Juan Gabriel: dos hombres una vida

Alberto Aguilera Valadez y Juan Gabriel tuvieron que habitar en el mismo cuerpo. Ambas personalidades tan diferentes hicieron posible la existencia de una de los ídolos de la música mexicana.

Juan Gabriel en una visita a Colombia el 27 de septiembre de 1974. / Archivo El Espectador.

Que fue abandonado en un orfanato a los cinco años se sabe. Que aprendió a tocar piano y guitarra con Juan Contreras, el carpintero del lugar, se sabe. Escribió Yo no nací para amar, esa canción que es un himno, escondido en una de las habitaciones del albergue infantil. Fue de sus primeras composiciones: un canto que parece enmarcar la historia de abandono que sufrió en su niñez. Se sabe, también, que comenzó a cantar como Adán Luna en el bar Noa Noa, en Ciudad de Juárez. Pero fue en 1971 cuando esa historia, la de Alberto Aguilera Valadez, se conoció. En 1950 nació Juan Gabriel.

Él ha sido un símbolo de la cultura popular mexicana con uno de los repertorios más abundantes de composiciones en español.Todas sus canciones están basadas en esas experiencias que lo hicieron llegar a la fama: la tristeza y el rechazo que sufrió durante las primeras etapas de su vida lo catapultaron al éxito. Aguilera Valadez nació en Parácuaro (estado de Michoacán) el 7 de enero de 1950. El menor de 10 hijos vivió sus primeros años en la pobreza y, tras la muerte de su padre Gabriel Aguilera migró con su madre a Ciudad Juárez (estado de Chihuahua).

Victoria Valadez dejó a su hijo de cinco años en un orfanato de la ciudad. Aprendió a tocar piano y guitarra, y a los trece, la misma edad en la que compuso su primera canción, La muerte del palomo, escapó.Desde entonces comenzó un periplo por las calles: vendió productos de madera y cantó en bares de la frontera con Estados Unidos. Su vida pudo estar destinada al naufragio, pero Alberto Aguilera Valadez no nació para la derrota. A los 21 años consiguió su primer contrato con la disquera RCA y despegó con una discografía meteórica con la que consiguió vender más de 100 millones de álbumes en todo el mundo. Algunas de sus canciones han sido traducidas al portugués, japonés e italiano.

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Juan Gabriel y Alberto Aguilera Valadez fueron dos personas diferentes. Ambas, sin embargo, en un mismo cuerpo. El uno: famoso, llenando páginas de diarios cada vez que decía algo, portada de las revistas más populares de América. El otro: tímido, solitario, resguardado detrás de la bestia que era Juan Gabriel, el cantante, el Divo de Juárez.

En el año 2014 se hizo una autoentrevista. Siempre reticente a las entrevistas, el Divo de Juárez decidió hablar consigo mismo frente a las cámaras. “Siempre te meto en líos y en demandas. Pero tú siempre estás conmigo: me tienes, me cobijas, me proteges, me abrazas y me comprendes. Me aceptas y me perdonas. Yo sin ti no puedo vivir”, le dice Juan Gabriel, que viste de negro en el video a Alberto Aguilera, de gafas y abanico en mano. “Yo sin ti me muero. Gracias a ti sé lo que sé. También soy lo que soy y tengo lo que tengo. Gracias a ti yo como, yo vivo, yo tengo casa. Te presto mis canciones, Juan Gabriel. Te admiro y me caes bien”.
El mismo hombre que fue el primer cantante de música popular que se presentó en el Palacio de Bellas Artes, el recinto artístico más importante de México, al lado de la Orquesta Sinfónica Nacional, estaba dividido en dos partes. “Lo que se ve no se pregunta”, respondió a las preguntas acerca de su sexualidad. Completamente hermético con su vida privada, el Divo de Juárez nunca cedió ante los cuestionamientos de la prensa y el espectáculo.

El cantante ofreció su último concierto el pasado viernes en el Forum de Inglewood, en Los Ángeles (EE. UU.). En la presentación de más de dos horas se le vio emocionado y rindió un homenaje a Rocío Dúrcal. Su última gira en Colombia la hizo en 2013, y fue correspondido por sus fans.
Puede que el luto y la tristeza silencien por un momento a los seguidores del cantante mexicano. Sin embargo, no hubo otra manera más coherente en la que pudo morir: del corazón.

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