Ishiguro: El Nobel post-Dylan

Kazuo Ishiguro es de esos autores que sorprenden por la versatilidad de su talento y la magnificencia del manejo lingüístico que en sus libros se puede apreciar. Este escritor británico de origen japonés, no es un inventor fantástico de mundos narrativos, sino un conquistador de universos.

Agencia EFE

Dueño de una prosa finísima con la que logra evocar imágenes que solo pueden pertenecer a esos personajes suyos tan vivos. No es gratuito ni cuestión de azar que le hayan otorgado el Premio Nobel de Literatura 2017, por la totalidad de su obra narrativa: siete novelas y dos libros de relatos. La Academia Sueca explicó que lo escogieron por sus "novelas de profunda fuerza emocional, que descubren el abismo tras nuestra sensación ilusoria de conexión con el mundo". Este galardón, que quedará latente en el imaginario colectivo como el “Nobel post-Dylan”, ha permitido reconocer el trabajo de toda una generación de escritores británicos que se ha propuesto romper con la tradición literaria europea establecida durante la década de los años 80 y 90 (Ian McEwan, Hanif Kureishi, Salman Rushdie o Julian Barnes).

Sara Danius, secretaria permanente de la Academia Sueca, ha comentado: “Si mezclas a Jane Austen y a Frank Kafka, tienes a Kazuo Ishiguro en esencia, pero tienes que añadir un poco de Marcel Proust. (…) Es un escritor de gran integridad, que no se anda por las ramas y que ha desarrollado su propio universo estético”. No hay duda alguna de que el Nobel a Ishiguro es más que merecido, pero no deja de ser sorpresivo, puesto que su nombre no era uno de los habituales en la baraja de candidatos, quizá por eso ha causado malestar en gran parte de los lectores. Me recuerda el caso del francés Patrick Modiano, en el año 2014, a quien le concedieran el premio “por su arte de la memoria con el que ha evocado los destinos humanos más difíciles de retratar y desvelado el mundo de la Ocupación”. Para muchos, no era un nombre a tener en cuenta, pero ya hemos visto que la Academia gusta de mantenerlo todo muy bien guardado, hasta último momento.

Al conocer la noticia de la premiación, Ishiguro ha dicho: “Es (…) sorprendente y totalmente inesperada. Llega en un momento en el que el mundo vive con incertidumbre sus valores, su liderazgo y su seguridad. Sólo espero que recibir este enorme honor sirva, aunque sea un poco, para alentar la buena voluntad y la paz”. El culpable de que a muchos nos guste la nueva narrativa europea, tan influenciada por el cine y las literaturas orientales, no es más que un escritor al que las palabras se le presentan como tenues gotas de agua en la ventana.

Es cierto, sí, Ishiguro ha sido el medio que la Academia ha utilizado para solucionar aquel dilema con Bob Dylan. Pero, en mi caso, no me siento preocupado, me alegra el hecho de que se lo hayan dado a un escritor de literatura y no a uno de música o televisión. A raíz de esto, estuve conversando con varios amigos escritores, periodistas y curiosos, muy buenos lectores del narrador nipón, acerca de si el Nobel a Kazuo Ishiguro cumplía con las expectativas o no. Aquí están sus opiniones que, lejos de ser verdades absolutas, se acercan lo suficiente a las impresiones del público lector:

 

“¡Qué emoción me causó saber que Kazuo Ishiguro ganó el Nobel de Literatura! Lo sigo desde Pálida luz en las colinas, El artista del mundo flotante, Los restos del día, Nunca me abandones, Nocturnos. Cada uno es un libro inolvidable: por sus imágenes invocadas con una lengua nueva, y que al mismo tiempo se hace parte de la tradición con toda propiedad; por su afinado sentido del matiz y del equilibrio; por sus personajes tan vivos y únicos. Incluso esas novelas que no me gustaron tanto, como Los inconsolables, Cuando éramos huérfanos y El gigante enterrado, me sacaron de este mundo y me llevaron a ese mundo suyo, hecho de pequeños pasos de hombre en medio de grandes conflictos o de ideas totalizantes. Su obra tiene esa capacidad, la de rescatar de manera inigualable "la dimensión humana" justo en los momentos en que el mundo se olvida de ella”.

