James Benning: su medida del tiempo

El director norteamericano de cine independiente estuvo en Cali para participar en el proyecto pedagógico (escuela incierta), e/i, de Lugar a dudas, espacio independiente sin ánimo de lucro ubicado en una casona del barrio Granada en Cali que “promueve y difunde la creación artística contemporánea a través de un proceso articulado de investigación, producción y confrontación abierta”, como dice en su página de internet.

Archivo particular

Cuando vi al director por primera vez, él acababa de llegar a nuestro país y descansaba en los sofás distribuidos dentro de la casona. Su melena recogida en una cola estaba enredada. Se levantaba a tomar agua y se recostaba de nuevo. Salía a la puerta y regresaba hasta el patio tropical de la casona. Bebía café y se sentaba. Más que un animal enjaulado, sabía que era uno acalorado. Ese día la temperatura en la ciudad llegó a los 33 °C.

Participé de esta versión de e/i porque obtuve una beca de estancia pedagógica a través de la Convocatoria estímulos Cali 2017, dirigido, entre otros, a “artistas plásticos y visuales, escritores, críticos y curadores, filósofos, antropólogos, dramaturgos y otros agentes culturales”. Aparte de Benning, dentro de la alineación de conferencistas nos acompañaron escritores, curadores, artistas, y filósofos con quienes dialogamos sobre el ocio y el arte.

Benning tiene en su haber 58 películas. Dirigidas a una audiencia que no solo va a cine por comedias románticas o superhéroes. Gran parte de su trabajo se define de vanguardia e incluye lo que Otros cines Europa, el sitio de Internet, llama “experimentos visuales”. Su último documental, Measuring Change, se estrenó en Cali el pasado 4 de agosto de 2017, como prefacio al festival de cine Corto Circuito 3.

El cineasta, en su primera sesión, nos contó su vida de una manera particular. Demostró de forma gráfica el Teorema de Pitágoras; luego, habló del cuadrado unitario y calculó su diagonal, usando el teorema recién demostrado, llegó al √2 (raíz de dos); a través suyo, los números nos envolvieron, nos contaron su historia, sus rarezas y a pesar de la sorpresa inicial, todos los asistentes a e/i nos dejamos embrujar por las palabras del narrador, al fin de cuentas también fue profesor de matemáticas.

Con la misma habilidad y paciencia de quien sabe contar historias, siguió con el concepto de tiempo. Lo asoció con el cine y el engaño de las imágenes que pasan a través de nuestros ojos, realmente es una sucesión de fotos. Para él, toda experiencia se da en un tiempo pasado, porque lo que percibimos se comprende a posteriori. Si alguien mueve la mano arriba y abajo, nuestro cerebro procesa esa información y concluye que hay un movimiento. Al llegar a entenderlo, el movimiento se acabó: está en el pasado. Así que cuando vemos el mundo podemos ser prejuiciosos. Por eso, él considera que debemos usar la experiencia para acabar con ellos.

Continuó hablando de su afición por los mapas. A partir de ellos, mientras hablaba, plasmó con tiza sobre el tablero negro, imagen-logo de Lugar a dudas, su vida de segregado por razones económicas que compartió con los segregados raciales y, más tarde, con los inmigrantes en su país. Su recorrido enseñando matemáticas a hijos de expatriados a través de la geografía del Centro-este de los Estados Unidos se trasformó en líneas de tiza partiendo de y regresando a su natal Milwaukee, palabra indígena que significa “de agua”, por los tres ríos que la bañan. Hurga en sus recuerdos mientras mira al piso como buscando su vida aquí, en un hechizo espacio-temporal, en las hendiduras del suelo caleño.

El punto culminante de su narración fue cuando vio a John Cage leyendo en público El despertar de Finnega, obra de James Joyce. Cosa que Cage hacía de manera muy particular. Escribía el nombre completo de James Joyce de forma vertical y luego componía un acróstico con palabras que estaban escritas en el libro y que podían tener la letra base en cualquier posición. El poético resultado y la cálida recepción del público despertó en Benning la curiosidad artística. Pensó que quería causar la misma reacción en las personas.

Entró a estudiar cine en la Universidad de Winsconsin-Madison. Y en la actualidad, complementa su actividad como director con la docencia en instituciones como: el Bard College; en la Universidad de Northwestern y en el California Institute of Arts. Sus películas muestran paisajes urbanos y naturales y se compone de largas escenas sin editar. Así es el documental que proyectó en Cali.

 Measuring Change se compone de dos escenas que muestran el mismo plano por treinta minutos del Espiral Jetty, el Muelle en espiral, del artista Robert Smithson. Aparece como un número dos construido al borde del lago. Esta intervención artística en el Gran Lago Salado en Utah es un muelle que se adentra en el agua y que comienza a envolverse en una espiral sin cerrarse. Como todas las obras de Land art o Earthwork que usan a la naturaleza como material para intervenirla a ella misma, aquí se usaron alrededor de 5000 toneladas del basalto negro que se encuentra en los alrededores del lago.

El material fue movido por maquinaria pesada logrando una obra que tiene un ancho de 4,6 metros y una longitud de 460 metros. El Muelle espiral se construyó en abril de 1970. Dependiendo del nivel del lago a veces se sumerge y a veces es visible. Sin embargo, la obra permaneció sumergida por muchos años luego de su construcción. A principios de este siglo, debido a una sequía y a un gran proyecto de drenaje se hizo visible de nuevo por un periodo prolongado de tiempo.

Benning encontró que la espiral era un “barómetro para una gran variedad de ciclos”. Para él cambia de acuerdo con el clima, las estaciones, la luz del sol, la concentración de algas, y aún la presencia de animales. Incluso dice que “el agua puede verse azul, roja, púrpura, café o dorada”. Esto sin contar con el sonido ambiente, qué solo es de la vida salvaje interrumpido por el paso de algunos vehículos o de aviones, como en el caso de la película Measuring Change.

En la primera secuencia se escucha el paso de un jet y una avioneta que nunca aparecen en pantalla. Las proporciones de la obra son imperceptibles hasta que aparece un ser humano. En la segunda secuencia entendemos la distancia que debe recorrer un grupo de personas para llegar al nivel del lago cuando luego de aparecer en pantalla por diez minutos se pierden en la bruma del fondo. En este documental, Benning nos invita a medir el tiempo y la distancia con paciencia.

Durante su estancia en Cali compartimos diálogos formativos, caminatas por la ciudad, el famoso viento vespertino que baja de los Farallones de Cali y arropan con su frescura a la ciudad, y charlas cerveceras. Su palabra siempre pausada, serena, invitaba a contar las conexiones existentes entre todos nosotros. Y sus ojos, siempre esquivos, buscando incansables, registrándolo todo, hurgando en los rincones y, tal vez en sus recuerdos; te permitían saber que su mente está preparando un nuevo proyecto o haciendo nuevas conexiones con ideas nuevas.

Su obra no es fácil para todos los públicos, sin embargo, durante el 2º Festival de vídeo del centro de Cali, su video Ten Skyes, se vendió como pan caliente. “Dame dos para enviárselos a Benning”, escuché pedir a uno de los organizadores de e/i mientras alistaba los cuatro mil pesos para pagar las dos películas. Y es que para este director el dinero no es lo importante; es más bien proyectar un estado de ánimo, llevar a la contemplación de paisajes naturales o culturales y que su público entienda que su medida del tiempo es el pasado ahora.

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