Entre líneas

La gravedad y otras sustancias

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Si las ideas, o las sustancias, pudieran convertirse en formas visibles, quizá la felicidad sería una esfera roja; la realidad, una línea libre y solitaria; los recuerdos, una imagen borrosa. Así lo sugiere el libro La gravedad y otras sustancias, del artista Daniel Liévano, recién publicado por la editorial Casa Tinta y merecedor de la medalla de oro de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York.

Si las ideas, o las sustancias, pudieran convertirse en formas visibles, quizá la felicidad sería una esfera roja; la realidad, una línea libre y solitaria; los recuerdos, una imagen borrosa. Así lo sugiere el libro La gravedad y otras sustancias, del artista Daniel Liévano, recién publicado por la editorial Casa Tinta y merecedor de la medalla de oro de la Sociedad de Ilustradores de Nueva York.

Esta obra es “una pequeña selección de contemplaciones ilustradas (…) un libro de signos que acortan la brecha interminable entre las palabras y las imágenes”. También se puede decir que es un cómic que combina líneas, puntos, colores, conceptos abstractos… todo para contar un relato: la historia de ciertas ideas de la humanidad como la felicidad, los recuerdos, la realidad, los sueños y la gravedad. Es un libro que filosofa o medita sobre las causas y las consecuencias de estas a las que el autor llama sustancias.

“De todas las sustancias que hay en el mundo… es quizá la felicidad la más famosa. Todos la prefieren a ella, incluso por encima de la verdad”, escribe el artista bogotano, a la vez que representa esta felicidad con una esfera roja que llegó de otro planeta y que podemos abrazar, como si fuésemos una espiral, para guardar la memoria de lo que fue. Es un romance de formas.

El autor revisita lo que solemos decir para explicar lo inexplicable, como la imagen distorsionada que tienen los recuerdos, su naturaleza incompleta y, en parte, ficticia. ¿Cómo representar eso? Quizá con la colorida llama de una cerilla y su evanescencia: “Como en un mito donde no son las personas quienes resucitan, sino los momentos”. A su vez, la realidad podría materializarse como líneas. Cada línea es un punto de vista y, varias, conforman un entramado en el que siempre queda un espacio, un vacío. Lo que no se muestra en estas imágenes es lo que el lector completa. O no. Siempre hay algo indecible… como la gravedad de los sentimientos: “Un cuerpo con un sentimiento muy grande distorsiona su realidad y la de otro cuerpo (…). Gracias a los sentimientos que heredamos la historia de la vida”.

La gravedad y otras sustancias comienza con un poema de Fernando Pessoa, en el que se distinguen dos vidas: “La verdadera, que es la que soñamos/ en la infancia, y que continuamos soñando,/ adultos en un sustrato de niebla”. Así, los trazos de Liévano pueden ser un sueño, un juego de niños muy serio en el que nadie se muere y, aunque borroso, puede ser más verdadero que el mundo práctico y burocrático en donde no hay espacio para las ideas. *@julianadelaurel

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