Historias de Vida

‘La vida no es solo un proceso biológico, es también algo espiritual e intelectual’: José Félix Patiño Restrepo

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En esta entrega de Historias de Vida, la serie creada y producida por Isabel López Giraldo, presentamos una entrevista con el médico cirujano José Félix Patiño Restrepo, quien fue rector de la Universidad Nacional en la década del sesenta.

José Félix Patiño Restrepo más que un médico cirujano, es un hombre que invita a la reflexión, que descubre las fronteras del conocimiento y de las capacidades individuales, pero también invita a soñar y a realizar; es sensible no solo a las artes sino a la naturaleza y a la vida misma; sonríe con la mirada, recuerda con el sentimiento profundo del que vuelve a vivir y lo revela en el brillo de sus ojos, en su sonrisa insinuada y, finalmente, en su discreta risa, que contagia. Ha sido siempre un enamorado de la medicina, de la filosofía, de la historia, de la academia, de su país, de la música y en especial de la ópera y de María Callas, pero también de la belleza y de la inteligencia representadas en la mujer.

Navegar a través de una vida que cuenta más de nueve décadas despierta las emociones, el entusiasmo y la curiosidad por conocer en el mayor detalle posible el pensamiento, las reflexiones y las experiencias de un ser humano que es universal, de inagotable conocimiento y cultura, comprometido con la sociedad, padre de una familia ejemplar, pero también de una lista muy larga de instituciones que aún hoy permanecen y que son protagonistas de una nación que requiere personas que se han retado y que han devuelto de manera multiplicada todo cuando la naturaleza y las circunstancias les brindó en beneficios y oportunidades, como es su caso.

¿Quién es usted, doctor Patiño?

Soy médico, fundamentalmente un cirujano que ha disfrutado plenamente todo cuanto ha vivido, que ha sido siempre en función de enseñar y servir desde muy distintos ámbitos.

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¿Cuál es la responsabilidad que tiene la medicina con la sociedad?

Isa, para contestar tu pregunta debo plantear que la atención de la salud es uno de los pilares fundamentales de la estructura social como son, por ejemplo, la justicia o la policía.

Desde esa perspectiva, el médico tiene un contrato social, y ese contrato es la relación médico paciente, que es sublime y sin igual, basada por una parte, en la confianza de la persona que literalmente pone su vida en las manos del médico, y por la otra, quien debe asumir tan tremenda responsabilidad. Pero esta relación no es la única, por cuanto también es su obligación el bienestar de la comunidad en su totalidad en términos de la conservación de la salud física y emocional.

Te voy a contar una historia. En una ocasión preguntaron al eximio presidente Guillermo León Valencia cuál de los dos ministerios, el de salud o el de educación era más importante para el desarrollo del país. Su respuesta fue que, por supuesto, el Ministerio de Salud, porque si la persona no tiene salud no puede tener educación. Los gobiernos generalmente desconocen la importancia real del Ministerio de Salud y muchas veces los nombramientos se han hecho por razones políticas o en forma equivocada, designando personas que desconocen el campo de la salud. Quedé sorprendido cuando recientemente un distinguido exministro de hacienda escribió en una columna, algo así como que: “Colombia tiene uno de los mejores sistemas de salud del mundo” (!). Es la visión desde el escritorio de un economista, cuando la realidad es que la salud vive la peor crisis en la historia de Colombia. Es el único país del mundo donde el ciudadano tiene que acudir a un juez mediante tutela para que le brinden el servicio al cual tiene derecho.

Recuerdo que estando en la Universidad de Yale, el decano me dijo en una ocasión, cuando yo era estudiante de pregrado: “José, la salud es lo más importante en el desarrollo de un pueblo”. También me dijo, usted ingresa a la más sublime profesión porque está basada en altruismo y en servicio a los demás. El actual fallido sistema de aseguramiento comercial causa la desprofesionalización de la medicina para convertirla en un oficio bajo el poder dominante de la intermediación financiera.

