"La historia de la novela es también la historia de la sensibilidad": Juan Cárdenas

El escritor Juan Cárdenas presentará “Volver a comer del árbol de la ciencia” en la Trigésimo segunda edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Juan Cárdenas, quien afirma que parte de sus influencias se encuentran en los textos de William Burroughs. Cortesía Planeta

No le gusta llamar la atención y prefiere caminar con la cabeza baja. Entiende muy bien que la labor de un escritor es escribir y no hablar sobre lo que escribe. Él no quiere ser un escritor aguacate, de esos que se maduran con páginas de periódico, sino ser el escritor que siempre debió ser, aunque ni siquiera él mismo sepa lo que eso significa.

Juan Cárdenas es uno de los autores colombianos más destacados del momento. En 2018 fue incluido en el listado de Bogotá39, que reconoce a los escritores de mayor proyección en el continente, menores de 40 años. Ha sido reconocido, además, con el Premio Otras voces, Otros Ámbitos (2014) y la mención de Casa de las Américas en el Premio José María Arguedas (2019). Entre sus obras más notables se encuentran Los estratos (2013), Ornamento (2015), y El diablo de las provincias (2017).

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En el año 2018, Planeta, a través de su sello Tusquets, publicó “Volver a comer del árbol de la ciencia”, un libro de cuentos en el que el autor ha logrado vincular la ensayística con la narrativa propia de la cuentística. Se trata de una serie de historias en las que los personajes buscan constantemente artefactos interestelares a las afueras de Popayán, que recorren trochas a medianoche, que reflexionan sobre los bananos y sus cualidades divinas, que hablan sobre Felisberto Hernández, sobre arte y literatura. Estos personajes oscilan entre lo que son y lo que han dejado de ser. La que aquí se presenta como ciencia no es más que otra palabra para hablar de lo inexplicable. Este libro es como un árbol, se menciona por ahí, y en su tronco reposa la palabra, esa que usamos para contarnos, pero sobre todo para pensarnos.

Teniendo en cuenta que "El diablo de las provincias" es uno de sus libros más destacados, ¿como autor pensaba que iba tener una recepción como la que ha tenido hasta el momento?

Este libro, como ha sucedido con mis novelas anteriores, ha ido encontrando sus lectores, gente que le agarra la vuelta a lo que estoy intentando hacer. Sé de antemano que serán poquitos, pero yo concibo mi trabajo como el de una banda de música independiente. No me interesa llenar estadios, ni hacer una literatura de factura industrial. Lo mío es pequeño, casi secreto, y altamente experimental -una palabra que últimamente me interesa rescatar del desprestigio en que había caído-. Quiero decir que me la paso probando cosas nuevas, sonidos que no sé de dónde vienen, del pasado o de la selva o de las industrias fantasmas, no sé.

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Los lectores lo conocen más por "Los estratos" que por sus otros libros, ¿cuál es la evolución que demuestra en uno y otro?

Los lectores de Colombia, en efecto, me conocen más por Los estratos. Fuera de Colombia no es así. De hecho, el libro que se está traduciendo más a otros idiomas y ha generado más eco ahí afuera es Ornamento, una novela donde se hace más evidente mi relación con Burroughs o Ballard y, por eso mismo, donde son más notorios los debates contemporáneos sobre la droga, la industria farmacéutica y la manipulación tecnológica del cuerpo. Me interesa hacer novelas que me permitan observar fenómenos de la vida de hoy para atisbar cómo será el futuro, pero no en el sentido tradicional de la ciencia ficción, sino a un nivel incluso de la percepción: cómo vamos a sentir, cómo vamos a oler, cómo vamos a recordar. La historia de la novela es también la historia del desarrollo de la sensibilidad.

¿Qué ha significado para usted poder hacer parte de un catálogo como el de la editorial Periférica? Estamos hablando de uno de los sellos de mayor proyección en la década.

Comparto catálogo con algunos de los mejores escritores y escritoras del continente. Julián Rodríguez y Paca Flórez han construido pacientemente ese lugar de encuentro y mis novelas no serían lo que son de haberse publicado en otro sello.   

¿Cómo ha sido todo después de haber sido seleccionado para integrar el segundo listado de Bogotá39?

Igual que antes. La lista no ha significado ningún cambio sustancial para mi carrera. Sigo siendo igual de invisible y, para ser sincero, me produce cierto alivio.

Su último libro, "Volver a comer del árbol de la ciencia", les ha permitido a los lectores acercarse a otra faceta suya como narrador ¿Cuál era su intención con este texto?

No creo que sea otra faceta mía como narrador. Es jugar a lo mismo en una cancha distinta, más pequeña, eso es todo. De todas formas, Volver a comer del árbol de la ciencia sí es un proyecto especial, producto de haber sometido al cuento y al ensayo a una presión que quizás acaba por destruir ambos géneros y hace aparecer un espacio intermedio, un territorio muy fino de indagación donde surgen nuevos pactos de verosimilitud. Me agrada mucho la idea de publicar un libro tan raro en una editorial grande. En cierto modo le devuelve el carácter de sello independiente a Tusquets. 

¿Qué es lo que le ve a la literatura? ¿Para qué escribe Juan Cárdenas?

Nadie lo sabe. 

¿Le quita o añade algo a su carrera hacerse de un palmarés rico en reconocimientos y premios? ¿Cómo convive el escritor con el éxito vaporoso?

Ningún premio ha mejorado o empeorado jamás una novela. Cualquier persona seria que se dedique a la literatura te dirá que los premios se agradecen porque prolongan la vida de los libros y, quizás, atraen más lectores, pero poco más. Pasan las semanas y ya nadie se acuerda del premio, ni de quién lo ganó. Eso del éxito es una reverenda pendejada, una pendejada neoliberal, además.

Usted es lector antes que autor, ¿qué libros lo han defraudado y cuáles considera imprescindibles?

Yo no hago listas de libros favoritos, mucho menos de libros odiados. Precisamente porque soy un lector. Y los lectores arman telarañas de sentido y de memoria, incluso con lo que no les gusta.