Jorge Villamil, un médico para el alma

Hace seis años murió el compositor y traumatólogo huilense. Sus 172 canciones han sido interpretadas dentro y fuera del país.

Jorge Villamil estuvo en los inicios del Reinado Nacional del Bambuco.

 Hace más de medio siglo el compositor Jorge Villamil Cordovez (6 de junio de 1929 – 28 de febrero de 2010), lograba colocar uno de sus temas –Espumas- en la voz de uno de uno de los grandes vocalistas de América del momento, Javier Solís, dándose a conocer en la escena internacional Era el comienzo de una carrera de éxito que no lo abandonaría jamás, pues al menos de este pasillo, se grabarían 80 versiones en todo el mundo, y muchos otros de sus temas alcanzarían otro record de grabaciones.

Pero ¿qué talento acompañaba a este médico ortopedista que desde muy joven había escuchado las rajalenas y bambucos de su tierra natal, Neiva? Pienso, al escuchar sus canciones, en un gran sentido de la observación del alma humana, unido al don natural para componer bellas melodías con letras alusivas al paisaje, lo que trasponía con mucha facilidad en su tiple con dejo silbador. No en vano se le considera un auténtico cronista, a quien le gustaba integrar esos dramas cotidianos, prefiriendo los relativos al amor, a las circunstancias adversas que separan la realización de la dicha verdadera. O en la exaltación del paisaje natural con sus personajes épicos, cuyo dejo fatalista no exento de humor sabe ver por encima de las apariencias la presencia ineluctable de la muerte, afirmándose no obstante a la vida mientras dura.

De todos modos, no podemos dejar de hacerle un homenaje a este compositor que llegaría a acumular tantos éxitos como canciones, al menos 200, interpretadas por tantos cantantes famosos, desde que sus primeros intérpretes, Garzón y Collazos o los Tolimenses, que bellos arreglos para cuerdas lo dieron a conocer entre el público colombiano. Así podemos mencionar a Alejandro Fernández, Vicente Fernández, Lola Beltrán, Chavela Vargas, Olimpo Cárdenas, Soraya, Paul Mauriat, Frank Pourcel, Felipe Pirela, quienes hicieron memorables interpretaciones de temas como Los Guaduales Oropel, Me Llevarás en ti, El Barcino, Llamarada, Los Remansos, Luna roja o Rosa María, y tantos otros.

Parece que su viaje a México (1965) le abrió puertas de inspiración al lado de figuras del espectáculo, como José Alfredo Jiménez, Pedro Vargas, Mario Moreno, ‘Cantinflas’, Marco Antonio Muñiz, Los Panchos, Consuelo Velásquez y Armando Manzanero, pero esto no le impediría regresar a su patria para seguir impulsando a nuevos artistas nacionales como Silva y Villalba, a quienes entregó buena parte de este material, además de trabajar por los derechos de los autores nacionales iniciando un trabajo de modernización en Sayco, entidad a la que entregó buena parte de su vida al lado de otros autores prestigiosos como José A. Morales, Rafael Escalona, Lucho Bermúdez y José Barros.

Así transcurrió la vida de este gran compositor, que llevaba consigo la música que escuchó desde niño a los jornaleros de la Hacienda El Cedral de su padre (una gran plantación cafetera del sur colombiano, que en los años 30, 40 y 50 se fue a pique por la violencia liberal), y que le dejaría indelebles experiencias que reivindicó y replicó poéticamente en muchas otras geografías de nuestra patria.

Un compositor prolífico que dignificó la labor del artista, y recibió numerosas distinciones en vida. En el campo musical mencionamos cinco discos de oro otorgados por Sonolux, un disco de platino entregado por el sello Musart de México, la Estrella de Oro de Phillips, la Orquídea de Plata Phillips, el Premio Mejor Compositor de 1975 conferido por El Tiempo y el Premio Aplauso 1998, máxima condecoración en el mundo de las bellas artes en Colombia. Internacionalmente, la distinción como Compositor del Año 1978 (Compositor de las Américas y el mundo hispano), en Nueva York; La Palma de Oro, en Hollywood; el Gallo de Oro, en Brasil; la Placa de Oro de la Asociación Columbia Spirits Inc., de New Jersey, etc.

Pero también todo un profesional de la medicina que en su vida personal prefirió la música como la mejor medicina para sanar las heridas del alma, cuyas historias de amor peregrinas como las mismas “espumas viajeras en el ancho río”, nos quedarán para siempre en la memoria. Así conmemoramos su obra musical y su partida hace seis años.

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