Entrevista a Vicente Molina Foix

La curiosidad de seguir con vida

Vicente Molina Foix es un escritor español que ha dirigido dos películas y explorado varios registros de la literatura como la poesía, la narrativa y el teatro; además, ha escrito obras para cine y colaboró como ayudante de dirección del cineasta Jesús Franco.

Cortesía Juan Felipe Vásquez

El amor puede experimentar metamorfosis de diversa índole, superando barreras de todo tipo y marcando su propio paso, tan intenso y tenaz. Entonces, los amigos pueden pasar a ser más que amigos, y los amantes pueden llegar, incluso, a idolatrarse u odiarse, dependiendo del caso. El amor no es un sentimiento estático, se mueve continuamente, va de aquí para allá, como los escritores, nunca están quietos, nunca están conformes, eso los hace seguir escribiendo.

Vicente Molina Foix es un escritor español nacido en Elche hacia el año de 1946; ha dirigido dos películas y explorado varios registros de la literatura como la poesía, la narrativa y el teatro; además, ha escrito obras para cine y colaboró como ayudante de dirección del cineasta Jesús Franco. En 1970 se le incluyó en la histórica antología Los nueve novísimos poetas españoles dirigida por el crítico José María Castellet y publicada en Barcelona; al interior de dicha antología figuraban también los nombres de autores como Manuel Vásquez Montalbán, Félix de Azúa, Leopoldo María Panero y Ana María Moix (hermana del escritor Terenci Moix). Muchos de ellos, herederos del trabajo literario que consolidó a Juan Benet como uno de los escritores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX en España, y del que Molina Foix es amplio conocedor.

Ha escrito más de una veintena de libros a lo largo de una carrera exitosa que está cerca de cumplir los 50 años. Entre sus títulos más destacados se encuentran Los espías del realista (1970), Museo provincial de los horrores (1970), Busto (1973), que le mereció el Premio Barral en el mismo año de su publicación; La comunión de los atletas (1979), Los padres viudos (1984), título ganador del Premio Azorín 1983; La quincena soviética (1988), galardonado con el Premio Herralde de Novela en el mismo año; El cine de las sábanas húmedas (2007), El abrecartas (2010), libro ganador de tres premios: el Premio Salambó 2006, el Premio Arcebispo Juan de San Clemente 2007 y el Premio Nacional de Narrativa 2007; El hombre que vendió su propia cama (2011), El invitado amargo (2014), en coautoría con Luis Cremades, y El joven sin alma. Novela romántica (2017).

Con motivo de la presentación de sus dos novelas más recientes y ante su designación como miembro del jurado del Premio Hispanoaméricano de Cuento Gabriel García Márquez 2017, el autor español visitó Colombia y compartió con algunos de sus lectores en la sede norte de la Librería Lerner y en la siempre acogedora librería Casa Tomada. El Grupo Penta, encargado de organizar la agenda de Molina Foix, estableció distintos espacios para que la prensa pudiera acceder a hablar con el autor. Así pues, logré entrevistar a uno de los escritores más prolíficos de la literatura española contemporánea, compartir con él en más de una ocasión y confirmar que las letras nos permiten llegar a los verdaderos amigos.

Vicente, ¿cuál fue la primera película que viste?

¡Uy! Qué pregunta difícil (risas). Te podría contestar cuál es la primera película de la que tengo recuerdo y que me impactó. Se trata de un filme americano que, luego de unos años he conseguido ver de nuevo gracias al DVD; se llama Los 5.000 dedos del Doctor T (1953). Era una película fantástica, un poco infantil, pero muy misteriosa.

Tengo otro recuerdo de un tiempo más reciente, pero aún en el colegio, debía tener 14 o 15 años. En un cine de verano vi una película muy famosa de François Truffaut: Los 400 golpes (1959). Es la primera película que me dio a entender que en el cine, aparte de la maravilla, la imagen o los colores, existía la posibilidad de contar unas historias que tenían una base emocional impactante. Yo, al principio, lo veía de una manera más superficial, como es propio de la infancia, pero confirmé después que con esa película me estaba haciendo un poco más maduro.

¿Cómo fue el primer acercamiento con el cine y, de qué manera se vincula con tu última novela?

“El joven sin alma. Novela romántica” es un libro en el que el cine juega un papel fundamental. Es la historia de un muchacho que se llama Vicente Molina, que soy yo y no soy yo. Es un personaje para quien el cine supone un descubrimiento de mundo. Él, junto a unos amigos, forma el Grupo de los 6; son unos jóvenes que se conocieron a través de una revista de cine. La revista existió, los jóvenes existieron. Yo les conocí a través de algunas reseñas de películas que se hacían en esa revista. Algunos vivían en Barcelona, otros en Madrid… Finalmente, el libro es una fábula, un invento, una novela. No se trata de una crónica o una biografía de nadie. Entonces, de alguna manera, ahí se demuestra hasta qué punto el cine fue para mi generación una base de descubrimientos no solo estéticos sino vitales y muy importantes.

¿A qué le llamamos “buen cine” y por qué?

