Juan Carlos Méndez Guédez: “La vida y la escritura son formas de reconciliación”

El escritor venezolano acaba de publicar en España “La ola detenida” con la editorial Harper Collins, novela que estará pronto las librerías de  Latinoamérica. 

Imagen del escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, para quien la literatura es una forma de reconciliación. Cortesía

Juan Carlos Méndez Guédez, quien desde hace veinte años vive en España, es uno de los escritores más importante de la escena narrativa venezolana.  Es autor de las novelas “Los maletines”, “Una tarde con campanas” y “Árbol de luna” y de los libros de cuentos “La noche y yo”, “Ideogramas”, “Hasta luego Mister Salinger”.  En el año 2013, su título “Arena negra” fue el libro del año en Venezuela y en el 2009 le fue concedido el premio internacional de novela Ciudad de Barbastro por su novela “Tal vez la lluvia”.  En la actualidad es uno de los tres finalistas del Premio Mandarache con su obra “Madame Kalalú”.   

En la ciudad de Caracas, Venezuela, se desarrolla la historia de “La ola detenida”,  su última novela. Aquí, una detective muy peculiar, Magdalena Yaracuy, debe encontrar a Begoña, la hija de un influyente político conservador español. Crímenes, sangre, grupos paramilitares, secuestradores, narcotraficantes y militares corruptos, rodean el mundo de Begoña, que quizá ha cometido el error de enterarse de peligrosos secretos en un país aplastado por la escasez y el miedo.    

En “La ola detenida”, el lector encontrará a dos protagonistas: la primera, Caracas, una ciudad secuestrada por la violencia; la segunda, Magdalena Yaracuy, abandonada por su madre, criada por su padre, devota de María Lionza, amante de la libertad, con un vicio: los hombres guapos, y a pesar de escuchar música clásica, cautivada por el ritmo pegajoso del reguetón.

Es así que con esta historia Méndez Guédez se arriesga con el género de la novela negra. Graham Greene, Patricia Higsmith, Marcos Tarre y Osvaldo Soriano fueron algunos de los autores que leyó el venezolano durante su escritura: "Es una novela que he respirado y vivido estos años. He sentido la necesidad de contar ese lugar terrible que es ahora Caracas".

-Sus primeras novelas “Arena negra”, “Una tarde con campanas” y “El libro de Esther” tocaban el tema del inmigrante; ahora habla de Venezuela, pero desde otra voz.

-Esos libros que mencionas reflejaron la experiencia que viví en algún momento. Ahora, es difícil sustraerse a la violencia y al dolor profundo que está viviendo el país.

-En su novela, la realidad venezolana es mostrada de una manera descarnada, ¿teme algún tipo de rechazo?

-Cuando escribo pienso: "Es indispensable para mí contar esta historia y no otra". Cada novela surge de esa necesidad. Actualmente, es muy difícil de comprender y descifrar qué quiere leer el lector venezolano, la gente está viviendo unas urgencias cotidianas horribles. En el futuro será importante que hayan quedado esas huellas porque eso nos ayudará algún día a tener memoria de este momento terrible que estamos viviendo, para no volver a repetirlo. Finalmente es ficción, y en las ficciones que le he dedicado a la violencia venezolana, hay una especie de compensación: los buenos terminan saliendo adelante, lamentablemente no es lo que está ocurriendo en la vida cotidiana. Mis novelas son una forma de justicia poética.

-En algún momento de la novela, se define en pocas palabras su país hoy: “Venezuela es una ruina de la que no deja de salir un inmenso chorro de petróleo.” 

-En efecto, el mundo le ha dado la espalda  a Venezuela.  El petróleo seguirá fluyendo, no los seres humanos que viven arriba.  

-Magdalena Yaracuy es devota de María Lionza, de hecho le pide ayuda a la diosa para resolver sus casos. ¿Por qué tocar en particular esta religión con tanta fuerza en su novela?

-La religión marialioncera es uno de los productos culturales más hermoso e interesante que hemos creado como país. La literatura, salvo pequeñas excepciones, había estado un poco de espaldas, quizás en parte por un cierto desprecio clasista porque es una religión muy popular. Como lo viví, lo conocí, le tengo ternura y cariño a esta religiosidad, me apeteció muchísimo darle presencia; los escritores debemos señalar y contar lo que nos conforma. Me parece interesantísimo tener una religión encabezada por una mujer cuando hemos sido un país de mujeres, donde la figura del padre está ausente. Además, el hecho de que hace años la estatua de María Lionza se haya roto, es la significación simbólica de lo que está sucediendo en el país.

-En varios pasajes de la novela Magdalena Yaracuy reafirma que es una mujer de fe. ¿Usted es un hombre de fe?

-Soy agnóstico, pero tengo un interés profundo por lo sagrado. Los que escribimos, pensamos que en el mundo cotidiano existe alguna forma de trascendencia, hay cosas que no vemos, que no entendemos del todo y que trascienden nuestra visión inmediata. La literatura es una forma de acercarse a lo sagrado que está dentro de nosotros, es una búsqueda sagrada del misterio que está dentro de nosotros.

-Si algo caracteriza este personaje femenino a diferencia de sus otras novelas, es que Magdalena es criada por su padre. ¿Esta es una manera literaria de reconciliar la relación con el suyo?

-A mí me interesa que los personajes tengan un poco de normalidad, pero también un pequeño desvío de lo que es la normalidad socialmente aceptada. Una niña criada por su padre en Venezuela es un caso extraño, no es algo común, pero ocurre. Magdalena está signada por el abandono de su madre y la solidaridad del padre que siempre estuvo ahí. En relación a tu pregunta: es posible, pero fíjate que esa reconciliación ocurre a través de un personaje femenino. La vida y la escritura son formas de reconciliación, lo cual no quiere decir que no me interese tocar el tema del padre en futuros libros.

-Gran parte de sus personajes protagónicos son mujeres, ¿siente cariño particular por alguna?

-Le tengo cariño especial al próximo personaje que voy a escribir, porque aún no existe.  Pero de esas mujeres, la bruja que sale en “Árbol de luna”, una abuela analfabeta que aparece en “Después la lluvia” y la protagonista de “Arena negra”.

-Y finalmente, ¿es usted un hombre de literatura o un escritor?

-Escritor. Soy un hombre que le gusta contar historias y no puede vivir sin hacerlo.

 

 

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