Entrevista

Jacobo Ortiz: “Considero el cine como el medio por el cual prefiero desarrollar mi quehacer estético”

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Jacobo Ortiz es el ganador del primer Premio de Dramaturgia Teatro Estudio. El gusto por el teatro y la imagen atraviesan narraciones como la de Sísifo. En esta entrevista, Ortíz comparte sus gustos dramatúrgicos y estéticos, así como su proceso creativo.

¿Cuándo comienza usted a trabajar sobre la dramaturgia? ¿Ya había iniciado con relatos? ¿Por qué, entonces, esta inclinación por lo teatral?

Soy originario de El Carmen de Viboral y desde pequeño fui un admirador de la escena teatral que respiran sus calles. Con profunda admiración observé desde la distancia del espectador el desarrollo de la vida en escena, siempre fue una pregunta cercana a mis pasiones. Había ya desarrollado pequeños ejercicios dramatúrgicos para ser representados audiovisualmente. Mi primera dramaturgia obedece al guion de República del insomnio (2019), un proyecto sonoro inspirado en Viaje a pié del maestro Fernando González, en el que desarrollamos una disección de la colombianidad, y nuestros vicios de violencia y sevicia.

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¿Considera usted que la dramaturgia está relacionada, o no, con el relato? Como dice Ricoeur, “el sentido del relato o el significado de un relato brota en la intersección del texto con el mundo del lector.” (Espectador).

Por supuesto, son inseparables. En el caso de la escritura y producción de República del Insomnio, por ejemplo, estábamos impregnados del reciente movimiento estudiantil y nuestras pasiones se movían en torno a un discurso político que fuera claro, por lo que el relato y sus formas iban en ese sentido y con esa intención.

Sísifo, por otra parte, se materializa durante los primeros meses de aislamiento. En la obra observamos a un Sísifo aún incapaz de deshacerse de su ego, un Sísifo que se muestra aún reacio frente a su tarea y en un estado de confusión.

¿Por qué tituló esta dramaturgia Sísifo? ¿Qué lo llevó a ello? ¿En dónde se causó en usted esa necesidad, esa intención teatral, esa tensión gestual?

Sísifo parte desde el quehacer actoral y desde el miedo profundo a la vida rutinaria. Como parte del Laboratorio Escénico del Teatro La Hora 25, en el que el objetivo era la construcción de un personaje, llego a Sísifo a partir del conocimiento básico que tenía hasta ese momento del mito y su castigo. La dramaturgia que empleé, en ese sentido, significó más un procedimiento curatorio de textos de otros autores, en especial en el dramaturgo antioqueño José Manuel Freidel, que a la par sirvió de evocación para mi primer cortometraje documental Contra tiempos. Parto con la visión de un Sísifo cansado, exhausto de vivir todos los días un mismo destino, pero descubro en Camus, y su ensayo El mito de Sísifo, la imagen de un hombre que ha comprendido la inutilidad de su existencia y, sin embargo, despojado de vanidades y cada vez más separado de su propio ego, sonríe todos los días, luego de que la piedra haya bajado hasta la base de la montaña. Un Sísifo feliz. Camus además, en un capítulo llamado La comedia, exalta al actor de teatro como la representación más sublime de Sísifo: el hombre absurdo que se permite todos los días, función tras función, vivir y morir en un escenario, sentir las pasiones y pulsiones de sus personajes. Sísifo está intrínsecamente ligado al teatro.

Durante el confinamiento y sus vicisitudes nace la dramaturgia de Sísifo, muy inspirado en ese mal llamado absurdo de Freidel y en especial de Samuel Beckett.

¿Qué de su yo, de la realización, construcción y estructura sensible y crítica, está vaciado metódicamente, o no, en esta dramaturgia que propone?

Creo que Sísifo es el texto más personal que he escrito. Es mi primera dramaturgia completamente original y es un texto que habla de las ansiedades existenciales que precisamente pasaba en ese momento. Sísifo parece ser una pregunta constante en mí y solo pude comenzar a plantearla cuando pude encarnar esas pasiones dentro de la mística del teatro. Me permitió expandir mi mente metafísicamente, lo cual para mi yo de antes era algo inadmisible. La asimilación de esa nueva percepción estética me ha permitido aceptarme como artista.

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¿Dónde estableció y radicó la dimensión crítica y estética de este trabajo dramatúrgico? ¿Por qué, qué provocación lo mueve, qué busca con ella? ¿Es usted un Sísifo moderno?

