Las lecturas de los comandantes

Jaime Bateman y Carlos Pizarro: La tragedia de abril

Bateman falleció el 28 de abril de 1983 y Pizarro fue asesinado el 26 de abril de 1990. Eran lectores voraces de “Cien años de soledad” y, a bordo de sendas aeronaves, viajaban convencidos de concertar la paz.

Jaime Bateman, fundador del M-19, y el periodista Juan Guillermo Ríos. / El Espectador

Habían pasado nueve meses. “Murió el Flaco”, dijo Carlos Pizarro cuando escuchó la noticia de una avioneta encontrada en las selvas del Darién. Se confirmaba que Jaime Bateman no había podido llegar a Panamá. El vuelo había salido de Santa Marta el 28 de abril de 1983, a las 7:45 de la mañana. Viajaba convencido de encontrarse con un representante de Belisario Betancur para hablar de paz.

Iban con él Nelly Vivas, el campesino Conrado Marín y el excongresista Antonio Escobar, político conservador y piloto de la aeronave. Para ese momento, Gabriel García Márquez había acabado de ganar el Nobel de Literatura y decidió escribir un reportaje titulado “Bateman: misterio sin final”. La intención era enseñarle al periodismo colombiano que un buen reportaje documentado puede vencer el afán de la “chiva” o la primicia.

“Hay que bailar y hay que cantar a la vida, y no sólo a la muerte, ni cantar a las derrotas. Hay que cantar a la vida, porque si se vive en función de la muerte, uno ya está muerto”, decía el Flaco Bateman. Le gustaba jugar con bolas de trapo en las playas de Santa Marta, su tierra natal. De la tierra del Caribe heredó el vallenato y su afición por nadar, que además le servía como terapia a raíz de una fractura en la pierna derecha a la edad de nueve años. Su fruta favorita era el mango.

Dicen que el pueblo kuna pudo encontrar la avioneta porque su sabiduría ancestral le permitió distinguir el vuelo infinito de mariposas amarillas que sobrevolaban las hojas gastadas de algún libro. Bateman era un voraz lector y para Panamá había elegido Doña Flor y sus dos maridos, porque a la final un libro podía convertirse en un camarada.

Aseguran que el Flaco hace milagros. Siempre existen flores en su tumba ubicada en el cementerio de San Miguel, en Santa Marta. “Por lo menos a mí me hizo el milagro de hacerme entender que mi misión tendría que ser la de buscar nuevos caminos para reconstruir la historia de mi país”, dice Olga Behar en su libro Armada por mí misma. Behar fue la primera periodista que llegó al lugar del accidente y recuerda que su actividad periodística se transformó a partir de ese suceso.

Jaime Bateman amaba Cien años de soledad y creía que si la gente podía leerla, entonces a Colombia no le sucedería lo mismo que a Macondo y las estirpes no estarían condenadas al olvido.

Para ese entonces, el contagio de Cien años de soledad en las filas del M-19 era un hecho. “Hoy trabajo hacia adentro con la misma obsesión con la que trabajaba sus pescaditos de oro el coronel Aureliano. Yo tampoco he dejado apagar mi llama y la cultivo. Pero el coronel trabajaba por poder encontrar sosiego, yo lo hago para poder cumplir contigo, con los que amo, y de nuevo eres mi mujer y eres mi pueblo”, escribió Pizarro en una de sus cartas compiladas en el libro De su puño y letra.

Los dos entendieron que la literatura podía ser un cúmulo de pequeñas lecciones. Porque no se puede ser libre si no se es capaz de desaprender y reinventar caminos más dignos.

Un mes después del asesinato del candidato presidencial de la Unión Patriótica Bernardo Jaramillo, en el Puente Aéreo de la capital colombiana, Carlos Pizarro, candidato presidencial por la Alianza Democrática, subía al avión que haría la ruta Bogotá-Barranquilla. Antes de tomar el vuelo había leído: “Según él mismo (Melquíades) le contó a José Arcadio Buendía mientras lo ayudaba a montar el laboratorio, la muerte lo seguía a todas partes, husmeándole los pantalones, pero sin decidirse a darle el zarpazo final”. La sentencia se cumplió, la muerte lo encontró. Se trataba de una ametralladora accionada por un sicario dentro del avión.

A Jaime Bateman y Carlos Pizarro la muerte los alcanzó a bordo de una aeronave en su persistencia por buscar la paz. La ventaja de esta historia es que tenían la certeza de que la muerte sólo puede ser vencida a través de la vida y la memoria. “Debemos aprender que no debemos asumir la tragedia como tragedia sino asumir la vida, tal como es, a veces una lágrima, otras con una sonrisa, de pronto una vertiginosa alegría. Para nosotros es algo más fácil porque siempre estamos mirando hacia más allá del horizonte y no tenemos cercados los ojos”, escribió Carlos Pizarro.

Vea el capítulo de Claro Oscuro con Carlos Duplat, exintegrante del M-19:

 

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2017-04-28T22:26:13-05:00

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Nancy Paola Moreno

Cultura

Jaime Bateman y Carlos Pizarro: La tragedia de abril

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