Julio César Conde Tique: el 'monstruo' de San Bernardino

A Karen Daniela Sáenz Perdomo la asesinaron a los 16 años. A su corta edad, Karen conoció el malquerer de los hombres y el abuso sexual al que era obligada, según testigos, por su madre.

Ilustración: María Fernanda Reye

En el sepelio su rostro lucía tranquilo, como si la puñalada en el corazón que le arrebató la vida hubiera puesto fin a un siglo de sufrimiento, como si la muerte hubiese sido su salvación. Su amargura tenía nombre de padrastro: Julio César Conde Tique, un verdugo delgado, moreno, de pelo indio, labios gruesos, ojos achinados, cejas pobladas y nariz pronunciada que habría abusado de ella por más de siete años.

“Tenía el deseo de derramar sangre”. Así excusó su crimen Conde Tique al salir esposado del complejo judicial de Paloquemao hacia una cárcel de Bogotá, aclarando que sí mató a Karen Daniela pero que no la violó, según declaraciones que fueron divulgadas por el Noticiero Todelar. Conde, un hombre de aproximadamente 33 años, aceptó cargos por homicidio agravado, pero también es procesado por acceso carnal violento. Según la Fiscalía, Karen Daniela fue abusada desde sus siete años.

El homicidio de Karen, ocurrido el 24 de julio de este año, no fue dejado al azar. Conde lo planeó minuciosamente para que, antes de huir, alcanzara a disfrutar hasta el último gesto de dolor que mostraría Karen Daniela en la antesala de la muerte. “No me arrepiento”, dijo el hombre, que fue bautizado como el Monstruo en el barrio Bosa San Bernardino, localizado en el sur de Bogotá, lugar donde Karen creció y murió

“La mamá lo sabía y lo permitía. Todas las noches escuchábamos los gritos de la niña. Nosotros quisimos denunciar al Monstruo y cuando se lo dijimos a Karen, ella llorando se arrodilló y nos dijo que prefería morir antes de que ese hombre matara a sus cuatro hermanitos y a su mamá, a quien adoraba. La mamá debería estar presa junto con el loco de su marido”, le dijo a este diario un vecino de Karen y su familia.

Habitantes del sector aseguran que Karen dejó de estudiar la primaria para trabajar en un prostíbulo del sector de San Victorino conocido como La Mariposa, un lugar en donde laboran hasta habitantes de la calle. Cuentan que después de su paso por La Mariposa, Karen empezó a tener citas con “vejetes” que la visitaban frecuentemente en su casa, quienes le pagaban cerca de $100.000 por el rato. Camila*, una de las vecinas, asegura que la niña “tenía un cliente fijo, un anciano que siempre llegaba en una camioneta roja. Conde Tique nunca gustó de él”.

Según documentó la Fiscalía, cuatro días antes de su asesinato, Karen fue violada por Conde Tique en un lote ubicado en la parte trasera de la casa donde vivía la familia, a escasos 10 metros. Cuentan los vecinos que a las 12:00 del mediodía, Conde Tique salió acompañado de su mujer. Karen se quedó en la vivienda con sus hermanastros. Como a eso de las 3:00 p.m., Conde regresó solo a la casa. Entró sigilosamente a la vivienda y se escondió en un rincón de la habitación de Karen. La niña dormía.

La contempló hasta que pudo y después se abalanzó sobre ella. Se escucharon gritos de auxilio. Luego se vio cuando Conde la sacó a rastras hasta el lote. Algunas personas del sector fueron a ayudar a Karen, pero Conde los amenazó con “echarles a la guerrilla”. Los vecinos no olvidan esas palabras pues, después del asesinato de Karen y de las denuncias de que Conde era un violador, “encapuchados con armas rondan las calles del barrio. Después de las 8:00 p.m. es mejor no estar afuera”, dice Camila.

Un día antes de morir, Karen salió con uno de sus ‘novios’ casuales, un hombre de unos 55 años que decía llamarse Floro, quien le había regalado un par de zapatos nuevos y un anillo de oro. Karen llegó el 24 de julio a las 4:00 de la mañana. A eso de las 5:00 p.m., la adolescente tuvo una fuerte discusión con Conde Tique, quien, enfurecido, le reclamó que hubiera salido con Floro. La joven le pidió a su vecina Milena que le diera posada esa noche. Milena no pudo recibirla en su casa, así que le pidió a otro vecino, Domingo*, que lo hiciera.

Testigos aseguran que, después de la discusión, a Conde Tique se le vio desencajado y furioso. Felipe*, un amigo de la víctima, asegura que antes de cometer el asesinato, Conde Tique fue hasta una iglesia cristiana cercana al barrio, interrumpió una reunión y pidió perdón al pastor que la presidía. Después regresó al barrio.

El padrastro esperó a que todos en la cuadra estuvieran en sus casas. Después, caminó sigilosamente hasta la parte trasera de la vivienda de Domingo, en donde hizo varios huecos a la pared formando una escalera. Escaló las hendijas hechas a los desvencijados ladrillos y se metió a la casa. Karen estaba viendo televisión en la sala. Conde la sorprendió por la espalda, forcejearon. Su padrastro le clavó un cuchillo dos veces. La tercera puñalada se la propinó en el corazón. Karen fue hallada bocabajo por Milena, quien irrumpió en la escena del crimen. Karen sólo tuvo alientos para apretarle la mano a su vecina y desfalleció. Conde había escapado.

Según Viviana*, mejor amiga de la adolescente, Karen estaba embarazada, pero no sabía si el bebé era de Floro o de su padrastro. Finalmente, Conde Tique se entregó a la policía y lo dejaron en libertad. Los vecinos del sector marcharon por las calles de Bosa, algunos medios de comunicación señalaron que lo iban a linchar. Conde se resguardó en la casa de un hermano, José Augusto, quien lo entregó a las autoridades.

Para el funeral de Karen, sus vecinos hicieron una colecta para comprarle un vestido blanco. Dicen que así resarcirían su conciencia tempranamente perdida. A Karen Daniela la enterraron en el cementerio de Chapinero. La bóveda aún no tiene su nombre y la adornan las mismas flores, ya marchitas, que le dejaron el día de su entierro.

 

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