Pablo Simonetti (Autor de “Desastres Naturales”).

 

“(…) Ishiguro es dueño de una poética absolutamente personal, cuyo rasgo más importante tal vez sea un extrañamiento envolvente, hipnótico, paradójicamente amable. Aunque algunas de sus novelas sean kafkianas, no se trata de la pesadilla asfixiante de los personajes de Franz Kafka, sino de la creación de una lógica rara, que nos inquieta y nos envuelve, que nos arrastra vertiginosamente y nos convence, aunque seamos conscientes de que no tendría ningún sentido fuera del mundo que ha creado expresamente para esa ficción. Y que cambiará en la siguiente (…) trabaja a partir de géneros codificados, cuyas claves él traduce al “ishiguriano”, ese idioma que convierte en arte la incomunicación, los gestos, los sobredichos, el vacío que envuelve a los seres humanos (o al menos a todos los que él ha creado)”.

Jorge Carrión (Autor de “Barcelona: Libro de los pasajes”.
En: The New York Times en Español)

 

“Ishiguro es un autor sin límites. Puede retratar el Japón posnuclear con el mismo talento que las leyendas medievales. Situar una historia en el futuro de Nunca Me Abandones o en el pasado de Lo Que Queda del Día. En un mundo obsesionado con el realismo documental, este Nobel reconoce el valor de la imaginación. En un mercado que obliga a los autores a repetirse sin cesar para que el consumidor no se confunda, Ishiguro nunca ha dejado de retarse a sí mismo, y de sorprender a sus lectores con ideas e historias arriesgadas”.

Santiago Roncagliolo (Autor de “La noche de los alfileres”).

 

“El narrador mutante: Pudo ser considerado, a raíz del éxito de Los restos del día, como el inglés más inglés de todos los escritores ingleses a pesar de haber nacido en Nagasaki, pero no quiso incidir en esa línea. Nunca repetirse, nunca rendirse, se dice con disciplina samurai cada vez que emprende un nuevo proyecto. Ishiguro es relativamente joven para obtener el Nobel (62 años), y con no demasiados libros publicados, pero se trata, sin embargo, de un veredicto indiscutible, algo que era necesario tras el terremoto Bob Dylan. ¿Cómo establecer los rasgos comunes de un autor cuyo principal rasgo es la capacidad de reinvención? Tal vez la melancolía, tal vez un cierto humor sutilmente kafkiano… Sus dos primeras novelas son de tema japonés, con personajes que recuerdan el pasado mientras el país se reconstruye tras el impacto de la bomba atómica. De ahí ya vino su gran éxito mundial, con el impulso de la gran adaptación al cine de James Ivory. Pero su siguiente novela, Los inconsolables (1995), se pasó al absurdo siguiendo a un pianista bondadoso al que todos los habitantes de una pequeña ciudad alemana exigen que solucione los problemas de sus vidas. El Shanghái de los años 30, o un estricto internado británico en los años 90 donde los niños son, en realidad, clones a los que, cuando crezcan, se les extraerán los órganos para salvar vidas de humanos, son ejemplos de sus cambios radicales de escenario. Para quien lo dude, su última obra, El gigante enterrado, fábula medieval con ogros y guerreros sajones. Ishiguro: sigue cambiando”.

Xavi Ayén (Autor de “Aquellos años del boom”).

