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Jean-Paul Sartre, ontología existencial

En 1905 el mundo arrojó a un personaje particular, su nombre Jean Paul Sartre, hombre que no dejó a nadie indiferente, ícono del pensamiento francés.

Jean Paul Sartre, exponente del existencialismo francés, falleció el 15 de abril de 1980.Archivo particular

Creció en una familia acomodada, criado por sus abuelos, uno de ellos Premio Nobel. Formado por profesores privados, luego de concluir su bachillerato comenzó su educación superior de filosofía en la Escuela Normal de París. Desde entonces publicó textos, justo cuando conoció a quién sería su amiga y compañera, Simone de Beauvoir. A partir de 1929 cuándo terminó de prestar su servicio militar se dedicó a la enseñanza filosófica, desde 1932 empezó a interesarse seriamente por la fenomenología; entre 1933 y 1935 realizó estudios de posgrado en Berlín y friburgo, retornó a París donde escribió La trascendencia del ego; en 1936 publicó La Imaginación y en 1938 publicó su primera novela, La Náusea.

Al declararse la Segunda Guerra Mundial fue inmediatamente movilizado donde prestó servicio militar en la unidad de metereología, en Nancy. En junio de 1940 fue hecho prisionero y trasladado a Alemania donde leyó profundamente la obra El ser y el tiempo de Martín Heidegger. En 1941 fue liberado, volviendo a Francia, donde estuvo en un frente de resistencia antinazi hasta 1944 cuando París fue liberada. En 1943 publicó su obra magistral El ser y la nada, ensayo de ontología fenomenológica, tratado que generaría un movimiento que predecería la vida intelectual Francesa hasta finales de los años 80, el existencialismo.

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Debemos detenernos aquí, por que es donde está uno de los aportes fundamentales de Sartre, un diálogo profundo y crítico con todo el pensamiento anterior, desde Descartes hasta Hegel, Heidegger y Husserl, donde la conciencia es siempre conciencia de alguna cosa, es decir, el ser en sí, es lo que es, la total inmediatez de las cosas consigo misma. La conciencia es separación, es decir, espontaneidad, libertad. Una definición de algo es su esencia pero en el hombre no existe una esencia, se construye, el ser del hombre depende de las elecciones que haga, sus condiciones materiales y la sociedad que lo rodea. La libertad está inmersa en la conciencia, por consecuencia el hombre está condenado a ser libre, es responsable del mundo y de él, dado que es, lo que es, por lo que otros hicieron con él.

 Al no dejar de elegir se expone al fracaso, en la angustia se comprende la libertad original. 

Todas las acciones son libres, cuando digo no puedo hacer ésto o aquello, debería decir, elijo no hacerlo. Al analizar la temporalidad el hombre siempre huye del Ser que fue, hacía el Ser que será, somos construcción continúa, somos temporalidad. Años posteriores escribiría El existencialismo es un humanismo, un hombre hecho para muerte, quién comprende que la muerte es la imposibilidad de todas las posibilidades. Este pensamiento es una filosofía liberadora. En 1945 fundó “Tiempos modernos” con su amigo Merleau Ponty, una de las revistas más importantes de la posguerra. Presentó obras teatrales, entre ellos “a puertas cerradas”. En 1964 rechazó el Premio Nobel de literatura, por el contrario aceptó asumir la presidencia del tribunal Russell, en Estocolmo, para juzgar a EE.UU por los crimenes en Vietnam. En 1968 lideró junto a estudiantes el famoso Mayo francés. Dejó de escribir por una hemorragia detrás del ojo sano, había perdido uno a los tres años de edad. Desde allí siempre estuvo junto a él su compañera Simone de Beauvoir, pensadora francesa, precursora del feminismo.

La filosofía de Sartre trae consigo un debate histórico, sin embargo dentro de su cadenas de elecciones,muchos consideran malas, tiene algo humano que uno puede palpar. Su figura debe ser recuperada con el tiempo, el siglo XX quedó indudablemente marcado por J Sartre; particularmente pienso tener una frase que resume lo mencionado, es de un intelectual, el cuál respeto mucho, de origen colombiano, su nombre, Estanislao Zuleta: “Hay dos cosas que no se pueden obligar a un hombre, pensar y amar: esos son los límites infranqueables de la libertad”.

La reflexión más linda es entender que somos seres finitos con una posibilidad inamovible como la muerte. De nuestras elecciones depende uno mismo y el mundo, por antonomasia esa responsabilidad es inalienable, intransferible, de ahí qué está realidad sea nuestro producto. El hombre del mundo terrenal debe elegir bien, con razón, siempre consciente que la transformación del mundo está en nuestras manos. En el plano fáctico recuerda la premisa de la famosa tesis número 11 sobre Feuerbach: “no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

El concepto de libertad se ha modificado a lo largo de la historia, por ejemplo, en el siglo XV y XVI quien emitía el paradigma de libertad era la Iglesia Católica, todo bajo el manto de los cánones, en román paladino, bajo sus leyes. A finales siglo XVIII, la revolución francesa establecería la materialización del concepto de libertad con la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.

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El siglo XX, tiempos del ardor supremo del debate fenomenológico y existencial, se pone en la meza de debate al ser, rompiendo esa tradición en el campo de la filosofía donde su centro era lo abstracto. También fue el siglo de las dos guerras mundiales, era necesario hablar de Ser; E. Husserl, inicia este movimiento con su tesis sobre la fenomenología transcendental  desarrollando algunos conceptos heredados de Brentano como la intencionalidad y objetos intencionales, en los cuales, las vivencias hacen referencia a los objetos. Años después en Alemania, antes del ascenso de Hitler al poder, Martin Heidegger —Criticado mucho por su supuesta cercanía al III Reich— construiría los cimientos   de un pensar no metafísico con su obra cumbre: El Ser y el Tiempo. El hombre se vuelve el epicentro de análisis, estableciendo una critica en torno a las formas del sujeto,  avasalla a quienes se dedicaron al estudio ontico – de los entes- y no ontológico, afirmando que la esencia del ser está intacta al no brindarse un estudio objetivo, dirigiendo la mirada a ente humano. Estas ideas maravillarían al joven Sartre, influyendo notablemente en su forma de ver el mundo: “El hombre está condenado a ser libre; porque una vez es arrojado al mundo, es responsable de todo lo que haga." 

Es evidente que el hombre es responsable de su esencia, en esa angustiosa búsqueda de respuestas concretas, necesarias en el mundo del pensamiento, forjarían una época esplendida; Su filosofía es más profunda y maravillosa esto es sólo una invitación.                     

 

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