Para el buen desarrollo de la salud en un país aparece el hospital como elemento fundamental. Desafortunadamente el desastroso Sistema Nacional de Seguridad Social en Salud que creó la Ley 100 de diciembre 23 de 1993, cuyo ponente fue el entonces senador Álvaro Uribe Vélez, está acabando con los hospitales que exhiben anualmente un crecimiento desbordado de su cartera. Esto es especialmente grave en el caso de la red pública de hospitales que constituyen la columna vertebral de cualquier sistema de salud.

Es desafortunado ver cómo ministros de salud economistas parecen darle más importancia a la intermediación financiera que al mantenimiento óptimo del funcionamiento de la red hospitalaria pública.

Su vida como médico ha estado muy ligada a la de la Fundación Santa Fe de Bogotá, la misma que después de varias décadas de constituida sigue aportando a la construcción de sociedad. Esta institución es muestra de su compromiso con la comunidad, de gran impacto y largo alcance.

Isa, recuerdo que cuando habíamos decidido crearla recibí en mi casa la visita de Ignacio Barraquer y también la de Camilo Casas de la Clínica del Country, quienes me manifestaron que no era necesario construir una nueva clínica y que sus instituciones podían brindar servicios especializados de alta calidad. Les respondí que no se trataba de crear una nueva clínica sino un hospital de características diferentes a las que existían en Colombia y en América Latina, fundamentalmente con un cuerpo médico rigurosamente seleccionado, trabajando bajo un régimen de dedicación exclusiva y con un estricto reglamento, y que contara además con el mejor departamento de enfermería de América Latina. En ese momento desde México hasta la Patagonia no existía un hospital con tales características.

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Usted fue testigo de primera mano de los hechos ocurridos en un momento histórico y crucial para el país, como fueron los años sesenta, y en sus inicios estuvo al frente de la Universidad Nacional. Quiero, por favor, que me cuente cómo fue sortear su responsabilidad como rector cuando se produjo un incidente con su gran amigo, el presidente Carlos Lleras Restrepo.

Isa, en efecto, los años sesenta fueron de turbulencia en la juventud universitaria no solo de Colombia sino de otros países. Pero en la Universidad Nacional, la situación era, seguramente, la más difícil de su historia. Con solo darte un dato, entre 1958 y 1964 tuvo ocho rectores. Rector que se posesionaba, la violencia del movimiento estudiantil lo hacía renunciar. Por otra parte, la Universidad había perdido su norte, era en realidad una federación de facultades profesionalizantes.

Asumí la rectoría cuando habían colocado una bomba en la oficina de mi antecesor que afortunadamente no ocasionó sino daños materiales. Hoy, mirando hacia atrás, parece increíble que tal cosa hubiera ocurrido. Este hecho demostraba que había una división total entre directivas y estudiantes, cuando la Universidad debe ser lo contrario, debe ser una comunidad dedicada al crecimiento del conocimiento, a la difusión de la cultura y a la contribución del desarrollo del país, en conjunto, directivas, profesores, estudiantes y empleados administrativos, todos con un mismo objetivo.

Comprobé que no existía el diálogo y que, sin este, se pasa de un ambiente de cordialidad a uno de pugnacidad. Esa política de diálogo que desarrollé con los estudiantes dio muy buenos resultados y la comunicación con ellos se volvió fluida y fácil. Al emprender tan profunda reforma estructural como la que produjimos, los estudiantes fueron los primeros en apoyarla.

Viví momentos muy difíciles cuando el doctor Carlos Lleras Restrepo, tal vez la persona que más he admirado en mi vida, egresado y profesor de la Universidad Nacional, fue a dar una conferencia y los estudiantes le armaron un bochinche que, si bien fue muy grave, y sin duda una falta de respeto con esa persona tan importante, la prensa se encargó de magnificar, informando que su vida había estado en peligro cuando eso no era cierto. Para mí fue sumamente difícil la situación por cuenta de su reacción y la cercanía que yo tenía con él.