 

“La Academia Sueca recobra la cordura y premia a Kazuo Ishiguro, escritor británico de origen japonés que atesora una carrera literaria impecable y nada complaciente. Es demasiado fácil tachar de conservadores y reaccionarios a aquellos que no entendimos el Nobel a Bob Dylan, un músico mayúsculo, sin duda, pero que no tiene cabida en dicho galardón por una razón simple pero contundente: su trabajo no es literario, es musical. He sido editora y directora literaria muchos años, ahora como agente literaria sigo en contacto diario con escritores. Conozco en detalle el enorme esfuerzo y el obligado talento que supone escribir un buen libro. También conozco muy a fondo la dificultad editorial de conseguir que el implacable mercado no tumbe a tantos escritores debido a sus pésimas ventas. Es un equilibrio precario. Es un ecosistema frágil y como tal hay que protegerlo: no se protege otorgando ocho millones de coronas suecas a un músico millonario que además de no ser propiamente escritor, ni se molesta en acudir a recoger su premio Nobel por ‘compromisos preexistentes’.”

Mónica Carmona (Agente literaria, en Carmona Literary Agency).

 

“A mi modo de ver, [la Academia] está premiando a un autor no estrictamente inmerso en el mundo de la literatura, con menos reconocimiento público que varios de los otros autores que sonaban para hacerse con el galardón, y que más bien se mueve con mucha solvencia en esa mezcla postmoderna de letras y lenguaje audiovisual, al punto que tiene la misma cantidad de guiones para cine y televisión, adaptados y originales, que de novelas. Obviamente, la relación entre cine y literatura es muy vieja, pero el premio a Ishiguro parece ser un primer paso hacia esa literatura que se escribe al tiempo para ser leída y para ser vista, una mixtura que tiene éxito comercial, pero muchos señalamientos desde la tradición novelística más ortodoxa”.

Sergio Ocampo Madrid (Autor de “Limpieza de oficio”).

 

“Acabo de releer las primeras veinte páginas de Los restos del día, de Kazuo Ishiguro. No encontré una sola frase memorable, ni siquiera notable. Stevens, el mayordomo protagonista, repite un cliché tras otro sobre la flema inglesa, se pierde en digresiones sobre su trabajo, se calla precisamente en los momentos en que se asoma a algún detalle jugoso de su vida, y al cabo de esas veinte páginas regresa al mismo punto de donde partió.

Pero, hay que decirlo, releídas esas veinte páginas, no encontré una sola palabra, una sola escena, una sola línea de diálogo, un solo gesto del personaje que no fuera perfecto. Lo que define a Stevens, y también a Ishiguro, es su reticencia. Sus mejores novelas son espirales que giran obsesivamente en torno a un punto ciego. El mayordomo nunca deja de callar sobre las cosas centrales de su vida, y gran parte de la belleza de la novela está en cómo se construye en torno al eje hueco de sus silencios.

En tiempos de memes y hashtags, de derechas tiránicas, izquierdas idiotas y al menos una masacre diaria, de ISIS y calentamiento global, de Trump y Kim-Jong-Un, tiempos en los que el único registro posible para la cultura parece ser el del grito a voz en cuello, la Academia Sueca ha decidido premiar a un maestro de un arte desagradecido y difícil: el de callar. Enhorabuena”.

Humberto Ballesteros (Autor de “Cuaderno de entomología”).

 

“Cuando me desperté y leí que Kazuo Ishiguro había sido el ganador del Nobel de Literatura, sentí un gran alivio. Fue una sensación de esas que dicen “hemos regresado al camino”. Tenía gran expectativa y temor a la vez, pues lo último que quería era ver en los titulares algo como ‘David Gilmore’ o ¡qué sé yo! -con todo el respeto que me merece y la gran admiración que le tengo-. Pero cada cosa en su lugar. No es mi propósito entrar en desacuerdos y enfatizar mi desencanto al ver a Bob Dylan en el Nobel y no en el Grammy.

Debo decir que no he leído todos los libros de Ishiguro, pero lo amé profundamente en cada línea de Lo que queda del día. Cuando salió la película, tomé la decisión de leer el libro primero y no fue fácil, porque era muy sencillo caer en el encanto de Emma Thompson y Anthony Hopkins. Pero siempre he dicho que los libros son mejores que las películas y tenía que comprobarlo una vez más.