Mi piedra es el cine y la escritura. Desde hace años abandoné la pregunta sobre mi existencia, pues considero que no tiene sentido la búsqueda de la respuesta del sinsentido. Mi tarea, la que pongo todos los días en mi espalda y cargo por la empinada colina del tiempo, radica en el cuestionamiento de mí mismo, de mi luz y, en especial, de mi oscuridad. Reconozco en mí mismo la experiencia de todos los seres que han habitado el mundo, por eso cargo esa piedra con gran dolor y sufrimiento, pero con la eterna satisfacción de estar consciente de ello.

Usted se relaciona, o lo relacionamos nosotros, con una mirada muy visual, muy de su temperamento sensible: ¿cómo es eso? ¿En qué consiste su mirada medusal que abarca, cubre y llena lo que mira y lo que siente, y qué busca transmitir al espectador?

Soy una persona a la que le cuesta concentrar sus energías en una misma tarea por largos períodos de tiempo, por lo que, lo admito, se me dificulta la lectura de textos escritos. Siempre fui una persona muy visual. Cuando escribo intento capturar imágenes, por eso fue bastante fácil, aunque tortuoso, concebir el cine como el medio por el cual prefiero desarrollar mi quehacer estético. La imagen me produce fascinación. De ahí que el teatro siempre fue una fuente muy rica para mí. Tengo una capacidad tremenda para recordar un rostro, sin embargo, un nombre se me hace demasiado difícil.

Busco con esta dramaturgia, y con el trabajo audiovisual, el planteamiento de preguntas, nunca la búsqueda de respuestas. Quiero que el espectador sea parte activa de la obra. Evocar imágenes que para él puedan ser codificadas en palabras.

¿Intenta llevar esta obra a proporcionarle una construcción desde lo audiovisual, la multimedia y los desarrollos tecnológicos (la iluminación, la música y la imagen), como mixturas y combinaciones? ¿Lo involucra, o no, en Sísifo y por qué?

Por supuesto, la dramaturgia para mí es arte muerto, como un recién nacido que aún no respira ni llora, con una palmada el bebé toma su primera bocanada de aire. La representación de la obra es lo que trae a la vida al texto estático. Las nuevas posibilidades en los medios permiten que esas dramaturgias, escritas incluso en otros tiempos, sean expandidas constantemente según sus recursos. Sísifo es atemporal y cada nueva manera de narrar permite renovar la piedra, mientras se plantea la misma pregunta sobre la existencia.

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¿Qué dramaturgo (a) le ha fascinado y atraído más que otros, por qué? ¿Cómo lo (a) ha devorado, transformado y reconstruido de nuevo en su lenguaje teatral? ¿Por qué, para qué y cómo lo hizo?

Tengo dos, el primero es Samuel Beckett. Harold Pinter dijo sobre él: “Es el escritor más valiente y despiadado que existe y cuanto más me aprieta la nariz en la mierda, más le agradezco”. No podría estar más de acuerdo. Beckett es pesadísimo, a veces casi insoportable, como la vida misma. Tengo que leer a mil autores más, por supuesto, pero hasta el momento creo que es el hombre que más cerca ha comprendido la experiencia humana y la ha plasmado en pregunta, en espera.

El segundo autor es José Manuel Freidel. Su obra es como un puñetazo en la cara, es casi críptica. Sus herramientas poéticas parecen tan extrañamente tejidas como las calles de Medellín. Su obra tiene un tufo violento y es el reflejo más interesante que he encontrado sobre el No Futuro de una ciudad filicida. Freidel estaba tan conectado con el corazón turbado de Medellín que hasta pareció vaticinar su prematuro y violento final en Avatares.

¿Qué sentido y qué alcance tiene para usted escribir dramaturgia, llevarla a la escena ? ¿Tiene esto un poder de construir en uno mismo, y en el otro, conciencia sobre su realidad?

Ver una representación inspirada en un texto escrito por uno mismo es una sensación casi sublime. Ver, escuchar y sentir cómo las palabras escritas se transforman en cada actor y en el espectador es la experiencia estética definitiva. Siempre he pensado que las obras nunca están terminadas, en teatro esa noción es casi una regla. Eso es lo místico del encuentro teatral, lo efímero de ese instante y de esa vivencia estética. El audiovisual captura para la inmortalidad un instante sagrado. El ritual del teatro lo deja escapar, liberando los espíritus de la creación para ser invocados de nuevo.

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