Bienalsur 2017

La biodiversidad del arte

En la confitería del que era el zoológico de Buenos Aires, la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur inauguró una muestra sobre biodiversidad.

La Bienal se realiza de forma alterna en 32 ciudades de 16 países. / Cortesía

La inmensa jaula de 18 hectáreas, en la que habitaban casi 1.300 animales entre osos hormigueros, hipopótamos, pumas, canguros, leones, camellos, jirafas, y que era conocida como el Zoo de Buenos Aires, cerró sus puertas el pasado 1° de septiembre para convertirse en un ecoparque.

Atrás quedó ese espacio creado hace más de 140 años, en el que los animales eran vistos como una pieza de exhibición. Mientras se realizan las obras que tienen como objetivo devolver cada especie a su hábitat natural, crear más espacios verdes y recuperar edificios de valor histórico, la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur (Bienalsur) abre las puertas de la quinta sede del Museo Nacional de la Universidad del Tres de Febrero (Muntref) — kilómetro 5,5 de la cartografía de la Bienal —, en la antigua Confitería El Águila, en el Zoo.

El que antes era un establecimiento al que se entraba para tomar un café y comer algunos pasteles, se ha transformado en una sala de exhibición de arte contemporáneo. Desde la entrada cuatro pantallas reciben al espectador, muestras del trabajo de Christian Boltanski (Francia), Angelika Markul (Polonia), Charly Nijensohn (Argentina) y Eduarno Srur (Brasil) presentan una reflexión sobre la mirada de cada uno de los artistas sobre el paisaje y cómo la contaminación, el calentamiento global y todas las afectaciones del medio ambiente están impactando directamente sobre lo que conocemos.

Huellas en el paisaje, procesos artísticos.

“Nosotros buscamos instalar Bienalsur en distintos espacios de las 32 ciudades del mundo en las que estamos. Este es un proyecto que hace de cada espacio un centro de producción y de visión. En el caso de esta nueva sede del Muntref, nos comprometimos a hacer una restauración patrimonial de un edificio que había estado abandonado por más de diez años y llevar adelante un programa de arte contemporáneo destinado a la biodiversidad”, explica la curadora de las exposiciones, Diana Wechsler.

La muestra Huellas en el paisaje es el resultado de reunir en una misma sala la obra que Boltanski realizó en la Bahía Bustamante (Chubut, Patagonia Argentina) para captar el sonido a través de dispositivos que se activaran con el viento y así crear un diálogo con las ballenas. El de Markul es toda una reflexión visual que se desarrolla en Perito Moreno (Patagonia argentina) en torno a la historia de esas masas de hielo, o glaciares, que se están perdiendo. El de Nijensohn transcurre en el Salar de Uyuni (Bolivia) para cuestionar la posición del hombre ante la inmensidad de la naturaleza y Srur es un llamado de atención sobre la contaminación del agua y la necesidad de conservar este recurso.

En la parte de atrás del primer piso se proyectan sobre las paredes imágenes de Buenos Aires. La ciudad es vista a través de siete ventanas de lugares emblemáticos como: Aeroparque, la u-sina del Arte, la Casa de Gobierno o Casa Rosada, el Hotel de Inmigrantes, el CCK y una de las ventanas de la confitería El Águila. La videoinstalación Ventanas del tiempo,de Walter Riedweg (Suiza) y Mauricio Dias (Brasil), es una reflexión sobre la noción de tiempo en la contemporaneidad. Por medio de  una cámara fija grabaron todo lo que puede ocurrir en un mismo lugar durante 24 horas, esas secuencias de imágenes después fueron intervenidas por los artistas para acelerar ese transcurrir y con ello presentar un mirada a esa dimensión en la que se puede viajar entre el pasado y el presente.

Ventanas del tiempo,de Walter Riedweg (Suiza) y Mauricio Dias (Brasil)

Los ruidos que salen de las escaleras que conducen al segundo piso son interferencias ocasionadas por los radios que están en las paredes, las plantas que cuelgan del techo están conectadas a dispositivos que miden su humedad. Esta es una bioinstalación sonora con la que Gabriela Munguía y Guadalupe Chávez, del Colectivo Electrobiota de México, quieren crear una especie de comunicación interespecies. “Ser sensibles a aquello que se oculta bajo las raíces de las plantas abre una puerta para aproximarnos a lo que significa estar interconectados e interdependientes con otras especies. Apelamos a que comprender la relación interespecies construye conocimiento, desestabiliza la centralidad del lenguaje, la conciencia y el aprendizaje. Así, este proyecto imagina este microterritorio vivo, poroso, entramado, interconectado, amorfo y colonizado por raíces e infinitas comunidades de especies y géneros microbianos como un territorio y herramienta de creación y expresión de lo vivo”, señalan las artistas.

En la segunda planta se observan en la sala nueve televisores análogos, ocho están de forma vertical y haciendo un circulo, uno está en una esquina; en sus pantallas se observan imágenes de la selva colombiana. El artista británico Freddy Dewey Mathew muestra en su instalación, El encanto, las diferentes formas de intervención sufridas por la selva, sus habitantes y especies, es una reflexión de a la explotación de caucho a través del territorio amazónico del departamento del Putumayo.

En una sala alterna se encuentra la videoinstalación Amazonia, de Fátima Rodríguez, en la que expone cómo la naturaleza se ha apoderado de un edificio de hormigón pensado para una universidad, todo quedó atrapado en medio de la selva y los sonidos que se concentran en la pequeña sala son tan fuertes que pueden trasladar al espectador a ese lugar.

“Quisimos instalar en este espacio preocupaciones por la conservación ambiental y toda la relación que hay entre las producciones culturales y sociales. Creemos que el arte es capaz de representar los problemas más difíciles de los que no tenemos conciencia”, afirma Diana Wechsler.

El recorrido por la nueva sede del Muntref se cierra de manera contundente con el video del artista mexicano Balam Bartolomé Sistema (2013), en el que una imagen de la naturaleza es acompañada por el discurso de Diego Rivera de 1944 sobre la necesidad biológica del arte. Esta es una reflexión sobre la necesidad de la expresión artística en la vida y un llamado al hombre sobre la naturaleza. Porque, como lo decía Rivera: “(…) El papel del artista en la sociedad, biológicamente, es un papel de nutridor, proporcionador de alimento; así como el campesino proporciona alimento para el aparato digestivo, (…) el artista proporciona alimento para el sistema nervioso (…) En realidad el arte, puesto que es una actividad esencial para la vida humana, no puede ser ni es privilegio de unos cuantos”.

*La muestra estará hasta diciembre de este año como parte de la Bienal, que se realiza de forma alterna en 32 ciudades de 16 países. Entrada libre.