Es la primera película de superhéroes moderna protagonizada por una mujer

La importancia de la Mujer Maravilla

La película es una de las pocas apuestas del cine por la mujer, tanto a nivel de dirección, como a nivel de protagonismo.

La Mujer Maravilla le dice a las niñas que pueden ser fuertes, elegantes, sabias, admiradas y, por qué no, salvar el mundo. / Foto: Cortesía WB.

Una niña de siete años, vestida con zapatillas de ballet, medias blancas, un tutú azul lleno de estrellas blancas, una camiseta roja, una corona de guerrera y una capa, observa admirada un afiche de la Mujer Maravilla encarnada por Gal Gadot. “De esto se trata, ¿no?”, escribe el usuario que publicó esa imagen originalmente.

La fotografía se volvió viral porque le apunta al corazón de lo que ocurre esta semana con la llegada de La mujer maravilla —la nueva película del universo de superhéroes de DC Comics— a los cines de todo el mundo, incluida Colombia. No se trata solamente del nuevo producto en la industria multibillonaria de cintas inspiradas en cómics que año tras año sigue dominando las taquillas de los cines, pues es la primera que tiene de protagonista a una mujer. No sólo eso: también es la primera dirigida por una mujer, Patty Jenkins.

Desde que el Iron Man de Robert Downey Jr. empezó la producción frenética de películas de superhéroes, han pasado nueve años y entre Marvel y DC han estrenado 19 películas. Todas tuvieron como protagonistas a hombres. Todas, además, fueron dirigidas por hombres. La pregunta obligada es: ¿por qué? ¿Falta de interés de las mujeres? ¿Será que los superhéroes sólo atraen a los niños? ¿O es una cuestión de capacidades?

Contrario a lo que suele decirse en los rincones más oscuros de internet (también conocidos como secciones de comentarios), las mujeres no sólo van a cine a consumir comedias románticas. De hecho, según estudios en Estados Unidos, las mujeres van más a los teatros, año tras año, que los hombres (aunque, no sobra decirlo, los números son muy parejos). Y sí, su rol ha sido determinante en darle fuerza al fenómeno de los superhéroes. La audiencia de Guardianes de la galaxia 2, la más reciente producción de Marvel, fue un 56 % hombres y 44 % mujeres. Si se observa históricamente, esa cifra de mujeres aumenta cuando la protagonista es una mujer. En llamas, la segunda película de la serie de los Juegos del hambre, que recaudó 865 millones de dólares en todo el mundo y tuvo como protagonista a Katniss Everdeen, interpretada por Jennifer Lawrence, atrajo una audiencia conformada en 54 % por mujeres. En otras palabras, hay público, y dinero, para apoyar mujeres protagonistas.

Sin embargo, la desconfianza con las mujeres es generalizada. Mirando los protagonistas de las 100 películas que más plata hicieron en el 2016, impulsadas no en menor medida gracias a esfuerzos publicitarios y presupuestos masivos (es decir, a las que más les apostaron los estudios), sólo el 29 % eran mujeres, según el Centro para el Estudio de la Mujer en Televisión y Cine. Y el asunto empeora detrás de cámaras: de las 250 películas más taquilleras del año pasado, sólo el 7 % fueron dirigidas por mujeres.

No es un fenómeno, por cierto, que se limita al cine comercial. Sofía Coppola se acaba de convertir apenas en la segunda mujer en los 70 años de historia de Cannes en recibir el premio a mejor directora. Sólo una película dirigida por una mujer ha ganado la Palma de Oro, el premio más importante del certamen. Los Óscar tardaron 85 años en darle el premio de mejor directora a una mujer, Kathryn Bigelow, y desde entonces ninguna ha vuelto a ganar. En toda la historia, sólo cuatro mujeres han sido nominadas para el reconocimiento.

Una respuesta instintiva, pero errada, es que se trata de una cuestión de capacidades. ¿Será que las mujeres no pueden hacer películas tan buenas como los hombres? Por supuesto que no es eso: hay tantos ejemplos de buenas y malas películas dirigidas por mujeres, que compiten con sus contrapartes masculinas. No obstante, el prejuicio está muy difundido. En una entrevista reciente, la ganadora del Óscar Anne Hathaway confesó que se arrepiente de no haber confiado en directoras mujeres precisamente por ser mujeres. Hablando de Lone Scherfig, quien la dirigió en One day (2011), Hathaway dijo que “hasta el día de hoy me asusta que la razón por la que no confié en ella, de la manera en que sí lo hago con otros directores: es porque era una mujer. Tengo miedo de que la haya tratado con esa misoginia internalizada. Me asusta no haberle dado lo que ella necesitaba, porque me resistía a ella en cierto nivel”.

Sea cual sea la razón, y volviendo a los superhéroes, lo claro es que hay una ausencia de oportunidades. Los estudios tienen pánico de apostar por las mujeres. Y eso es una lástima, porque están privando al mundo de nuevas miradas, otras formas de contar las historias, referentes culturales distintos.

Uno de los personajes más famosos en el universo cinematográfico de Marvel es La Viuda Negra, interpretada por Scarlett Johansson. Sin embargo, además de que no ha tenido su propia película (pese a que Johansson demostró su poderío en taquilla con los 463 millones de dólares que recaudó con Lucy), su historia está contada con un claro ojo masculino. La primera vez que la vemos se presenta al misógino en rehabilitación de Tony Stark, que la observa como un objeto. Los trajes ajustados y su sensualidad son usados como armas por La Viuda, lo que está bien —las mujeres pueden expresar y utilizar su sexualidad como se les antoje—, ¿pero cuántas veces hemos visto al mismo personaje, la femme fatale, y qué otras representaciones de mujeres no llegan a la pantalla por no dejar que sean las mujeres las que las escriban?

Jessica Chastain, nominada en dos ocasiones al Óscar y jurada de la edición de este año de Cannes, dijo hace poco que “si tenemos mujeres contando las historias, también vamos a tener personajes femeninos mucho más auténticos”. Es apenas lógico.

Hablando de superhéroes y de esas historias gigantes que dominan la imaginación de los niños y forman parte esencial en la construcción de las identidades culturales, de aquello a lo que aspiramos a ser, esa diversidad de representaciones cobra especial relevancia. Y no sólo en cuestión de género. Star Wars introdujo el primer soldado de asalto —stormtropper— de origen afro en El despertar de la fuerza. Rogue one, además de tener una protagonista femenina (Felicity Jones), contó con el primer personaje latino (Diego Luna) en ese universo. El resultado es que más personas en el mundo pueden tener héroes que se parecen a ellos. El símbolo es poderoso: cualquiera, sin importar su género, su raza o su orientación sexual, puede salvar el universo.

Pero Gal Gadot lo dice mejor: “La Mujer Maravilla es importante para todo el mundo. Primero, lo es para todas las niñas que pueden verla y sentirse inspiradas a ser fuertes e independientes y sofisticadas y mujeres fuertes cuando crezcan. Y para los niños, porque pueden aprender a respetar y admirar a las mujeres”. Escúchenla. Y véanla. Todo Hollywood está pendiente de cómo le va la Mujer Maravilla.

@jkrincon