte a través de internet. Las posibilidades de la red en este aspecto aparecen interesantes y casi infinitas, tan sólo si hay voluntad.

Voluntad puede ser la palabra clave detrás de un proyecto del Rijksmuseum de Ámsterdam, Holanda, que ha pasado la última década digitalizando parte de su colección para ponerla a disposición del público a través de su página web. Los términos del museo son simples: el usuario puede aprovechar el material como le parezca.

Para lograrlo, el Rijksmuseum ha digitalizado en alta resolución 125.000 de sus piezas y permitido que el usuario las descargue y obtenga una copia digital que puede usar para imprimir en camisetas o colgar en la pared de su casa.

“Nuestro director fue uno de los primeros en decir ‘hagamos esto y miremos qué pasa’. Igual, ya había imágenes de nuestra colección en la red, pero eran de mala calidad, copias hechas en lugares como China, por ejemplo. Lo que él pensó es que resultaba mejor entregar imágenes de nuestros objetos en buena resolución”, dice Lizzy Jongma, gerenta de información del Rijksmuseum, cuya página web fue relanzada en octubre de 2012 y hoy contabiliza 280.000 imágenes en alta resolución descargadas.

La iniciativa del Rijksmuseum resulta sorprendente, gratificante, porque parte de la premisa de que el material que guarda entre sus muros le pertenece al público, se debe a él. Y en esa medida resulta conveniente, incluso deseable, que las personas puedan acceder al arte en buena resolución y resolver qué hacer con él.

“Somos un museo extraño porque comenzamos esta discusión al mismo tiempo que otras instituciones en Holanda, trabajamos con ellas en un grupo llamado Open Culture Data, pero los demás museos decidieron no poner sus colecciones en línea porque vender sus imágenes resulta un buen negocio o porque algunas obras tenían problemas por cuestiones de derecho de autor”, dice Jongma.

El proyecto del museo se inscribe en una tendencia global que busca mayor apertura para el acceso a los bienes culturales que, se supone, son patrimonio de los ciudadanos. “La herencia cultural que alguna vez estuvo dispersa alrededor del mundo y era de difícil acceso, por no decir imposible, ahora puede ser accesada, interconectada y categorizada”, asegura Joris Pekel, editor del blog Open GLAM, una iniciativa de la Open Knowledge Foundation, que se dedica a hacer posible un mayor acercamiento al conocimiento en general para fines como la educación y la transmisión de formas culturales.

“Pensamos que los beneficios justifican el esfuerzo. Estos beneficios están relacionados, en primer lugar, con el acceso y la democratización de la cultura y el conocimiento, además de otras ventajas para el sistema educativo, tanto para universidades, como escuelas. El material digitalizado puede ser en sí mismo un motor de la innovación y ser la base de nuevos servicios en sectores como el turismo y el aprendizaje”, se lee en un documento de la Unión Europea acerca del plan para digitalizar y conservar su herencia cultural.

La colaboración y la apertura de las colecciones al público a través de la red es un proyecto que, en diferentes etapas y con distintos propósitos, adelantan hoy más de 40 museos en el mundo de la mano de Wikipedia, la enciclopedia en línea que asesora a instituciones culturales para llegar a un público más amplio y diverso en la web.

El acceso al material de los museos tiene, sin embargo, dos obstáculos. El primero tiene que ver con los problemas legales que representa, por derecho de autor, la entrega de reproducciones en alta resolución a los usuarios, quienes podrían lucrarse con este material, al menos teóricamente. Por otro lado, los museos mismos explotan de cierta forma el uso de este material a través de su propia mercancía.

Aunque la venta de imágenes en la tienda del museo sigue siendo un buen negocio para el Rijksmuseum, de acuerdo con Jongma, la digitalización de la colección ha traído más sorpresas que problemas. El personal del lugar ha sabido de personas que tejen sacos con motivos de Rembrandt o abuelos que regalan buenas reproducciones para sus nietos; una mujer incluso ha hecho un collar con imágenes de la colección del museo. “El arte inspira a la creación de más arte. Las personas que descargan nuestras imágenes son muy diferentes de quienes las compran en nuestra tienda. Pasar por la tienda es parte de la experiencia de venir al museo. Descargar el contenido es otra cosa, que permite que otro público pueda acceder al arte”.

El Rijksmuseum espera ofrecer 40.000 nuevas obras en línea cada año, hasta alcanzar la digitalización completa de su colección, que consta de un millón de objetos de arte de maestros como Rembrandt, Van Gogh o Vermeer. Se calcula que el proyecto de digitalización del museo ha costado un millón de euros hasta el momento.

 

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