Exposición

Beatriz en retrospectiva

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En el Museo de Arte Miguel Urrutia, del Banco de la República, se presenta “Beatriz González: una retrospectiva”, una exposición que abarca cronológicamente los matices de la producción artística de una de las artistas más importantes del arte colombiano.

Visitar la retrospectiva de la maestra es descubrir el poder del arte a través de su historia, sus formas, sus colores y el contexto en el que una obra de arte se desenvuelve, lo que se vislumbra en más de cincuenta años de hechos colombianos que se desprenden de su extenuante carrera. Las tonalidades de esta artista comprometida con sus óleos y pinceles, llenos de matices de lo popular, de la figuración y de las realidades de su país, se presentan en una investigación de más de cinco años por parte de Mari Carmen Ramírez, Directora del Departamento de Arte Latinoamericano del Museum of Fine Arts de Houston (MFAH); y Tobías Ostrander, Curador jefe y Subdirector de Asuntos de Curaduría en el Perez Art Museum de Miami (PAMM).

“Es interesante ver la obra de Beatriz González dentro de diálogos desde el contexto colombiano conectado internacionalmente con temas relacionados con el pop, el conceptualismo y el post modernismo”, explica Tobías Ostrander sobre lo que lo impulsó para iniciar este proyecto, esa visibilidad de la obra de González en un contexto internacional en exposiciones como ‘The world goes pop’ (2015) en el Tate Modern de Londres, ‘Transmissions: Art in Eastern Europe and Latin America, 1960-1980’ (2015) en el MoMA de Nueva York y en eventos como ‘Documenta 14’ (2017) en Alemania, entre muchas otra exhibiciones en las que su obra destaca por su originalidad y conexión con la identidad colombiana.

Esta muestra está organizada cronológicamente y en su montaje se permiten ver los matices de la artista. Antes de presentarse en el MAMU, la muestra estuvo en el Museum of Fine Arts de Houston (MFAH) y el Pérez Art Museum de Miami (PAMM) en 2019, con lo que manifiesta Ostrander: “para nosotros fue importante introducir al público norteamericano a la compleja obra de González”. Ahora en Colombia promete conectar con esa identidad y revivir épocas de la historia local, mientras se logran divisar en elementos de dimensiones variadas los trazos de esta maestra de la historia del arte.

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El recorrido inicia con el ‘Telón de la móvil y cambiante naturaleza’ (1978) hecha con una carpa de circo como una gran cortina en la que González representa su versión de ‘Almuerzo sobre la hierba’ de Édouard Manet, inspirado en la transformación de este tipo de obras de arte universal a su llegada a territorio colombiano en los setenta. Esta obra ubica al espectador en la etapa inicial de la artista en la primera sala del museo, con pinturas de figuras abstractas de los años sesenta inspiradas en el arte universal “transformado” y que en los setenta se convierten en pinturas más figurativas con colores fuertes que evocan una cultura popular.

La segunda parte lleva al visitante a conocer obras con este tinte popular. Beatriz González mantiene su atención en la estética de imágenes del taller popular de Cali Gráficas Molinari, le llaman la atención sus colores, figuras religiosas y personajes populares que ella reproduce en muebles de la cotidianidad colombiana. Obras como ‘Nací en Florencia y tenía veintiséis años cuando fue pintado mi retrato (esta frase pronunciada en voz dulce y baja)’ (1975), inspirado en la obra de Leonardo Da Vinci ‘La gioconda’, plasmado en un perchero de madera, o la icónica imagen de las cajas de pasas en una bandeja metálica, ambas hechas en pintura esmaltada y tonalidades inspiradas en los colores de los edificios de la ciudad de Bucaramanga.

En otro momento de la muestra se presentan obras con tinte político y de pertinencia nacional. “En los ochentas con el presidente Turbay hay este cambio en su obra, ella estaba muy interesada en él y su fascinación por los medios y su propia imagen. Comenzó a dibujar imágenes de él tomadas en los periódicos y se pensó como su pintora de corte, tal cual sucedía con el pintor Francisco de Goya y sus retratos de Carlos IV”, dice Ostrander. Una de las obras claves de la muestra y que origina una etapa importante de la maestra en los ochenta es ‘Decoración de interiores’ (1981), una serigrafía en tela en cortinas con la imagen del presidente Turbay y su familia en celebración.

En 1985 con la toma del Palacio de Justicia, González ve errónea la idea de mantener en sus obras ese humor en sus pinturas de tonalidades intensas y brillantes, es así que comienza a explorar tonos azules y grises en figuras planas. La ironía en un país patas arriba con el poder de la ignorancia del gobernante de turno, se transmuta en el dolor de las víctimas del mismo, ocasionando en la obra de González un cambio radical que va desde los formatos y tonalidades, hasta las temáticas abordadas por la artista.

“Estas obras son un testimonio de su propósito de “documentar” realidades al margen, mediante un lenguaje artístico único que incluye su percepción poética, su intuición y su ojo crítico”, dice Carolina Ponce de León en el ensayo Beatriz González: la historia extensa de Colombia (1991). Las obras con un tono político y de denuncia aparecen entre siluetas y figuras recicladas en sus pinturas. En ‘Las delicias’ (1997), inspirada en las fotografías de las madres de los militares que fueron asesinados y secuestrados en la toma de la base militar Las Delicias en 1996, González pretende plasmar el sufrimiento a través de rostros en llanto. Al final de la muestra ‘Zulia Zulia Zulia’ (2017), una cenefa que representa las siluetas de los inmigrantes que diariamente salen en los periódicos y que para los lectores son anónimos.

“Beatriz estaba muy interesada en esta idea de la cronología de la exposición y cabe recordar que ella también es historiadora de arte y curadora, conoce la estructura de las exposiciones, por eso el peso histórico de su obra es muy consciente de eso”, explica el curador. Beatriz González a través de sus obras nos da cátedra sobre arte, sobre historia y sobre la posición de la cultura en Colombia; logra despertar nuestros sentidos hacia lo incómodo, lo poco agraciado y en ocasiones extravagante, para así mismo cuestionar una imagen y deleitarla en sus formas y colores.

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