Para Kafka, quien me mostró una fría realidad

Con temas como la alienación, las transformaciones, la psicología y los conflictos familiares, el escritor Franz Kafka me influenció con su peculiar estilo.

La obra de Kafka, en su mayoría, se dio a conocer después de su muerte. / EFE
La obra de Kafka, en su mayoría, se dio a conocer después de su muerte. / EFE

Le escribo señor Kafka porque leí uno de sus libros, La metamorfosis, y me cambió la perspectiva. Lo recuerdo perfectamente, estaba sentada en el pupitre de adelante rodeada de mis amigas. Era la clase de literatura, mi favorita. Suavita, la profesora, era una joven de admirar porque a pesar de sus años dominaba a la perfección su materia. Ella con su clase me empezó a influenciar y a orientar en el camino de escribir, o tratar de hacerlo de la mejor manera posible.

Como era usual en un colegio femenino, las clases eran largas y tediosas, pero esa era la que me encantaba. Ese día, la profesora empezó a dictar la clase y a explicarnos qué temas íbamos a tratar. Nos dijo: “Van a leer La metamorfosis de Franz Kafka”.

La clase continuó, pero yo me quedé pensando en el libro. Al llegar a mi casa empecé a buscar información sobre usted Sr. Kafka y sobre su libro. Supe que usted era de origen judío, que su literatura influenció a grandes escritores como Albert Camus, Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez, y a mí, que intento aprender a escribir.

Al empezar a leer el libro se me hizo algo confuso y tenía que releer para comprender y luego poder interpretar. Lo leía en las tardes luego de hacer tareas de química, cálculo, religión, entre otras. Me intrigaba mucho saber qué pasaba y cómo iba a terminar Samsa. Pero debía seguir con mi rutina.

En la siguiente clase comencé a comentar el libro con Suavita, hablamos sobre el trabajo de Samsa, su transformación, su profesión, el responsable de sus padres y su hermana y la confrontación interna con su nueva aspecto. La profesora también había mencionado que debíamos hacer un ensayo sobre el libro. En nuestra conversación me dijo que lo podía enfocar hacia la cosificación.

¿Cosificación?, ¿qué es eso?, ¿esa palabra existe?, ¿a qué hace referencia? Me llené de preguntas que en ese momento no tenían mucha respuesta. La miré con cara de confusión y ella con paciencia me dijo: “la cosificación del hombre es anular su existencia para convertirlo en una cosa”. Esas palabras fueron contundentes y me dejaron pensando en eso toda la tarde.

Al llegar a mi casa, dejé de lado las rutinarias tareas y retomé la lectura del libro. Me imaginaba en la situación que enfrentaba Gregorio Samsa y cómo sería un día despertarme y estar convertida en una criatura extraña, ¿cómo reaccionaría mi familia?, ¿me podría aceptar estando así?, ¿mi mundo cambiaría al nivel en que le cambió a él? Eran muchas preguntas, seguía pasando las páginas y sentía tristeza por Samsa, esa soledad que lo invadió, esa impotencia al sentir que ya no era útil para la sociedad y, especialmente, para su familia.

Al tratar de entender la situación de Samsa tuve que empezar a relacionar el libro con la cosificación y ahí mis cuestionamientos empezaron a tener respuestas. El panorama se me abrió. La alienación, el consumo, el capitalismo, la sociedad y, claramente, la cosificación, fueron palabras que se metieron en mi cabeza.

Empecé a entender cómo funcionaba la sociedad en la que vivo y el papel que jugamos los sujetos que, a decir verdad, no es para destacar.

El nivel de cosificación en el que estamos inmersos Sr. Kafka es impresionante. Lo que me hace preguntarme cómo a pesar de saber esto, también estoy cosificada. Aunque la respuesta no es tan difícil, es complicado salir de este sistema que nos gobierna.

Estamos atados y anclados a un esquema globalizado, a un aparato inteligente, a la monotonía, a una relación, a un trabajo, a la moda, a una tendencia y a un sinfín de cosas que nos convierten en cosas. Pero así, creemos tener el amor, la tranquilidad, el dinero, la felicidad. Pero todo eso que adquirimos ¿a qué precio lo obtenemos?, ¿qué tanto de nosotros perdemos para obtener esto?

Llegamos al punto de perder lo valioso, nuestra esencia, perdernos a nosotros. Tal vez por miedo a sentirnos como Samsa, aislados y rechazados. Un actor mexicano que era apenas un niño cuando usted escribia y guardaba en un cajón sus manuscritos. Él, con humor y lucha, intentaba hacernos caer en cuenta de nuestra cosificación, y dijo alguna vez “la humanidad se enfrenta a su misma humanidad”, pues día a día avanzamos científica y tecnológicamente pero nos convertimos en hombres inmorales, nos dejamos cosificar, es decir, anulamos nuestra existencia convirtiéndonos en cosas que sirven para beneficio de otros.

Le agradezco Sr. Kafka porque La metaformosis y usted me marcaron y esa tarde, haciendo un ensayo para el colegio, entendí que nuestra existencia está tan nula como nuestras ganas de salir de ahí. Preferimos seguir a las masas que encontrar la libertad y el sentido de nuestra existencia.