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Javier Moreno: "Lo fundamental para el periodista es contar la verdad"

El director para las Américas de El País, que estuvo el pasado 27 de febrero dictando una conferencia en la Biblioteca Luis Ángel Arango llamada "Hablemos de verdad", conversó con El Espectador sobre la era de la posverdad y la importancia de la ética en el periodismo.

Javier Moreno Barber, director para las Américas de El País.Casa de América- Flickr

La posverdad tiene mucho de sus fundamentos en los principios de la propaganda nazi de Goebbels. ¿En qué ha podido mutar cada estrategia y por qué no se había prestado tanta atención a esto sabiendo que no es una dinámica del presente? 

La posverdad tiene que ver con Goebbels pero también con muchas cosas que sucedieron antes. La idea de que los medios de comunicación se puedan utilizar de forma tramposa preexiste a Goebbels. Yo creo que es algo que aparece con la propia humanidad. La diferencia es de qué tipo de tecnología se dispone para amplificar y diseminar con fuerza esas mentiras. La mentira es consustancial al ser humano, existe desde mucho antes. Goebbels desde luego demostró una pericia extraordinaria y tuvo en sus manos un medio nuevo que le dio la posibilidad de amplificar el mensaje y ese era la radio que, si lo comparamos, sería el equivalente  a las redes sociales o al entorno digital. 

Gran parte del tema de la posverdad nace de las alianzas de los grupos económicos -dueños de los medios tradicionales- y los gobiernos de turno. ¿Cómo desligar a los medios de estos intereses particulares? ¿Por qué le ha costado al periodismo ser independiente de los poderes estatales? 

Naturalmente ha habido, por desgracia, esa conexión entre los grandes grupos de comunicación y los centros del poder, siendo estos los gobiernos, grandes empresas, sindicatos, iglesias... Ese es uno de los males del periodismo, no tiene nada que ver con la posverdad. Existe desde hace muchísimo tiempo y existe de forma perversa. Mina la confianza absoluta de la sociedad. En sociedades menos avanzadas, democraticamente hablando, que otras, esa descripción de la convivencia entre grupos de comunicación y centros de poder. Yo no diría que eso está en el origen del actual panorama que muestra que es imposible decir qué es verdad y qué es mentira. Eso siempre ha estado ahí. Es algo por lo que hay que luchar. Es algo que tiene que ver con el desarrollo de una sociedad en términos de democracia. 

¿Por qué le cuesta más a unos países que a otros?

Porque en general son sociedades menos estructuradas democráticamente. Los medios no son tan potentes o tan independientes como en países anglosajones donde hay una tradición de independencia ciudadana respecto a los poderes. Esa tradición existió, pero la sociedad la acabó. En los países latinos, España y la mayor parte de América Latina no hemos hecho de forma tan completa esa revolución. De ahí surge la mayoría de nuestros males. 

Ryszard Kapuscinski decía que “Para ser periodista hay que ser buena persona ante todo”. Y ahí es donde enlazamos la ética para ser un buen profesional, en especial en este campo. ¿Cree que muchos no están preparados para afrontar las verdades pese a lo incómodas que puedan ser? ¿Hay, tal vez, algún temor a cargar con esa responsabilidad de ser leales a las realidades de una sociedad? 

Efectivamente coincido con Kapuscinski. Hay que creer en casos. No se puede ser cínico. Hay una moda del periodista que es creído, que no cree en nada. Es imposible hacer periodismo desde ahí. En cuanto a la capacidad de afrontar la realidad, yo creo que un periodista honesto y comprometido con su trabajo sí forma parte de su ADN el hecho de resistir a eso. Cada vez estoy menos seguro de que parte de nuestros lectores, oyentes y espectadores estén en esa situación. Hay mucha gente que no quiere ver lo que sucede. No queremos ver la foto de muertos en un atentado, no queremos ver la foto de un niño ahogado en una playa. Queremos lectores, queremos una versión sanitizada o limpia de la realidad. Eso es falsear la realidad. No hemos visto, por ejemplo, y es muy interesante, que en todas las matanzas en Estados Unidos nunca vemos un cadáver. Siempre vemos a familiares llorando, amigos que se abrazan. Ahí se oculta una parte de la realidad. Se puede seguir discutiendo evitando ese shock. Yo no sé si eso contribuye a que sea imposible endurecer las leyes para controlar las armas en Estados Unidos o no, pero sí sé que no se transmiten esas imágenes porque los espectadores no quieren verlo. 

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¿Que responsabilidad tiene el periodista ahí? ¿Hay algún temor con esa responsabilidad?