Soy una profunda admiradora del arte japonés, específicamente del kintsugi, y cuando pienso en Lo que queda del día, desde esa perspectiva, veo claramente el alma de los personajes que, aunque perfectamente ingleses y con todos los retos de la Segunda Guerra Mundial, se pasean con tanta belleza frente a un narrador paciente, distante, que observa sin juzgar. La dualidad humana se quiebra y es reconstruida, casi de forma imperceptible y lo que queda es una sensación de desazón y profunda paz”.

Fermina Ponce (Autora de “Mar de (L)una”).

 

“Ishiguro es un autor que se adentra en diversos géneros: ciencia ficción, crónica social, fantasía, novela histórica, novela detectivesca, etc., y de todos sale indemne, pues son obras escritas de manera delicada y permeadas de nostalgia y melancolía. Ninguna obra suya se parece a la anterior, y uno como lector siempre agradece ese fino detalle. De otro lado, es un reconocimiento al ¨Dream Team¨ de los mejores autores británicos, un listado que la revista Granta confeccionó para dar a conocer a jóvenes y talentosos narradores en la década de los ochenta, y que el día de hoy son una generación de escritores reconocidos y con importantes premios a cuestas, además de ser referencia de la literatura contemporánea, a saber: Martin Amis, Julian Barnes, Ian McEwan…

Así las cosas, es la oportunidad para leer a un gran escritor que, sin ser prolífico, tiene una obra heterogénea y consolidada. Y de paso, descubrir a toda una generación de grandiosos autores británicos”.

Jaime Andrés Rivera (Abogado, lector, cinéfilo).

 

“Ishiguro es el escritor perfecto para ser galardonado por la Academia después de la fuerte polémica que significó entregar el Nobel a Bob Dylan: es un escritor nacido en Japón, pero con una fuerte tradición inglesa; ha escrito novelas clásicas y ha usado estructuras de géneros populares como la ciencia ficción, el relato detectivesco y la fantasía; ha escrito tanto novelas, como música y guiones para series; ha ganado importantes reconocimientos y ha sido adaptado en éxitos de taquilla. Este amplio palmarés pareciera darle un trasfondo suficiente para ser un excelso ganador, pero en lugar de tranquilidad, basta rasgar un poco el premio para que surjan preguntas. ¿Son sus siete novelas suficientes para ganar el premio?, ¿sus novelas tienen tal calidad que superan a escritores con un trabajo más amplio y complejo?, ¿está la Academia premiando sus novelas o también sus guiones para televisión?, ¿es un premio para Ishiguro o para el grupo de autores ingleses que revolucionaron la literatura anglosajona en los noventa (McEwan, Rushdie, Amos, Kureishi)?

Nadie puede negar la calidad literaria de sus novelas. Desde sus primeros textos, que se inclinan a las estructuras orientales con argumentos que se desvanecen y se centran en una intimidad simbólica, pasando por una reelaboración del cottage inglés estilo Jane Austen, hasta sus últimas novelas que (en sus propias palabras) toman “elementos superficiales” de los géneros populares; Ishiguro se ha destacado por una prosa pulida, por personajes complejos y por argumentos con (como dijo la Academia) “fuerza emocional”. Pero si la Academia se propone premiar un autor que se destaque por su producción novedosa, por los aportes que realiza a la literatura, por una renovación del lenguaje literario; esta vez se ha quedado a medias, interesada más en cuidarse la espalda y la reputación que en dar un salto arriesgado. Estoy seguro de que los lectores que no conocen a Ishiguro lo amarán, para muchos se convertirá en un autor central, otros estarán felices de saber que pueden ver en cine Never let me go (con esa estética Instagram apropiada para comentar el premio); pero también creo que no trascenderá en la historia de la literatura. El premio a Ishiguro quizá será recordado como el que permitió que se baraje de nuevo: un Nobel de literatura en tiempos de lo políticamente correcto”.

Rodrigo Bastidas (Docente universitario, Candidato a PhD en Literatura de la Universidad de Los Andes; co-fundador del grupo “Cienciaficcionarios”).