Juego mi libro, cambio mi libro

En la Feria hay espacios para hacer cambalache de títulos leídos, conocer y rotar una novedad de Libro al Viento e incluso tener una cita a ciegas con una buena historia.

Todas las obras de Gabriel García Márquez, empezando por “Cien años de soledad”, han circulado de distintas maneras y en diferentes formatos durante la Feria. / Cortesía Filbo

1. La historia de los libros usados

Hubo un tiempo en que los libros eran como personas. Personas que escogían a otras personas, que lanzaban miradas con ojos de cubierta. Los libros-personas tenían, para comenzar, una historia que contar y luego iban acumulando relatos después de ser leídos por alguien más. Cada uno iba dejando en sus páginas un poco de sí: una caricia, una lágrima, una hoja seca o una línea para subrayar una frase que no se quería olvidar.

No era fácil desprenderse de los libros-personas, pero el amor también se trata de dejar ir. El que ama no retiene. Tan sólo puede hacer una tímida sugerencia: “ojalá el próximo que escojas sea un buen lector”, “ve y cámbiale la vida, como ya lo hiciste conmigo”. Así los libros retomaban su vuelo, les cambiaban el perfume a sus hojas, se sentaban en una vitrina y, al final, escogían a una nueva persona.

2. El testigo del cambalache*

Le contaré quién me llamó la atención. Era un hombre mayor, elegante. Trajo Cincuenta sombras de Grey. Parece que no le gustó mucho, pero se justificó diciendo que había que leer de todo. Se fue contento porque se llevó un Libro al Viento de Mutis y otro de Gabriel García Márquez. Vino con la esposa y ella trajo también libros para cambiar.

Hay gente muy generosa, como el señor que donó toda su colección de Germán Castro Caycedo y sólo se llevó uno a cambio. ¿Que cuál es el mejor libro que he visto en esta vitrina? Tal vez la Divina comedia de Dante, y el peor fue uno sobre dietas con las frutas. Hay que recordar que este es un Cambalache Li-te-ra-rio.

Vienen todos, adultos, jóvenes. Lo único que le puedo decir es que las personas se parecen a sus libros y luego estos libros son llevados por gente con un perfil similar, como aquellas niñas algo sombrías que trajeron y se llevaron Crepúsculo.

Algunos escriben dedicatorias en la primera página del libro que dejan, como si fuera una carta de recomendación para que encuentre un lector adecuado. Por ejemplo, el año pasado vino el señor Fidel Cano, trajo un libro de William Ospina y dijo que ojalá se lo llevara alguien a quien le gustara leer.

3. Macondo para echar a volar

“Libro al Viento es un patrimonio público y, como lo dice su nombre, ojalá lo leyéramos y luego lo echáramos a volar”. Así presentó Antonio García Ángel, el editor de Libro al Viento, el nuevo título de esta colección de circulación libre del Instituto Distrital de las Artes. Se trata de Tres cuentos de Macondo y un discurso, en el que los relatos anticipan al Gabriel García Márquez de Cien años de soledad y los vasos comunicantes con otras de sus obras, como La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada. Además se encuentra el discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, La soledad de América Latina, en el que escuchamos a un Gabo “poético y reflexivo”.

No fue fácil, desde el punto de vista editorial, decidir cómo rendirle un homenaje a Macondo. Se pensó en crónicas y autores de Aracataca, o de los lugares que inspiraron al nobel, pero al fin se llegó a una conclusión: Macondo ya está inventado, y eso sólo lo puede contar Gabo.

¿Qué es Macondo? ¿Por qué es tan importante para las letras en nuestro país? A esto García Ángel responde en el prólogo del libro: “Macondo es el lugar que creó García Márquez para contar de la manera más contundente, cruda y poética nuestra historia, nuestra memoria, nuestros dolores y taras. Un ejemplo magistral de aquello que sabe hacer tan bien la buena literatura: valerse de la ficción para contar la realidad”.

4. Clasificado: Cita a ciegas con un libro

Anuncio #1: Te diré un fragmento para que te hagas una idea: “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”.

Anuncio #2: ¿Qué esperas de este encuentro? “El protagonista recorre caminos y senderos por la sabana de Bogotá siguiendo rastros indígenas para descubrir la historia oculta”.

Condición: Soy un libro misterioso. Sólo te revelaré mi título cuando te atrevas a quitarme la envoltura. Quiero conocer a alguien que se fije en mi interior y no en la fachada. ¿No es acaso más emocionante? ¿Una pizca de incertidumbre, una oda a la improvisación?

 

 

El encuentro: pabellón infantil y juvenil, stand de Santillana/Alfaguara.

* Agradecimiento a Paula Gómez y a Andrés Triana, del stand de El Espectador (pabellón 6, nivel 1).

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