Hay un temor a caer de la gracia del lector, a perder el apoyo y el respaldo. En las redacciones se ve eso. Mucha gente dice que hay que hacer esto o no hay que hacerlo. Hay que darle al lector la realidad por cruda que sea, o plegarse a sus deseos de no ver ciertas cosas. Es una discusión permanente y en el periódico la he tenido muchas veces y de forma muy dura. Honestamente creo que nuestra obligación es ofrecer la realidad a la sociedad, o por lo menos una versión lo más cercana posible con todas sus consecuencias. Y no creo que nuestra responsabilidad sea envolver en algodón las conciencias de unos lectores ocultándoles una parte de la realidad. 

La ética también nos lleva a hablar de la dualidad esencial entre lo que es bueno y lo que es malo. Al ser dos nociones fundamentales pero también subjetivas, ¿cómo debe asumirla el periodismo?

Lo fundamental para el periodista es contar la verdad. A veces el problema viene porque hay unas expectativas exageradas sobre las capacidades reales del periodista. Se nos exige contar toda la verdad. No tenemos medios técnicos. Cada vez tenemos menos medios humanos, menos recursos. Esa expectativa está dañando la profesión porque nosotros no la podemos satisfacer. Yo creo que los periodistas tenemos que reivindicar el hecho de poder contar verdades, sobre todo cosas que son verdad y que es un trabajo en conjunto de la sociedad establecer y alcanzar la verdad. La verdad es algo que está ahí afuera, que es objetiva y creo que se puede alcanzar, precisar, determinar. Pero ese es un trabajo de toda la sociedad, especialmente en Colombia por el contexto actual. Sin establecer la verdad es imposible sanar las heridas y avanzar como sociedad. Esa tarea no puede recaer de forma exclusiva sobre los periodistas porque creo que son expectativas a las que estamos condenados y no podremos satisfacer. 

¿Cree que la solución a una ética del periodismo debería pensarse más allá de las clases que se imparten en la academia sobre el manejo adecuado de la información y de las fuentes? 

Yo no creo mucho en las academias. Creo que el periodismo no es una ciencia de la información. Esto es un oficio. Y como todos los oficios se aprende haciendo. En las redacciones, periódicos, radios, televisiones, en las calles. Si tú tienes un dilema ético no te vas a dirigir a los apuntes del tercer semestre. La formación académica ayuda mucho a estructurar la cabeza, la forma de pensar, ofrece una cultura general, pero el periodismo en concreto es un oficio en el que estamos en riesgo de perderlo. Es un oficio que se transmite de generación en generación. La ética se aprende de los grandes periodistas con los que uno trabaja cuando es pequeño, cuando está empezando. 

¿Qué sucede con los periodistas en el caso de las redes sociales donde todos, al parecer, tienen el poder de subir y compartir información de interés para el público en general?

Lo que estoy viendo es que la capacidad de diseminar horizontalmente, de forma masiva e inmediata el mensaje de cualquiera de forma interesada y a veces de forma inconsciente, nos ha llevado a un momento en el que pese a toda la tecnología y todo lo que ha avanzado la raza humana nos encontramos en un momento en el que nos estamos haciendo la pregunta más básica de todas que es cómo distingo lo que es verdad de lo que es mentira. Creo que ahí tiene mucho que ver ese momento en el que nos encontramos con esa horizontalidad de las redes sociales. 

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Es cierto que el problema de la “posverdad” no solamente compete al periodismo, pues en el momento en que aceptamos que se apela a las emociones de la opinión pública estamos visualizando que el problema radica en un vacío educativo de la sociedad en general. ¿Cree que aquí el periodismo debe influir como un canal que no solo informa sino que también educa espíritus críticos? ¿No haría falta enfatizar en un periodismo que haga contenidos que inviten a los lectores u oyentes a reflexionar?

Yo no sé si el periodismo tiene que llevar a la reflexión o a la educación. Naturalmente cuando el periódico ofrece una historia, el lector la lee, la absorbe y reflexiona de entrada. No hace falta añadir más. Yo creo que los periodistas tenemos bastantes desafíos y más ahora en la época que llamamos posverdad en la que es tan difícil distinguir la verdad de la mentira. No creo que tengamos que asumir una función más. El trabajo del periodista es ofrecer a sus ciudadanos las herramientas necesarias en información para que él tome por sí mismo decisiones. Hay muchos ámbitos, muchas maneras en las que la sociedad organiza la educación de sus ciudadanos. 

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REDACCIÓN CULTURA

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Javier Moreno: "Lo fundamental para el periodista es contar la verdad"

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