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hace 1 hora
Fútbol paradójico

Jugar: una rebeldía de infancia (y IV)

Para continuar con esas noticias inverosímiles, pero reales, recuerden que una vez apareció la imagen de Jesucristo en una arepa; una señora de 75 años dio a luz a su séptimo hijo y el sexto lo tuvo cuando tenía 73 años.

Gabriel Omar Batistuta, legendario goleador argentino, y quien perdió los meniscos por las infiltraciones y el esfuerzo extremo en más de 15 años de carrera. Cortesía

Se muere con excesiva facilidad,

habría que morir de un modo mucho más difícil.

Elías Canetti.

 

Además, que dejan abandonado a un niño de cuatro horas de nacido debajo de una llanta de un taxi. Después de oír estas noticias, ¿qué nos queda? Tristeza, dolor, impotencia y, posteriormente, reírse de tanto dolor. Los aprendizajes más significativos, en consecuencia, están en el dolor y en la derrota.

En el fútbol, ese deporte antinatural porque es el único que se juega con los pies, es decir, es antinatura, pero, paradójicamente, logra permear todas las capas sociales, disciplinas y saberes hasta que aparecen autores que le han escrito magistrales páginas a esa relación entre fútbol y literatura: Eduardo Galeano, Juan Villoro, Günter Grass, Camilo José Cela, Fontanarrosa, Mario Benedetti, Pablo Neruda, Horacio Quiroga, Vicente Huidobro, entre otros. Por ello, es menester recordar una cita de Siddhartha que complementa la idea del aprendizaje a través del dolor: "El dolor es universal. Nadie puede liberarse de él, desde el nacimiento hasta la muerte".

Si está interesado en leer sobre el autor de esta acolumna, ingrese acá: Leer fútbol, jugar literatura

Y los de más allá sugieren que el dolor es “el más terrible de los señores de la humanidad”. Unos ejemplos simples, que fueron reseñados hace poco en el periódico El Colombiano, dicen que Muhammad Ali recibió 29.000 golpes en su carrera y murió con vejez prematura y con Parkinson. Mariana Pajón ha tenido 18 fracturas, un hematoma de riñón, una parálisis facial, lesiones en tendones y ligamentos, además de esguinces y suturas. Tiene nueve tornillos, dos platinas y un injerto de hueso. Batistuta, el jugador argentino, no tiene cartílagos y les pidió a sus médicos que le cortaran los pies. Alberto Contador, con un cavernoma cerebral, tiene 70 puntos en la cabeza y platinas de titanio.

Si está interesado en leer la columna de Juan Carlos Rodas que antecede a esta, ingrese acá: Jugar: una rebeldía de infancia (III)

Si necesitamos más ejemplos baste citar la vida y muerte de Robert Enke, el portero de Alemania para el Mundial de África 2010, quien se suicidó por una depresión severa por la muerte de Lara, su hija. O ¿cómo les parece el accidente del Chapecoense en Antioquia? La aerolínea que trajo al equipo se llama Lamia, que es el nombre de un monstruo mitológico que atraía a los viajeros para matarlos y devorar sus cuerpos, (¿paradojas de la literatura?). (Se trata de un monstruo representado por la cabeza de una mujer con cuerpo de serpiente). Estas tragedias dan cuenta de que el dolor es inherente a lo humano y que la felicidad es un episodio efímero que disfrutamos porque tenemos recuerdos. De hecho, los griegos llaman al dolor El perro guardián y ladrador porque, como la respiración y los latidos del corazón, está en la humanidad. Por estas razones es urgente invitar a recuperar la imaginación o el recreo. 

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2019-02-22T19:38:16-05:00

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Juan Carlos Rodas Montoya

Cultura

Jugar: una rebeldía de infancia (y IV)

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