El buen cine es aquel que aspira a un equilibrio muy difícil, ciertamente, entre lo que se hace como parte de un medio de expresión masivo… Ahora, esto ha cambiado porque tú puedes ir a la calle con una pequeña cámara entre las manos y filmar una historia. Pero, yo hablo del cine en su estructura tradicional e histórica. En el cine ocurren muchas cosas, hay mucha gente que trabaja y hay detalles que son imponderables, yo lo sé porque he hecho dos películas. Y tengo que decir que más que cineasta, me considero como un escritor que ha hecho dos películas. Para considerarme cineasta tendría que haber dirigido tres o cuatro, entonces, aún no me veo como tal. Soy un gran apasionado del cine, en todos sus formatos. Desde hace diez años tengo una columna mensual en la revista Letras Libres, ahí hablo de cine, evidentemente. Luego, he hecho otras cosas al respecto, algunas estupendas, arriesgadísimas, claro está. Entonces, el cine para mí, el que me gusta, aspira a tener la misma condición de expresión artística que logran la novela o el teatro. La gente suele comparar las adaptaciones cinematográficas con los libros originales, yo no estoy de acuerdo en eso porque no hay punto de comparación. El cine ha producido grandes obras maestras y apenas tiene menos de 200 años de existencia; en cambio, la literatura existe casi desde el inicio mismo de la humanidad. De manera que, disfruto de las películas que tratan al espectador como una buena novela o un buen poema trata al lector. No va únicamente de la vieja idea de la fábrica de sueños, la evasión de la realidad… Eso es válido, pero también interesa un tipo de cine que te inquiete, te turbe, te desestabilice y te saque de aquello que tú ya conoces; es decir, para mí una buena película tiene la misma contundencia artística que una gran novela o un gran poema.

¿Cuál es el panorama actual del cine español? ¿Qué es lo que más te genera admiración o qué te preocupa?

No me preocupa nada en ese aspecto. Me preocupan más los problemas industriales y la piratería de las películas que, en España, es bastante grande. El talento existe y, al lado de los grandes cineastas ya clásicos como Almodóvar, hay gente que está trabajando muy bien y cada vez van surgiendo más. Se siguen haciendo grandes películas.

En cuanto a literatura, ¿cómo están las cosas en España?

Hay muchos autores interesantes que están proponiendo nuevas cosas. Creo que en España se está pasando por un buen momento literario. Algunos autores están explorando los terrenos de la novela histórica y les va muy bien, pero confieso que no soy muy buen lector de este tipo de historias. No es mi fuerte. También hay autores que se van consolidando como Javier Marías o Ray Loriga que, recientemente, ha ganado el Premio Alfaguara de Novela.

¿Qué opinión te merecen los autores colombianos que han llegado a tu mesa?

Uno siempre se olvida de varios, y dejando de lado a los clásicos como García Márquez, Álvaro Mutis o José Asunción Silva, me llegan a la memoria los nombres de Juan Cárdenas, Antonio Ungar, Juan Gabriel Vásquez, que son autores a los que he leído con gran placer. Espero, en este viaje, descubrir nuevos autores colombianos que, por alguna razón, o no han llegado a España, o no han llegado a mí.

Cambiando un poco de tema, debo preguntar por la situación de España y Cataluña. ¿Qué es lo que viene?

No me gusta hablar de eso, es un tema que nos desvía mucho de la literatura. Solo diré que estoy horrorizado con esto que ha pasado, es una especie de locura colectiva que surge de una parte importante de Cataluña, pero minoritaria. Más allá de eso, y teniendo en cuenta que la situación está cambiando cada día, lo que se diga hoy, mañana será obsoleto. Entonces, prefiero quedarme en eso. Es un proceso de alucinación colectiva, guiado por unos políticos mentirosos, en el que espero que se vea la verdad en algún momento, que entre las dos partes que se enfrentan pues, desaparezca todo tipo de desacuerdo.

Volviendo a tu último libro, ¿cómo se vive aquí la metamorfosis del amor?

Se vive con sorpresa y gusto. Cuando alguien, como protagonista de esta novela, ha sido bastante ingenuo y descubre que hay otras posibilidades y formas de amar que nunca se había planteado, pues se entrega a ellas porque, hay algo importante en el personaje y es la curiosidad, lo que le permite abrirse a nuevas experiencias, cambiar de ideología, conocer nuevos escritores y vivir de cerca lo que conciben los franceses en materia cultural, mientras que en España se está viviendo bajo el régimen dictatorial de Franco y la juventud crece falta de libertad. Todo eso es lo que se retrata en el libro, está lleno de metamorfosis. De hecho, las primeras líneas son un parafraseo del arranque de Las metamorfosis de Ovidio.

¿No tiene alma este personaje?

He escrito el libro y es lo que es. Los primeros lectores y críticos me han escrito que sí tiene alma. El título no hace alusión, únicamente, a la ausencia del alma. Este personaje está viviendo en un contexto romántico, todo el tiempo está enamorándose y suicidándose en nombre del amor. El joven sin alma ha descubierto que el amor requiere de mucha entrega y él no está listo para tal compromiso.

Vicente, ¿has aprendido a amar?

Es una pregunta difícil. Podría decir que sí. He amado al menos una vez. El amor es atemporal, no pierdo la esperanza de volverlo a encontrar. García Márquez tiene una novela que habla sobre eso, precisamente. La crónica de ese amor verdadero que experimenté, pues, está escrita también, de eso va El invitado amargo.

¿Qué es lo que más disfrutas de la vida?

La curiosidad. No la he perdido aún. Sigo siendo un espectador, lector, viajero y amador. La curiosidad me mantiene vivo. No he perdido el ansia de conocer, de descubrir, de leer y ver películas, de disfrutar de la gente.

Con tal de no morir, ¿qué hacer?

Vivir al máximo porque la vida es traidora. Miro para atrás y entiendo que hoy tengo más años que algunos de los que me han marcado en lo más hondo, y ya varios se han ido. Así que, a mi edad ya he logrado superar la etapa de muerte de muchos de ellos. Eso es algo que da consuelo.

 

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