Conociéndolo tan bien, sabía que cuando llegara a la Presidencia, a la primera oportunidad que se le presentara, iba a impartir la orden de militalizar la universidad, como en efecto ocurrió cuando yo ya había dejado la rectoría. Siendo rector Guillermo Rueda Montaña, mi sucesor, invitó al señor John D. Rockefeller III, quien había contribuido tan generosamente a nuestros programas, a visitar la Universidad. Durante la visita los estudiantes armaron un boicot, ante lo cual el presidente Lleras Restrepo ordenó el ingreso de tanques y soldados al campus universitario.

Han pasado 52 años desde su reforma. ¿Cómo la ve hoy?

Tuve una gran satisfacción cuando hace unos años, visitando la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, a la cual he estado muy cercano toda mi vida, dos estudiantes de ciencias sociales me entrevistaron para manifestar que en sus investigaciones para tesis de doctorado encontraron que era la reforma de la educación universitaria más profunda y más perdurable en América Latina desde la reforma de Córdoba de 1918.

Por favor cuénteme para usted qué es la vida.

Isa, la vida existe, pero no en abstracto. Lo que hay son seres vivientes cuya cualidad es la vida. Su definición cambia según a quien le preguntes; cada profesional te responderá acorde con la perspectiva desde su campo de conocimiento. Lo que es incuestionable es que la vida es aquello que nace, crece, se desarrolla, se reproduce, se adapta al medio ambiente, y muere, y entre lo que vemos sobre la faz de la tierra, los animales y las plantas, tienen esa característica. Creo que lo fundamental es la capacidad de adaptarse al medio, pero esa adaptación también puede causar deterioro del medio ambiente, como lo vemos en forma dramática en la actualidad. Para su mejor adaptabilidad, pero principalmente por motivaciones económicas, el hombre está destruyendo el planeta tierra.

Como todo lo que existe sobre la tierra, vivo o inerte, el ser viviente tiende a deteriorarse, proceso que se denomina entropía. Cuando un paciente está enfermo aumenta la entropía, y nuestra labor como médicos es luchar contra ella con el objeto de regresar al estado normal, un proceso que en medicina llamamos homeostasis.

Lo anterior, es una visión médica, pero mis aficiones diferentes de la medicina me han hecho la vida muy amable. Por ejemplo, la música, y dentro de esta, la ópera. La ópera es la más sublime expresión del sentimiento humano. Isa, cuando vas a un concierto de una gran orquesta, por ejemplo la Filarmónica de Viena, te emocionas aunque no ves a la gente llorar, pero en la ópera Madama Butterfly volteas a mirar al público y cuando ella canta un bel di, vedremo (un bello día veremos) encuentras a más de una persona con lágrimas de emoción. En la vida, las emociones se sienten gracias a la expresión cultural del hombre.

Te puedo decir que he disfrutado la vida al máximo: Confieso que he vivido, como el título que dieron los amigos de Pablo Neruda a su libro póstumo, y como la canción A mi manera (My way) que canta Frank Sinatra. A mis 92 años, puedo decir que he vivido plenamente y que ha sido a mi manera.

La vida no es solo un proceso biológico, es también algo espiritual, intelectual, es el goce de lo que el hombre ha producido, como son la música y tantas otras expresiones artísticas. Yo, y creo que esto es heredado de mi padre, el profesor Luis Patiño Camargo, siempre consideré que debía servir y por ello escogí la medicina que en realidad actúa en la sociedad como una comunidad moral, por cuanto su único objetivo es buscar el bien de las personas.

Desde la medicina uno puede entender al máximo qué es la vida, por qué y para qué habitamos en el planeta tierra, y como he sido médico, desde la perspectiva de mi profesión puedo analizar y comprender al ser humano y su relación con el entorno.

¿Cuál considera es su mayor legado?

Sin duda, mis discípulos.

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